Cientos de miles de jóvenes llenaron la plaza de Cibeles. Benedicto XVI llega mañana a España.
Rouco Varela advirtió a los jóvenes “con raíces existenciales debilitadas” por “un rampante relativismo espiritual y moral”, que están siendo “poderosamente tentados” para alejarse del catolicismo. La eucaristía estuvo dedicada a la memoria de Juan Pablo II y fue mostrada una reliquia con sangre del beato. Ocho mil sacerdotes que dieron la comunión a los fieles y 800 cardenales y obispos, concelebraron la misa con el arzobispo Rouco Varela. Banderas de muchos países, algunas de la Argentina, ondearon durante la ceremonia en medio del entusiasmo de los jóvenes peregrinos.
El Papa visitará Madrid como “un líder espiritual y no como un jefe de Estado”, aclaró su portavoz, el padre Federico Lombardi en Roma. Pero todos saben que hay un importante costado de política interna española en el viaje de Benedicto XVI, además del objetivo principal de la Jornada Mundial. Más de 60 mil latinoamericanos están presentes, en una anticipación de la próxima 28 JMJ en Río de Janeiro en 2013, con un año de anticipación para que no coincida con el Mundial de Fútbol de 2014. Será la segunda vez que la Jornada se organiza en nuestra región, después de la de Buenos Aires, en 1987.
Diez mil pullmans trasladaron ayer desde el interior de España a decenas de miles de peregrinos que habían sido distribuidos en otras ciudades y localidades y que ahora alojarán en casi 700 espacios públicos y 800 privados , mientras la ciudad de 5 millones de habitantes con sus suburbios, que está medio vacía en el principal mes de las vacaciones, ha quedado prácticamente cortada en varias partes para garantizar los desplazamientos y la seguridad del Papa y los peregrinos.
El centro de Madrid, siempre tan animado por el tránsito, es recorrido solo por legiones de jóvenes peregrinos, entre los cuales se estima que habrá en los próximos días unos 10 mil argentinos. La ciudad ha sido embanderada con los colores vaticanos y de muchos países. Madrid ha ganado un nuevo colorido y sonidos con las camisetas y los sombreros de explorador de los jóvenes, sus mochilas multicolores y sus canciones contagiosas en todos los idiomas del planeta.
Para la Iglesia este es un momento triunfal. El Papa dijo hace unos días que está “alegre” y que espera que en la JMJ “se cosechen abundantes frutos para la vida cristiana”. No fue una frase de circunstancias. La Iglesia ha logrado demostrar que la Jornada es para la Iglesia un patrimonio extraordinario de evangelización de los jóvenes. “Nadie fuera del Papa es capaz en el mundo de convocar a un millón de jóvenes”, dijo el cardenal Rouco Varela. El “viaje de la fe”, como lo llaman los mismos jóvenes cuya edad promedio en el encuentro multitudinario de Madrid es de 22 años y que pertenecen a 193 países, demuestra que la pedagogía de la Jornada funciona, que es un gran semillero de vocaciones para la Iglesia, que tiene crecientes problemas de pérdida de sacerdotes en el mundo.
Para Benedicto XVI, la Jornada Mundial de la Juventud es ante todo “una inmensa catequesis ” para conocer la fe cristiana. Los 450 mil peregrinos inscriptos (que serán solo la tercera parte de los que acudirán a los encuentros religiosos campales, según esperan los organizadores), han recibido un libro en regalo del Papa, que escribió el prólogo. La Iglesia espera que “YoutCat”, un título que abrevia en inglés el Catecismo para los Jóvenes, se convierta en el “principal instrumento de la Nueva Evangelización”.
La visita de Benedicto XVI tendrá otros tres momentos culminantes. El viernes por la noche el Papa hará las catorce estaciones del Calvario y el sábado el pontífice vivirá en el aeródromo los Cuatros Vientos la víspera de la misa del domingo.


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