Multitudinaria fiesta en el desierto por la Virgen

Multitudinaria fiesta en el desierto por la Virgen
El pueblo ubicado en el secano, a 90 km de la capital provincial, congregó a más de 25.000 personas durante el fin de semana. Hoy se realizarán destrezas criollas.

El invierno en la mayoría de las zonas del secano tiene dos caras: la gélida que roe hasta los huesos (y más) y la cálida, que lleva hasta al más valiente a buscar el resguardo de una sombra salvadora.

En un escenario mucho más cercano a la segunda de las facetas, la comunidad lavallina celebra desde el jueves y hasta hoy una nueva edición de la Fiesta de la Asunción, en honor a la Virgen del Tránsito.

Más allá de que el calendario de actividades nuclea todos los días del fin de semana largo, durante la jornada de ayer tuvieron lugar las celebraciones más importantes, destacándose la procesión por las pintorescas calles de tierra del pueblo en la que se trasladó a las dos figuras de la Virgen y de la que participó una multitud.

Puestos de comidas tradicionales, de artesanías, misas y bautismos y exhibiciones de destrezas a caballo y jineteadas fueron algunos otros de los condimentos de un domingo tan característico como especial en la localidad ubicada a 40 kilómetros de la Villa Tulumaya (ciudad de Lavalle).

Una tradición

Entre las 25.000 personas que estuvieron de paso o se quedaron a acampar en los patios de los puestos de los lugareños durante todo el fin de semana, llamó la atención "la tribu del cacique Naveo" (tal como se bautizaron ellos mismos).

Acomodados y acampando en el patio de uno de los puestos del lugar, distribuidos en -al menos- cinco mesas los más de 30 familiares disfrutaban durante el mediodía de ayer de una celebración que no se pierden por nada del mundo, año tras año. Como un cumpleaños, la Navidad o el Año Nuevo.

"Hace más de 25 años que venimos a la Fiesta de la Asunción en familia, se suman amigos y quienes quieran, pero no faltamos nunca por nada en el mundo", tomó la palabra Américo "Cacho" Naveo (66), a quien el resto de la familia no dudó en nombrarlo "el cacique".

De San Martín, de Santa Rosa, de Palmira y de Maipú, la familia vive cada fiesta como algo único.

"Cada uno trae mesas, sillas y sus cosas, pero cuando llegamos acá nada es de nadie y todo es de todos. Ya es una fija, nuestros hijos empezaron a venir de chicos y ahora vienen con nuestros nietos. Ojalá que más adelante ellos traigan a sus hijos y se mantenga la tradición", relató Cacho mientras apuraba un chorizo en su plato de madera.

"Hace un rato terminamos un gran asado y ahora acabamos de poner un corderito", confesó mientras miraba al horno metálico que estaba próximo a la mesa.

Los Naveo, como tantos otros, le sacaron el jugo al fin de semana largo y llegaron a Asunción el sábado por la noche. Allí armaron las carpas -sujetadas por sus propios autos- y, al menos hasta ayer, sus planes eran seguir hasta la tarde de hoy.

Suena lógico que, además de haber crecido y haberse criado con la costumbre de participar de la Fiesta de la Asunción, hayan visto cómo ha ido evolucionando con el paso de los años.

"Antes era todo más natural, no estaba tan explotado ni aprovechado el lugar. No tenía las comodidades que tiene ahora, pero lo importante es que la fiesta mantiene su espíritu. La tranquilidad que encontramos acá no la encontramos en ningún otro lado y siempre, de la forma en que sea, encontramos la forma de venir y agradacerle a la virgen por lo que tenemos", se explayaron los devotos.

Como serán de fieles a la Virgen (y a la fiesta en sí) que un año hasta amagaron con irse en bicicleta hasta Asunción. "Pero pudimos arreglar la camionetita y no hizo falta", indicaron.

La fiesta de un pueblo

Desde el jueves 15 (el Día de la Virgen de Asunción propiamente dicho) y hasta hoy se respira alegría y devoción en el pueblito ubicado a casi 90 kilómetros de la Ciudad de Mendoza. Y no es para menos, teniendo en cuenta que es una de las celebraciones religiosas y populares que esperan con más ganas los lugareños.

"Hace tres años empezamos a organizarnos bien y, con el apoyo de la Municipalidad, nos capacitamos para recibir al turismo. Por suerte ahora viene gente todo el año y no solo para la fiesta, aunque este es el fin de semana de mayor movimiento", contó por su parte Humberto González, uno de los propietarios del puesto Hermanos González.

Cada lugareño puso a disposición de los visitantes el patio de sus puestos para alquilarlo como lugar de acampe y estacionamiento, otra actividad que ya se ha transformado en una sanísima costumbre.

La procesión

Con la presencia del gobernador Francisco Pérez y del intendente lavallino, Roberto Righi, a las 16 de ayer se dio inicio a la procesión.

El punto de partida fue la vieja capilla del lugar, que data de fines del siglo XIX y que abre sus puertas cada vez que se celebra la fiesta, pese a que el 15 de agosto de 1969 fue inaugurada la nueva capilla. Allí se celebraron bautismos durante todo el día, así como también dos misas. Y el furor por el Papa argentino también dijo presente en un vendedor que ofrecía fotos de Francisco con la imagen de la Virgen.

Trasladando las dos figuras de la virgen, la procesión recorrió los puntos más importantes del pueblo hasta llegar a su fin en el Club Social y Deportivo de Asunción, el mismo escenario donde anoche tuvo su broche de oro con un número musical.

"Llegamos esta mañana y nos vamos hoy mismo a la noche. Vamos a disfrutar el día al máximo, todos los años venimos para la Fiesta", contó Sonia en representación de cuatro familias del distrito sanmartiniano de Nueva California (ubicado al límite con Lavalle) que también pasaron el domingo acampando en el lugar.

Para la mañana de hoy queda otra exhibición de destrezas de los gauchos a caballo, a cargo de los centros tradicionalistas más importantes del lugar.

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