Revisan todos los autos e incluso van a cabañas y campings. La veda se extenderá hasta el domingo.
Por eso la comuna estableció una serie de controles en todas las rutas de acceso, en los cuales se decomisan las bebidas alcohólicas que intentan pasar no sólo los chicos, sino también los vendedores ilegales. Hay puestos en la rotonda de entrada al pueblo viniendo desde El Volcán, en La Florida, frente al Centro de Salud, en el camino que conduce a Virorco y en Río Grande. Están abiertos las 24 horas y estarán allí hasta las 24 del domingo para que la desconcentración también sea ordenada.
Quienes se la jueguen para ingresar este tipo de mercadería pueden llegar a pagarlo muy caro porque las multas van desde los 300 a los cinco mil pesos, de acuerdo a la gravedad de la infracción.
Las requisas son muy estrictas y este cronista lo pudo comprobar en el ingreso a El Trapiche por la ruta 9, donde está el puesto principal e incluso la dirección de Bromatología levantó una casilla de madera como oficina. Una fila de conitos naranjas cierra el carril izquierdo unos 200 metros antes y conduce a todos los vehículos hacia un embudo en el que esperan inspectores municipales, debidamente identificados con una credencial, con el apoyo de un efectivo de la Policía Caminera, que permanece en un móvil estacionado sobre la banquina.
Obligan a detenerse a todos los conductores, sin excepción. Hay que bajarse y abrir las puertas y el baúl. No importa que la fila se haga larga, a veces con más de 10 autos. Los empleados de Bromatología se toman todo el tiempo del mundo y hurgan hasta en los lugares más recónditos: debajo de los asientos, detrás de los respaldos, en el doble fondo del baúl y donde está la rueda de auxilio. Una buena cantidad de cajas de vino fino, tetra bricks sueltos, botellas de champaña y de cerveza que descansan en el cantero central testifican que la búsqueda es efectiva. Todo lo incautado es embolsado y acompañado por una copia del acta de decomiso, ya que el original le queda al infractor.
“Hasta el martes 15 nos quedábamos con las bebidas y la gente podía llevársela de nuevo una vez que abandonaba El Trapiche sin pagar un centavo. Era un embargo preventivo sin consecuencias. Pero a partir del miércoles retenemos la mercadería y, si la quieren recuperar, deben ir a la Municipalidad y pagar la multa, que dependerá de la cantidad, los antecedentes, los motivos y la intención de engañar a las autoridades", cuenta Darío Mitchell, director de Bromatología, quien mantiene un contacto directo con la intendenta Gabriela Ciccarone, la principal interesada en tener un festejo en paz.
“Hemos vivido situaciones insólitas. Chicos que quieren pasar botellas que llevan pegadas en el cuerpo con cintas, o pegadas en el chasis del auto, dentro del motor, una locura”, agrega.
El funcionario apela a la responsabilidad de los padres, que muchas veces apañan estas conductas de sus hijos. “Quieren quedar como compañeros piolas y les terminan haciendo un mal, aunque hay otros que son realmente engañados. Ayer tuvimos un caso así: el papá juraba que no había ni una botella en el coche, buscamos y encontramos un par de vinos. Le pegó un cachetazo al hijo y se lo llevó de nuevo a San Luis. Fue un momento incómodo, pero aleccionador”, asegura Mitchell.
Más allá de evitar que los chicos se hagan un daño bebiendo en exceso, la Municipalidad quiere terminar con el comercio ilegal para esta fecha. Más de un vendedor clandestino, con cargamentos grandes, intenta vulnerar los controles. “Toman caminos de tierra por las sierras o dan toda la vuelta desde La Toma, por eso pusimos un control en La Florida y otro en lo que denominamos ‘La Salita’, donde termina el perilago, casi llegando a Siete Cajones”, dice el director de Bromatología.
Su función no se limita a los puestos en la ruta, también hacen requisas en campings, albergues y cabañas. “Tenemos la potestad de entrar y revisar que no haya mercadería vencida o sin fecha de elaboración, controlar la higiene, la habilitación comercial y que no haya más chicos que camas en las habitaciones. Y, de paso, echamos una mirada a ver si no pasaron alcohol”, confiesa Mitchell con un guiño cómplice. Si encuentran algo, los propietarios de los alojamientos se arriesgan a una multa e incluso el cierre temporario de los complejos.
Comentá la nota