El pasado fin de semana se realizó el cierre de año de los talleres de género en la Unidad Penal N°50 de Batán.
Sobre la experiencia, desde Mumalá comentaron que “mujeres de entre 19 y 65 años del Conurbano Bonaerense en su mayoría y algunas de Mar del Plata, compartieron las propuestas que desde la educación popular construíamos juntas”.
“Atravesamos numerosos temas como la violencia de género (tema muy sentido, ya que la mayoría había sufrido casos de violencia por parte de sus parejas o ex parejas), la salida laboral luego de estar privadas de la libertad, la maternidad, los derechos vulnerados dentro del penal como la falta de una alimentación buena y saludable, la falta de atención médica, la imposibilidad de las mujeres de acceder a las visitas intimas (inclusive con sus parejas), la falta de oportunidades de estudio y de trabajo en el penal, etc.”, comentaron.
Entre las experiencias de vida tras las rejas comentadas por las propias internas señalaron “que a diferencia de los varones cuando están presos, las mujeres tienen muchas menos visitas, están más abandonadas por la mayoría de sus familias. El estar lejos de sus hogares hace que les resulte muy difícil que sus madres, hermanos o hijas (que en la mayoría de los casos son quienes cuidan de sus hijxs), puedan viajar. Pasan mucho tiempo sin verlos y sin estar con ellos. Y en otras ocasiones, hay un abandono en forma de castigo, porque suponen que la mujer `descuidó´ a sus hijos y a su familia, a su rol como ama de casa, como esposa”.
“Esa condena moral que pesa sobre las mujeres, suele ser mucho más fuerte que la condena legal inclusive. La culpa, por haber cometido un delito siendo madres, esposas y mujeres para muchas es imperdonable, y algunas conciben a la cárcel como un castigo merecido, jugando aquí cruelmente los mandatos instalados sobre las subjetividades femeninas”, añadieron desde el colectivo de mujeres.
El equipo de “Presas de una misma realidad”, integrado por las “Mujeres de la matria latinoamericana” y estudiantes de la Facultad de Cs. de la Salud y Servicio Social de la UNMDP, asegura que luego de esta experiencia, hay en sus vidas un antes y un después.
“Nos fuimos con la satisfacción de haber aportado a la transformación colectiva de nuestra autoestima, a nuestro empoderamiento como mujeres, aprendimos con ellas a superar algunas de las trabas que impone el sistema carcelario, a fortalecer nuestro compañerismo”, contó Noelia Barbas, referente del proyecto.
En la Jornada cultural de cierre del año se realizó la entrega de certificados a las talleristas; en un emotivo acto de la mano del grupo “Entreteatro” y la percusión-danza africana de “Mamafrica” se visibilizó la fortaleza del trabajo y las poderosas ganas de salir adelante.
Se culminó también el mural colectivo, que firma la frase “Nuestra venganza es ser felices”, que de acuerdo a lo expresado por Noelia “creemos que esa frase resume todo lo que significó la experiencia de estos talleres. Porque la venganza estuvo en casa risa, en cada abrazo, en cada injusticia dicha en voz alta, en cada momento en el que un espacio de libertad se creaba dentro de cuatro paredes”.
“Esperamos que ese espacio que hemos parido todas juntas, solo sea el principio de un camino hacia aquel lugar tan deseado: La libertad. Los nombres y las historias de todas las compañeras que hemos conocido y todas las que nos quedaron por conocer, hoy forman parte de la bandera que elegimos levantar todos los días nosotras, ellas, todas: Somos Mujeres libres de nuestra matria latinoamericana”, concluyó.
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