La “muda” Josefina, la “sargento” Moira y Fabiana “la irresistible”, las compañeras de vida de los hombres públicos que delinean el destino de los salteños
Al reconocido refrán (atentatorio contra la postura de género tan en boga por estas épocas) que afirma: “Detrás de un gran hombre se esconde una gran mujer”, la misma cobra plena vigencia en la primera línea del Gobierno, aunque la frase no es reversible -en el caso de los hombres-, sino todo lo contrario.
Haciendo la salvedad del peligro que conllevan las generalizaciones, daremos un solo ejemplo que demuestra que no siempre funciona la parte capicúa de la afirmación: nos referimos al marido de Cristina Lobo, la secretaria Saludable y Alimentaria.
Parodiando (sinónimo de imitar, remedar o ridiculizar, no de Carlos Parodi) a la película infantil: “La Dama y el Vagabundo”, la funcionaria que sólo guarda del original su nombre y apellido, - porque su aspecto y en particular su cara se renuevan periódicamente- logró ubicar a su marido en el cargo de Director de Cooperativas del Gobierno Provincial. El dominio del área incluye la totalidad de las cooperativas del territorio de la provincia, donde se destaca la poco feliz transferencia que hizo la Municipalidad capitalina al Gobierno provincial, al endilgarle casi un centenar de cooperativas ociosas y conflictivas -supuestamente dedicadas al desmalezado y la realización de cordones cuneta-, que percibieron los adelantos de obra y nunca las realizaron.
El funcionario-marido de Cristina Lobo, de apellido Barasutti, pasa meses enteros sin aparecer por el edificio de calle Pedernera, a punto tal que no tiene ni despacho. Un sondeo por el mismo arrojó como resultado que de la oficina de Cooperativas se encargan dos fieles empleados rasos, mientras que el resto del personal nunca lo vio ni lo conoce, situación que se retrotrae a mucho tiempo atrás.
Barasutti -una especie de hippie metrosexual extremadamente tímido para el esfuerzo- detenta como único atributo el ser marido de Lobo. Con total soltura, se ausenta del edificio en lugar de concurrir, aunque más no sea para consultar su Facebook y ocupar el cargo que no ejerce hace aproximadamente 3 años.
Los billetes ante todo
No es el mismo caso “el del marido/no marido” de la Ministra de Justicia, Pamela Calletti. La funcionaria detenta por pareja a un sujeto por demás sagaz y despierto para los números. Separado oportunamente de la ministra apodada Cris Miró, Martín Siemens simuló un casamiento para amoblar su departamento de soltero, sacándole ventaja a una reconocida casa de electrodomésticos, que le daba un porcentaje en efectivo sobre todos los artículos de la lista de casamiento.
Así es como el ocurrente contador, solicitó a todos sus allegados y conocidos que adquieran la cortadora eléctrica de huevos duros y la máquina de hacer bollos que siempre soñaron -infaltables en toda casa-, invocando su “lista de casamiento trucha” que le permitía amoblar su nueva casa con descuentos y de paso cañazo juntaba el fondo en efectivo.
Nobleza obliga, cabe destacar que posteriormente devolvió a cada uno de los compradores en efectivo, la mitad del porcentaje de descuento que generó con su artilugio de ofertas. Todo un creativo para la “huevada”.
Señoras y señoras
Yendo al tema que nos ocupa, las primeras damas de la línea ministerial no están ni detrás de los ministros ni escondidas precisamente. En el caso de la mujer del ministro coordinador Carlos Parodi: Josefina Bernis, quien aparece promediando la mañana -a veces- pintada y ataviada de animal print, plataformas y brushing. “ La Jose” desde pequeña tenía problemas en la escuela ya que se negaba a realizar el saludo a la enseña patria, situación que se le ha agravado con el paso de los años porque nadie en el Centro Cívico es merecedor de un cordial: ¡Buenos días! No se llega a entender si tan osca actitud se debe al permanente escrache y exposición que sufre su persona, su economía o la de su parentela por parte de algún medio masivo, o si realmente es un resabio de mala educación.
En lo que respecta a la esposa del Ministro de Educación, Roberto Dib Ashur: Moira Yakoniuk, es lo más cercano a un sargento de la Gestapo. Rubia platinada, bastante entrada en años y con la seguridad profética de quienes se consideran iluminados, ni siquiera es empleada del Gobierno provincial, pero imparte órdenes a los secretarios de estado de esa cartera a diestra y siniestra.
Moira convoca antojadizamente a reuniones, donde sin experiencia educativa ni autoridad alguna -salvo el consumo de Wikipedia-, maneja el organismo ante la actitud impávida de su marido que no la ubica debidamente: O le realiza un nombramiento a los fines de legitimar las órdenes que efectivamente da, o la manda a trabajar a la Municipalidad, lugar donde realmente pertenece.
Y así le fue. La blonda primera dama estuvo presente con sus alegres comentarios e incomprendida sabiduría a lo largo del conflicto docente, errándole a todo de manera sistemática, aunque como no pone la cara, los costos públicos los cargan los empleados y funcionarios de su marido.
La señora Dib Ashur carga al Ministerio, no sólo con su gestión paralela a las áreas específicas sino también con su hermana, una malhumorada y negativa mujer que también forma parte de la estructura nepótica y muleto del sufrido ministro.
Ella tiene un look
Hay que reconocer que cuando algo falta, falta. Los actos oficiales ya no son los mismos: los concurrentes no llegan en colectivos iguales , la gente no se esmera en el atuendo , no huelen bien, hacen carteles en cualquier material y no son respetuosos para insultar. Tampoco está Betina, devenida a diva, que marcaba muy bien con su presencia la diferencia de cuando se trataba de una acto top o cuando era berreta.
Se extraña su impronta distinguida con trajecitos tailleur de Tienda La Sarita , la colorida bijouterie de la Escalera, su perfume impregnante a jabón Fulton, sus modales al fumar habanos importados en mitad del discurso y que con una caída de ojos indicaba cuando la muchedumbre debía aplaudir. Sin Bettina, entre nosotros, terminamos no sabiendo a qué categoría de evento hemos terminado cayendo.
En cuanto a Fabiana Ávila, la mujer -no legítima aún- del ministro de Trabajo Eduardo Costello, cabe destacar que protagoniza junto al funcionario la parodia de “La Bella y la Bestia”. El ministro cascarrabias, solitario y malhumorado, parece ser un acólito del sadomasoquismo.
Llega al Ministerio en su moto, ataviado de campera con tachas, calzas de látex negras y botas texanas, no sin antes escupir rotundamente a su ingreso al edificio. El funcionario anda para todos lados, más SOLO que Godoy en el día del amigo: sin asesores, sin prensa, sin onda, aunque sigue siendo preferible eso antes que mire fijo. Logra así el efecto contrario a la mujer de Carlos Parodi: mientras ella evita el saludo, Costello evita que lo saluden porque asusta.
En cambio, “ la Faby”, curvosa, infartante -aunque con cierta impronta de Claribel Medina-, fue designada en la Dirección de Discapacidad de la Provincia, con el fin de ahorrar medicación y tratamientos ambulatorios, ya que su figura -tanto delantera como trasera-, provoca tal admiración que los rengos corren como burro detrás de la zanahoria.
En este caso, la felina primera dama se abstiene de pisar la sede de calle Bolívar, habida cuenta de que ahí concilian la UTA, la UOCRA, ATE, Camioneros, etc., y la “Bestia” previene el hecho de provocar estampidas entre los muchachos. Al igual que el personaje de la película, en ese caso el ministro sigue alternando en su despacho con la tetera, la taza y el candelabro.
En el Ministerio de Ambiente y Producción, a cargo de Baltasar Saravia no se pudo recabar información acerca de la presencia, visita o participación de primera dama en la gestión sino todo lo contrario. Al parecer, el ministro trasladó a su oficina, no sólo el cepillo de dientes sino las pantuflas de peluche que se calza melancólicamente en horas de la oración, cuando ya no hay actividad pública. Pareciera que también se baña ahí porque le habrían “cambiado la cerradura”.
En cuanto al Ministro de Gobierno Eduardo Sylvester se evitará en este artículo hacer mención a su cónyuge, para no ahondar innecesariamente en la brecha que se abrió esta semana entre la Iglesia y el Gobierno.





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