Mujeres que edifican con dignidad y autonomía

Mujeres que edifican con dignidad y autonomía
Un grupo de 25 madres recibe materiales de construcción para mejorar las condiciones de habitabilidad de todas.
¿Qué pasaría si las miles de personas con influencia profunda en millones de vidas confiasen plenamente en los débiles y excluidos? Más bien estos trabajan para invisibilizar los obstáculos que a aquellos les salen al paso. A los más débiles y excluidos no siempre los ilumina la aurora de las respuestas políticas y sociales.

En Atocha I, II y III viven unas 8.700 personas y en San Rafael unas 4.900. Fundaciones, ONG, voluntarios particulares, pastores evangélicos, integrantes de la Pastoral Universitaria y misioneros de Cáritas Aquidiocesana realizan trabajo de campo en la zona. Ellos vienen a decir que aunque las desigualdades sean inmensas y por sí solos no puedan modificarlas, aún es factible combatirlas, desnudarlas, interrumpirlas. Golpean las puertas de la gente con trabajos precarios, de madres solas, de familias numerosas y recluidas bajo cartón y chapa. Caminan entre los desintegrados, los desprotegidos, los atropellados, aunque los animales de la noche los contemplen agazapados.

Los últimos en llegar fueron la licenciada en Trabajo Social Miriam (26), la licenciada en Ciencias Políticas Paola (26) y el matemático Luca (28). Estos jóvenes romanos aterrizaron en Salta a mediados de marzo por un convenio con Cáritas Diocesana de Roma, con el objetivo de realizar trabajo social en la zona oeste. Para ellos el servicio civil es una oportunidad laboral porque en su país no hay concursos públicos abiertos y el recambio generacional está estancado. Así lo primero que notaron en La Lonja “son las madres solas. ¿Y los padres?”. Finca La Lonja o Atocha III se compone de 1.553 lotes, y en el marco del programa de Emergencia Habitacional, el Gobierno entregó 500 terrenos de 10x20 en octubre de 2012. Los beneficiarios cuentan con servicios de agua, gas natural y energía eléctrica. Aquí es donde algunos están despertando de la pesadilla del okupa. Aquí es donde muchos se están despabilando y cuestionan si están determinados a aprender menos, a sentirse menos, a valer menos en la sociedad. Aquí es donde muchos se están despertando.

Unas 25 mamás de La Lonja se conocieron en el comedor Jesús te ama. Después de más de un año de trabajo, siempre urgidas por el milagro de multiplicar los panes y los peces, ya se entienden con la mirada.

Decididas una vez más a abrirse paso entre lo imposible, censaron sus necesidades de habitabilidad, echaron mano de los materiales que llegan donados al comedor y bajo la supervisión de Mariela, oficial albañil, y con la ayuda de particulares, se animaron a construir.

“Me gusta ganarme el sustento”

A Delia de Ramos (51) le estaban construyendo un baño. Su marido, César Ramos (61), hace doce años sufrió un accidente en una finca de Chicoana donde trabajaba de peón rural. Cayó sobre el acoplado de un tractor y luego quedó discapacitado como consecuencia de un accidente cerebro vascular. Analfabeto y sin aportes previsionales por sus 18 años de servicio. “El patrón, ya fallecido, le hizo firmar a mi marido un papel en el que decía que sí le había hecho los aportes, pero no. Cuando nos echaron de allá estuvimos en la casa de mi hijo, en Solidaridad, hasta que nos dieron este terreno”, explica Delia.

La salud de César fue empeorando por el mal de Parkinson y los problemas cardiacos. “El baño me viene bien porque yo lo alzaba a mi marido y lo llevaba a defecar al río, tres veces y por la noche porque él es de vientre flojo”, agrega la mujer.

El matrimonio vive con sus hijos Celia (32), Eliana (20) y Facundo (14), y un nieto de dos meses. Facundo tiene retraso madurativo. Todos subsisten con la pensión por discapacidad de César y las raciones diarias del comedor. “Me gusta ganarme el sustento, por eso trabajo allí de ayudante de cocina”, define Delia.

“Que no se acostumbren”

A Rita Rueda (30) el pasado fin de semana le estaban construyendo una pieza de material de 6x4 para reemplazar otra menor y de bloques sobrepuestos. Ella es mamá de tres hijos: Gabriela (10), Brenda (8) y Ezequiel (7), y tiene un marido NTN, porque no tiene nombre. Como tampoco habrá calificación para los hechos que lo llevaron a él tras las rejas y a sus niñas a la psicóloga en forma permanente. “El Día de la Madre del año pasado estaba festejando que había salido beneficiada con el programa Ellas Hacen. Ese día hacía un montón de planes: comprar materiales, edificar, que cada uno de mis hijos tuviera su propio espacio...”, relata Rita, quien también estaba terminando el secundario.

El coraje con que denunció a su marido por abuso a sus hijas no la abandonó desde entonces. La acompaña hoy, mientras se prepara para rendir Matemáticas, Inglés, Historia y Marco Jurídico, las materias que debe. La acompaña hoy que tiene la lucidez de ver que a sus niños se les limita su futuro desde la infancia, cuando más duelen las heridas a la autoestima y cuando, ciertamente, tienen una proyección incalculable.

“Mis hijos hoy orinan en un tarro, pero no quiero que se conformen. No quiero que se acostumbren a esa mentalidad de que otro te tiene que dar, porque cuando ya no les den van a salir a robar”, dice.

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