La ex modelo Agustina Ayllón, recibe a La Tecla en su casa de La Plata (aunque no vive allí), ubicada justo enfrente de la gobernación bonaerense. La adolescencia, los cambios que le produjo en su vida estar en pareja con un dirigente político, la familia, sus preocupaciones de cara al futuro, el rechazo por la cocina, y mucho más
-¿En qué te cambió la vida desde que Francisco se metió de lleno en la política?
-La vida te cambia bastante. Primero, por el tiempo que implica, es prácticamente un trabajo de 24 horas. Después, el tema de la exposición pública es muy distinto. Y en lo personal, veo a Francisco muy contento, metido y seguro de la decisión que tomó. Eso es lo más importante, que lo disfrute.
-La exposición pública es algo que venís manejando bien...
-Sí, a mí no me gusta demasiado (risas), pero lo entiendo como parte de lo que eligió Francisco. Lo que me molesta es que a veces hay que escuchar cosas que no son ciertas o que pueden causar mucho dolor. Igualmente, la persona pública es él, yo sólo trato de acompañarlo lo que más puedo.
-¿Venís de una familia vinculada a la política?
-En casa siempre se habló de política, pero nada más. Nunca nadie militó, ni estuvo afiliado a algún partido. Se hablaba de la situación del país y de otros temas relacionados. La política siempre estuvo presente.
-¿Crees que eso te sirvió a la hora de acostumbrarte a estar junto a un hombre que por estos días vive hablando de
política?
-(Risas). Sí, por supuesto que sí. Ya es algo natural opinar sobre diversas cuestiones, escuchar diferentes opiniones y analizar las situaciones del día a día.
-La Casa de Gobierno y la residencia están justo acá enfrente. ¿En caso de que gane Francisco, van a vivir acá o en la residencia?
-En la residencia, por supuesto.
-Una mudanza corta...
-Sí, la verdad que muy corta (risas). Para mí, que soy platense, sería un honor volver a esta querida ciudad.
-¿Conocés la residencia?
-Sí, la conozco, es muy linda.
-Cada vez que asume un Gobernador, la Primera Dama se encarga de hacer algunos cambios. ¿Qué le harías?
-Me parece que en este último tiempo le han hecho de todo. Incluso con esto de que la gente puede entrar y recorrerla, imagino que debe estar muy bien.
-¿Pero cuál sería el estilo que impondría Agustina Ayllón al llegar?
-No, olvidate. Soy un desastre para la decoración (risas). Ya te digo: a la casa la conozco, es preciosa. Imagino que debe estar muy bien.
-¿Confiás en Karina Rabolini?
-(Risas) Creo que debe estar muy bien.
-¿Te gustaría alguna vez participar de lleno en el mundo de la política?
-La política me encanta. En este momento me resulta difícil porque mi principal tarea es la de ser mamá. Mis hijos son muy chicos y en este momento quiero estar cerca de ellos. Más adelante, no sé. Eso sí, no me gustaría ocupar un cargo mientras Francisco esté en un puesto público. Por ejemplo, no sería parte de su gabinete en la Goberna-ción.
-¿Cuál es la primera reacción que tenés cuando sentís hablar mal de Francisco en televisión?
-En principio te duele, después lo tomás como una cosa graciosa, porque muchas veces son mentiras burdas, sin sentido. Pero más tarde hay situaciones que terminan en un juicio, así que ya deja de ser una cosa graciosa. También lo entiendo como parte de lo que él eligió, y lo sigo apoyando. Me parece que es muy positivo que, a pesar de un montón de cosas que pasan, él siga comprometido y entusiasmado con lo que está haciendo.
-¿Te gustaría salir a contestarle a algún periodista en ciertas ocasiones?
-En el primer segundo, sí. Me agarro una bronca terrible y hasta le grito al televisor. Pero después te vas acostumbrando. Mu-chas veces cambio de canal y listo.
-¿Sos una mujer de carácter fuerte?
-(Risas). Me encantaría decirte que no, pero sí. En realidad no es que tenga carácter fuerte o débil, estoy acostumbrada a decir lo que pienso, a ser una persona frontal. A las personas que quiero les digo lo que pienso, no ando con vueltas. Y a eso lo padece bastante Francisco (risas).
-Y ahí es cuando se trenzan…
-(Risas). Al ser tan frontal, me falta bastante diplomacia. Tendría que aprender a ser un poquito más dulce para decir las cosas.
-¿Y él es dulce?
-Es mucho más diplomático que yo.
-¿Cómo andás con la cocina?
-(Risas) ¿Si fuese hombre también me harías esta pregunta? ¿Realmente me la harías? Soy malísima en la cocina.
-Si, por supuesto que sí. Incluso te iba a preguntar si Francisco hace asado los domingos.
-Sí, hace asados, y muy ricos.
-¿Volviendo a la cocina, sos malísima y no cocinás o te animás a algunas cosas?
-No, no, cocino. Estuve siete años viviendo sola y he sobrevivido. Sé cocinar, pero no me gusta.
-¿Y cuando cocinás, te molesta que te critiquen la comida? ¿Francisco te dice: “a esto le falta sal”, o algo por el estilo?
-No, no dice nada (risas).
-¿Cuáles son los mejores recuerdos de tu adolescencia?
-Tengo muchos (risas). Toda la etapa del colegio Liceo Víctor Mercante, acá, en La Plata; los días que pasábamos en el club Regatas; y sobre todo esa vida llena de amistades que perduran de por vida. Son esas cosas que tiene La Plata. Me parece que en Capital hay mucho más individualismo. Cada vez que vengo a La Plata me encuentro con viejos amigos, que capaz hace años que no veo, y nos quedamos charlando un rato, como cuando éramos adolescentes.
-¿Si te ofrecieran volver por un mes a los veinte años, volverías?
-(Risas) ¿Un mes, nada más? Si es un mes lo aprovecho a full.
-¿Qué es lo más lindo que te dejó el modelaje?
-Me ha dejado varias amigas. La realidad es que cuando empecé a trabajar como modelo arranqué la carrera de Derecho, que es lo que me gustaba hacer. Entonces, el modelaje siempre me permitió independizarme
y hacer otras cosas que tenía ganas de hacer en su momento. Estoy muy agradecida con la carrera.
-Supongamos que De Narváez gana la elección, ¿en qué le dirías que haga foco durante los primeros días de gestión?
-En la generación de empleo, la salud y la educación pública. Esta última es fundamental para la igualdad de oportunidades.



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