Muchos de los casos de bullying tienen sus raíces en los "chirlos correctivos"

Muchos de los casos de bullying tienen sus raíces en los

Aseguran que la agresión física que los niños reciben en la familia, los vuelve más agresivos y muchas veces, descargan su tensión en sus pares. 

Luego de que Unicef diera a conocer un estudio que indica que uno de cada cuatro padres reconoce usar el “chirlo”, la palmada en la mano, el coscorrón y la bofetada como parte de los ‘correctivos’, especialistas aseguran que la agresión física no debe ser utilizada para educar a los niños. Además confirman que muchos de los casos de violencia escolar tienen sus orígenes en la violencia en el hogar. 

“Estamos queriendo corregir a un niño a golpes, en un medio en donde la violencia está propiciada. Lo mismo que recibimos en nuestras casas, afuera lo damos. Eso es un acto seguro. A veces los padres no pueden entender cómo sus hijos son tranquilos en su casa pero en la escuela se pelea con sus compañeros. Y lo más probable es que esos niños sean víctimas de agresiones en el seno de su familia. La mayoría de los casos de bullying, por ejemplo, tienen sus raíces en la violencia que reciben en su casa, cualquiera sea su magnitud”, la licenciada en psicopedagogía, Ana Roxana Gálvez. 

Gravedad 

Todo tipo de castigo a los chicos es muy mal visto por los profesionales involucrados en el tema, ya que las situaciones de violencia son asimiladas por los niños como algo normal para conseguir lo que se quiere, y lo único que se consigue es que se vuelvan agresivos. 

“El chirlo por más leve que sea es violencia. Muchos insisten en criar un niño en la violencia, lo que no es bien visto desde ninguna óptica. Si la comunidad científica ha aceptado que somos producto de modelo de aprendizaje, se puede deducir que con los golpes que se aplican estamos forjando un ser con violencia, controlada o no, es violencia”, remarcó. 

Asimismo explicó lo que representa en el niño esa agresión física, a pesar de que los mayores lo consideren un bien para su educación. 

“Existen diferente maneras de hacerle ver a una persona en crecimiento que lo que está haciendo está mal y que le hará daño. Hay que resguardar la integridad psicofísico del niño. Si propiciamos un ‘chirlo’ a un niño en el afán de conseguir corregirlo, lo único que estamos despertando en él es miedo. El niño seguramente no volverá a hacer eso malo que hizo, pero no por respeto sino por temor. El padre no representará autoridad, sino que el miedo hará que represente violencia, autoritarismo e imposición”, manifestó la psicopedagoga. 

En este sentido, Galvez recomendó: “Yo cambiaría el chirlo correctivo por unas manos en el hombro del niño, y mirándolos fijamente a los ojos, decirle que lo que hizo no es lo correcto. El niño seguramente entenderá y luego, aprenderá a reconocer la mirada de un padre cuando está en desacuerdo con sus actos”.

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