Fin de año con mucho calor, cortes de luz, mugre y falta de agua. Que sobre la frustración y los planes de año nuevo.

Fin de año con mucho calor, cortes de luz, mugre y falta de agua. Que sobre la frustración y los planes de año nuevo.
Esta experiencia de calor intenso y sostenido volvió a exponer a la ciudad totalmente al desnudo. Hace pocos días había quedado atrás el imprevisto cierre del comercio, ante posibles hechos en medio de un reclamo salarial de la Policía.
En Quilmes, tenemos problemas que nos llegan desde afuera; y otros que no logramos resolver desde dentro. Sin ir mas lejos, esta nota está siendo escrita tras dos extensos cortes de luz, a la espera del próximo que en cualquier momento llega. Sin aviso, claro.

Lo cierto es que también las condiciones del tiempo están generando situaciones nuevas, que se hacen notar cada tanto. Lo que en abril de 2012 fue un sacudón por una fuerte tormenta de agua y viento, para este fin de año es un persistente calor que tiene su antecedente en 1906, hace 107 años.

Cualquier situación adversa que enfrentamos en la vida, más si resulta inesperada, pone en juego nuestro actitud, nuestro temperamento; en definitiva, el carácter que cada uno hemos ido desarrollando con los años. Si miramos la actitud de un gobierno cualquiera, el cuadro se repite. En Quilmes, los funcionarios siempre en silencio; eligen no aparecer.

No todos reaccionamos igual ante un mismo hecho. Pesa mucho, nuestra historia personal y desde dónde nos disponemos a cruzar las distintas realidades de la vida cotidiana.

A mayor capacidad de frustración y recomponer; mayor fortaleza en la crisis. Se trata de ese asunto del que nos hablan tanto los docentes, referido a nuestros hijos, sobrinos y nietos en la Escuela.

UN ASUNTO DE NIÑOS

Un niño acostumbrado a tener todo lo que quiere, de inmediato; cuando llega tan sólo al jardín de infantes se entera que en la vida hay que aprender a esperar, también a compartir. Un desafío nada sencillo.

En el clima propio de un aula, estará poniendo en juego su capacidad de frustración, aprendiendo a compartir su nueva situación. Creciendo, madurando.

Quienes hemos recorrido algunos almanaques en la vida, hemos ido aprendiendo con otros lenguajes y desde distintos momentos, que es esto de administrar la frustración.

A mayor apego por enfrentar cada fracaso con realismo, sobre la base de la verdad en un ambiente de contención, más posibilidades de mejorar nuestra calidad de vida, compartida.

En cualquier centro de ayuda a personas en problemas con las adicciones el asunto de cómo enfrentar la frustración, en un tema obligado. Un bajo umbral en esta materia, generalmente se suple con escapes del momento, que sin resolver los problemas, los postergan para otra oportunidad. Nada nuevo, ni desconocido.

LA VIDA DE LA CIUDAD

Al trasladar este foco a nuestra vida compartida en la ciudad, podemos tender puentes que nos ayuden a explicarnos lo que nos pasa como comunidad. Al mismo tiempo, resulta todo un ejercicio eso de no perder de vista que lo que funciona para un grupo de personas concretas, tiene mucho que ver con lo que en definitiva esperamos para la ciudad, toda.

Para cerrar esta línea de ideas, digamos que este asunto de tratar la frustración, mejorando nuestra disposición, se explica muy bien desde la preparación para la práctica de cualquier deporte.

EL EJEMPLO DEL DEPORTE

Cuando aquel niño, que en su Jardín de Infantes enfrentó sus primeros caprichos, se anota en el club de futbol infantil del barrio, el adulto que lo acompaña sabe muy bien, que con la destreza física solo, no alcanza para formar un deportista.

Junto a la técnica deportiva, tendrá que ir creciendo una persona capaz de reponerse de sus propios fracasos; de las injusticias propias de la vida dentro del equipo y que deberá aprender a hacerlo pronto.

Esta figura desde el deporte, se repite para cualquier estudiante de música, por ejemplo. ¿Cómo se logra arrebatarle un sonido que transmita vida, a una guitarra, sin sobreponerse una y otra vez a la frustración de no lograrlo?. De practicar, una y otra vez la misma técnica para finalmente, hacerlo bien.

¿Y el que estudia historia, o medicina?; ¿Qué pasa con el que decidió ser ciclista, carpintero, albañil o periodista?;

- Nadie te regala nada, pibe. Esa es la voz de un entrenador que busca sacar energías tras una derrota más.-

Resulta imposible pasar de este momento sin dedicar algunas líneas a los abuelos que construyeron las primeras casas en Quilmes. Hablamos de ensanchar nuestra capacidad de frustración; de mantener el ánimo en medio del conflicto que se presenta como el más adverso.

Crecer duele. Siempre dolió, por eso hay muchas personas que prefieren mantener la conducta propia de los niños. Otros en cambio, como por ejemplo, los abuelos que llegaron desde la Europa después de la guerra, eligieron enfrentar su frustración.

- Hay padres y madres que prefieren que sus hijos no crezcan, que no sufran, que no les duela. Claro que desean para ellos una profesión o un trabajo bien remunerado; en fin que se abran paso en la vida. Lo que no explican es cómo se arreglará cada hijo frente a la frustración, que implacable le hará ciertas preguntas en la vida.

- Un gobernante, como si ocupara el lugar de un padre o una madre, también puede pretender sobre proteger a sus votantes; les asegura que se puede sentirse bien, con una vida digna, sin el esfuerzo del trabajo cotidiano. Falta que explique como pensará sostener su mirada en el tiempo, cuando la frustración haga su trabajo, inexorable, en los barrios.

EL REFLEJO EN EL ARTE Y LA TEOLOGIA

Si eligiéramos continuar conversando este asunto, pronto nos encontraríamos dentro del mundo de las artes; la pintura, la música, la escultura y la manera cómo se ha ido reflejando en el correr de los años, el dilema que representa la frustración en la vida.

- Del arte, podríamos saltar a la filosofía dónde quizás otros se sientan más a gusto. Para entender lo amplio del asunto, vale señalar que si a instancias de alguno eligiéramos ingresar al mundo de la teología y la búsqueda de Dios, la trascendencia, lo duradero; el sentido de las cosas, estaríamos hablando del la misma frustración, sólo tras dar tan sólo dos saltos.

- Es que las cosas simples de la vida, son generalmente las más profundas y abarcativas. Por eso nos estremece la sonrisa de un niño, en casa.

Final I: Un repaso a nuestro recorrido. Por ejemplo, el calor agobiante desafía nuestra capacidad de frustración. Que es algo muy distinto a la resignación y a la dejadez del “no me importa”.

Final II: Crecer duele. Reclama esfuerzo, trabajo. Siempre fue así, y aunque la tecnología se empeñe en hacernos la vida más sencilla; nuestra vida interior para madurar reclama del esfuerza sostenido, detrás de un logro. Si es un trabajo compartido, mejor.

Final III: Estamos ante un tema que podemos recorrerlo hasta la profundidad que nos reclame nuestra necesidad personal. En un curso de cocina, se nos hablará de esto. También en una visita al médico que nos recomienda salir a caminar media hora todos los días. Todos le damos la cara a la frustración, todo el tiempo.

Final IV: Puede ser que el gobierno de la ciudad haya elegido no enfrentar la frustración propia del cargo. Aunque juró desempeñarse con lealtad y patriotismo, por no pagar costos ante sus errores esperables, los mantiene. Cobran excelentes salarios cada fin de mes.

Final V: Puede ser que una conducta así sostenida en el tiempo, haga que termine gobernando el capricho del niño terco, que “quiere la pelota”: y no quiere reconocer el límite que todo adulto necesita para ser mejor y vivir mejor. ¿Será por eso el permisivo “siga, siga” en algunas áreas y en otras, el riguroso aumento de la presión fiscal?

Final VI: El gran problema es que la política no puede mantenerse en el tiempo atada al niño que se pone en el lugar de la víctima; porque no desarrolla fortalezas cómo para hacerse cargo de los verdaderos desafíos de la vida adulta. Mucho menos de la agenda de una ciudad pujante que quiere despejar su futuro.

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