Moyano, entre la trinchera amiga y el fuego opositor

La figura del líder camionero divide las aguas de la política argentina. En la oposición ven su acumulación de poder como el principal obstáculo para la Gobernabilidad, en caso de alcanzar la presidencia en 2011. El oficialismo lo tiene como aliado estratégico, pero no lo incluye en la “mesa chica”
Moyano es, a un año de las elecciones, algo más que una amenaza. Del lado de la oposición, el camionero convierte en pesadillas a los sueños de Gobernabilidad que tejen Peronistas Federales, Radicales y afines. Del lado del oficialismo, ratifican la alianza “estratégica” con el sindicalismo que encabeza el camionero.

El rechazo que el grueso de la población siente por su figura es su talón de Aquiles. Tiene fama de “piantavotos” y es un estigma que lo persigue. Cree que el Gobierno no lo pondría jamás de candidato por esto. Y encima se convierte en el blanco favorito de la oposición.

Él, con su tropa, lejos está de regodearse por estar en el centro de la escena. Más bien pugna por un lugar en la mesa chica kirchnerista que, dicen sus colaboradores, sigue, como en los cercanos tiempos de Néstor, comandada por dos o tres figuras, entre las cuales nadie se apellida Moyano.

Mientras tanto, muestra su fuerza. Hacha y tiza con el empresariado. Bloquea y negocia. Se muestra fuerte, convocando a 100 mil trabajadores al estadio River Plate, y a las pocas semanas débil, haciendo malabares para lograr el quórum en el seno del PJ Bonaerense.

Entró al PJ Bonaerense a los tumbos. Es un ámbito de consenso, dicen sus dirigentes. Son pares que tienen sus diferencias marcadas por un mapa de la Provincia. No se pisan el territorio, tiran para el mismo lado. Allí, dicen, Moyano entra como un elefante en un bazar. “La lógica verticalista y patotera no funciona acá”, le remarcan. Si quiere liderar, advierten, tendrá que sentarse a negociar.

Algunas de sus alianzas le traen problemas. Incluso aquellas que en los hechos ya no existen y sin embargo evitó romper de un solo golpe. Pedraza y los ferroviarios le traen un dolor de cabeza a él y a Kirchner, aunque se deshace en explicaciones para explicar que nada tiene que ver con él –y acaso tenga algo de razón.

Terciando aparece, incondicional, la juventud. Hoy La Cámpora salió a respaldarlo públicamente: "En los '90, cuando esta patria era dividida, cuando era prostituida, cuando pasaban cosas terribles, uno de los pocos tipos que desde el movimiento sindical iba, protestaba, decía que no vayamos para allá, que vayamos para otro lado era Moyano", dijo José María Ottavis, uno de los más encumbrados dirigentes. También Aníbal Fernández, Nilda Garré y Tomada salieron a respaldarlo: “el movimiento obrero es columna vertebral” del espacio, puntualizaron.

La relación de Moyano con el Gobierno es, en este punto, la de un matrimonio con un miembro celoso: el proyecto estratégico está, pero no alcanza: a uno de ellos le interesa entrar en el grupo de amigos del otro.

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