Arribaron unas 12.000 motos desde distintos lugares del país y también de Brasil, Uruguay, Bolivia y Cuba. Hoy se despiden hasta 2016
Desde el miércoles, el rugir de las motos impregnó la cotidianeidad diamantina. Sin embargo, hoy irá menguando: es el día en que los apasionados de las dos ruedas se despiden hasta el próximo año, volviendo cada cual a su rutina.
Fueron varios días y noches de amistad; de intercambio de experiencias; de compartir vivencias, música, espectáculos, destrezas, alegrías; de brindar por lo que los une y los convoca a lanzarse a las rutas muchas veces desde muy lejos para llegar a la Ciudad Blanca, la Meca de los motoencuentros.
La primera vez que un grupo de moteros se lanzó a esta aventura en la localidad situada a unos 50 kilómetros de la capital entrerriana fue hace 20 años. El intendente de aquel entonces, Juan Antonio Colibig, apoyó la iniciativa, que fue creciendo en cada nueva edición.
Al principio muchos lugareños los miraban con recelo, pero el evento que le cambia la fisonomía radicalmente a la ciudad por unos días se convirtió también en una oportunidad para que Diamante se conozca en otros puntos del país y de que genere un movimiento económico importante, ya que comerciantes, hoteleros, y hasta familias que ofrecen habitaciones de sus casas en alquiler temporario se ven beneficiados, y esto se expande a localidades aledañas.
Alejandro Richardet, subsecretario de Turismo del municipio anfitrión, comentó a UNO que se congregaron 12.000 motos y se estima que fueron más de 30.000 personas las que pasaron desde el miércoles por el Valle de la Ensenada, el predio donde se desarrollaron la mayoría de las actividades.
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