El hecho se registró el viernes a última hora, sobre la avenida Padre Respuela. Según lo consignado en una pagina web, la agresión provino del grupo que hace las “picadas”.
La mujer, que prefirió no dar su nombre, relató lo sucedido en una pagina web de noticias. Según su testimonio, ella, su marido y el hijo de ambos de tres años, volvían a su casa después de un paseo nocturno el viernes.
Cuando circulaban por la avenida Padre Respuela, se cruzaron con el grupo de motociclistas que los fines de semana (y en verano casi todas las noches) se adueñan de las calles y circulan en malones sin destino.
Cuando el auto nuevo en el que la familia viajaba pasó a los motociclistas, se escuchó un fuerte estruendo seco. Los tres se asustaron. Cuando detuvieron el vehículo notaron que había en la parte posterior un gran abollón, producto de un piedrazo.
Indignada la mujer escribió en el sitio web: “.¿Qué espera el gobierno local? Que cometan una desgracia, que maten. Siento una impotencia ,una bronca que no puedo explicar ,solo le doy gracias a Dios por que la piedra no pego en el vidrio y mi bebé esté sano y no le paso nada”.
Una peligrosa costumbre
Al principio el grupo de motoqueros, por llamarlo de alguna manera, se juntaba en la cuesta de calle Sáenz Peña. No eran más de 20 o 30 motos, que durante las noches de los fines se semana, usan ese sector de la ciudad para hacer pequeñas picadas o solo para andar en círculos, sin ningún tipo de sentido.
Usaban las subidas para discapacitados de las plazoletas para acortar distancias, y de a poco fueron extendiendo su reinado al resto de la avenida San Martín (en dirección a la explanada de las escuelas Normal-Nacional).
Los vecinos cansados, le solicitaron al Gobierno Local acciones. Pero poco se hizo, solo una vez se intentó algo, que termino en escándalo. Piedrazos, vidrios de comercios rotos y algunos lesionados, tuvo aquella noche, durante la gestión de Miguel Chami en inspección, en la que se quiso frenar las picadas.
A eso se sumo una “protesta” de motociclistas hacía la vivienda de Chami en el barrio Las Morochas. Un fuerte vallado policial impidió que los motoqueros lleguen a destino. Después de eso se hizo notoria la falta de interés político por parte del Municipio para resolver el tema.
Hoy, varios años después, la situación se tornó incontrolable. Cientos de motos recorren y hacen suyas las calles de la ciudad, durante horas.
A la molestia sonora se le suma la agresividad de los conductores y sus acompañantes. Con piedras, palos y hasta con cuchillos, los motoqueros transforman las noches juninenses en road movies futuristas (Mad Max, quizás la más recordada), en las que la ley las dicta el que tiene el combustible y el vehículo.
Son hoy por omisión política los dueños nocturnos de las calles de Junín.
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