Cuando las encuestas mandan, las acciones se ejecutan. Los políticos son empecinados hasta que la posibilidad de un fracaso electoral los pone en vereda.
Mario Meoni se quedó con la mirada perdida en lontananza en el cuadro de su despacho, en el palacio municipal y su gesto de preocupación denotaba una seriedad inusual. El mensaje fue concreto, sin ambages y sin medias tintas: “Los últimos números se están cayendo”.
Las cifras ya no importaban. ¿Cuánto?... ¿Cuánto…? ¿Mucho, poco? Tan solo porcentajes.
Y lo que les ocurre a todos los dirigentes políticos cuando la mala nueva llega: ¿por qué? ¿Qué hice mal? Una respuesta buscada en lo más recóndito de su interior no aparecía.
Sin embargo, una segunda revista a lo más profundo comenzó a develar algo que ya sabía. El intendente es un hombre inteligente y su perfil de animal político no lo hace negador. Todo lo contrario. Lo que pasa es que está acostumbrado a jugar fuerte y, en más de una ocasión, esa característica lo lleva al límite.
Acto referencial
La apertura del local partidario en avenida Ramón Hernández, realizado anteanoche, fue la demostración fehaciente de un gesto. La primera fila fue para los leales y “mostrables”, los que suman –podrá decirse que eran los que estaban- pero todos sabemos que a la hora de estar, en política es esencial en qué lugar se está.
La imagen de Fay, el hombre todo terreno, componedor y de buena imagen; las palabras de Oscar Palma, uno de quienes tienen buena imagen por su rol de gestor y el papel de Carolina Echeverría, quien ha asumido el contacto con los distintos actores sociales, son la muestra elocuente de qué quiere mostrar Meoni de la puerta para adentro y de la puerta para afuera. Gestión, efectividad y confrontación cero.
Mesa chica y mesa grande
Todos los dirigentes políticos tienen un derredor que se les torna indispensable para jugar su juego. Pero ese mismos grupo de ad-láteres tienen doble filo. De decir todo que sí al jefe, pasan a querer sumar para su propia cosecha, principalmente cuando se está en un año electoral y los números, reales, duros, fríos, comienzan a mandar por sobre las sensaciones.
La mesa chica es de consulta casi diaria, pero muchas veces alejarse de sus impresiones y consultar a la “mesa grande” da una visión más acertada para la toma de decisiones. Meoni, lo sabe. Y tiene sus hombres de confianza. Para cada tema, el suyo.
Figuras que suman y las otras
Cuando asumió su último período de gestión al frente de la Municipalidad, el conjunto de colaboradores crecía y, como en toda época de festejo, era de canilla abierta. No sólo en lo económico, sino en hacer la vista gorda al acercamiento de algunos personajes que, a la larga, poco aportarían. Pero, como siempre pasa, el líder del grupo tiene una confianza absoluta en su capacidad de “oler” cuando la cosa se descomponga y aplicar el bisturí. Aunque, toda inserción del escalpelo produce una contracción, dolor, y en muchos casos, más de una lágrima.
Fue así como se fueron cumpliendo plazos, períodos y cuando no se pudo excluir, se reacomodó en otro lugar. Pinedo, Gorer, Scévola fueron los funcionarios que –por citar a los más importantes- supieron del lápiz rojo (o por lo menos anaranjado) de Mario.
También se agregó a la implacable decisión del jefe comunal el alcance en otros ámbitos, cercanos a la municipalidad y de dependencia directa: Gas Junín.
Esa encuesta tan temida
Los consultores, para cumplir con su cometido correctamente, deben decir la verdad. Es cierto que hay muchas formas de decirla. Los médicos lo saben muy bien. Y, pese a que sus roles están muy alejados los unos de los otros, tienen un punto en común. Si no quieren traicionar la confianza depositada por sus clientes (aunque algunos lo llamen pacientes) deben poner cara seria, palabra justa y términos muy claros.
Así fue como la “sugerencia” no se hizo esperar. “Mire intendente, si quiere revertir la caída tiene que pasar a segundo plano a algunas caras”. Es decir, por lo menos que se vean lo menos posible, en las fotos, en la televisión, en lo medios.
La claridad del concepto es absoluta. Es decir, los muchachos del comité lo definirían como “sacarse de encima a los piantavotos”.
En este punto, Meoni, siempre rápido a la hora de decidir políticamente, decidió acelerar la articulación con sectores tradicionalmente cercanos al peronismo. Ya había acercado al psicólogo Franco, al nombrarlo en el área de Derechos Humanos entre sus colaboradores. Se sumó un peronista de cuño tradicional, como Abel Vera. A nadie escapa que el socialista (kirchnerista) Sequeira cada vez está más cercano, incluso a través de propias declaraciones efectuadas en las últimas semanas. Y desde otras franjas del pluricolorido justicialismo lugareño, no ven con malos ojos un posible ingreso por la puerta que el sabedor intendente siempre deja abierta, por si las moscas...
Otro ítem que ha sido de difícil manejo para Meoni es la conformación de la lista de acompañantes para agosto y octubre. Su capacidad de convencer siempre fue un elemento utilizado con éxito. El intendente tiene ese perfil de persuasión envidiado por más de uno, pero en esta ocasión se encontró con "más no de los esperados".
Fueron varios los "invitados" que, por "razones personales" prefirieron no subirse al barco y mirar desde la orilla. Cada cual hará su lectura.
Cambiar el perfil de puertas cerradas a dialoguista fue la otra aserción. Meoni llamó a los opositores. Los sentó en una mesa y les dijo: ¿Qué piensan del Junín del futuro?, como si a partir de abril, del mes que corre, se hubiera interesado en saber sus opiniones y hasta marzo todos hubieran estado tan lejos, que no se los podía ubicar para consultarlos sobre decisiones que se hubieran visto fortalecidas por opiniones constructivas de otros sectores.
Se vienen semanas arduas, donde cada acción –como en el ajedrez- tiene múltiples jugadas de respuesta. Y acá no hay que errar la combinación, porque siempre está el peligro del jaque mate inminente.

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