En Salta no hay registros de cuántos adictos deambulan sin rumbo ni esperanzas. Muchos de ellos son perseguidos por robo, violencia doméstica y homicidios.
"Nadie sabe lo que es vivir con un chico adicto, hasta que sufre por uno de ellos", frase remanida que cientos de madres y padres repiten a diario en cualquier barrio de esta capital.
Otros vecinos admiten que vivir con jóvenes que día y noche hacen de los baldíos o esquinas de esta ciudad su lugar de residencia es una invitación al enclaustramiento, a enrejar la propiedad y a no salir cuando ellos están reunidos.
"Nos roban a cualquier hora, y últimamente cualquier cosa, desde una maceta hasta el canasto de hierro forjado que teníamos en la vereda para la basura", dijo escandalizada una vecina de barrio Autódromo.
Un padre de familia del mismo barrio graficó: "No son dos o tres, es una parte importante de la juventud del barrio y no son solo varones o chicos, hay muchas chicas, niñas todavía, deambulando junto a los muchachos", dijo con tristeza, mirando quizá sus años mozos.
Un trabajador de un centro de salud denunció: "Usted no tiene idea de los embarazos adolescentes que están registrados en los centros de salud de villa Floresta, El Manjón, Solidaridad y los barrios del este". Y fue más allá: "Algunas chicas ni siquiera llegaron a la adolescencias, es triste pero ya no hay cómo esconder esta realidad".
Sin entrar en cifras oficiales, un integrante de la Policía dijo a El Tribuno que la muerte producto de las adicciones han tomado en los últimos tiempos niveles de crueldad social.
Al respecto dijo: "Oficialmente ya no quieren que se hagan públicos los suicidios, es decir que si alguien muere en la calle es como un secreto de Estado, se entrega el cuerpo a los familiares y el caso está cerrado".
Al ser preguntado acerca de los números de muertes por este flagelo dijo, sin hacer mueca ni visajes, "son cientos, solo en el este de la capital, en el complejo Solidaridad y los barrios marginales satélites la muerte de jóvenes por suicidio o dolencias atribuidas al consumo ha superado cualquier fantasía, investiguen, pero verán que no hay estadísticas", denunció.
Una familia, que perdió uno de sus integrantes hace un tiempo ya, informó a El Tribuno que el muchacho había muerto mucho tiempo antes que dejara de existir de manera oficial. "Ya no estaba con nosotros, había migrado hacia la costanera del río Arenales, allí murió un día cualquiera", dijo la mamá con tristeza inconfesable.
Sin relevamientos oficiales, se estima que existen miles de adictos a las drogas en esta capital y, según una fuente, más del 30% de la juventud tuvo relación alguna vez con la problemática.
Para un jubilado de barrio Constitución la vergenza no es la droga ni los que la venden o consumen, para él "la vergenza es pública porque no combaten la causa, ocultan los efectos, discriminan, persiguen y castigan a las víctimas del flagelo, él es el verdadero crimen", dijo mirándose las manos.
Los hijos del paco
Aunque parezca una exageración, así como en algún tiempo el folclore culpaba al carnaval y alcohol por el crecimiento de la tasa de nacimientos, hoy los encargados de los centros de salud tienen en claro que muchos de los embarazos de adolescentes se deben a la promiscuidad y al estado de inconsciencia que generan las drogas y el alcohol entre los chicos.
Un dato no menor y relevante es que en determinados barrios, sobre todo en la zona de la costanera del río Arenales, en 20 de Junio, Solidaridad y otros núcleos urbanos de la periferia, las bocas de expendio o comercialización son las que dan la pauta de los adictos.
"La presión de los que consumen hace que cada vez que cierran una boca de expendio se abran al menos dos en las horas próximas", dijo un vecino del barrio 24 de Marzo.Vino a entregar su corazónUna alegoría a la vida o mejor un "mensaje divino", como describió una vecina un parto callejero, en una calle aledaña a una plaza de nuestra capital.Fue en la tarde del 29 de junio, sobre Dionisio Ramos al 1900, en el barrio Municipal. Una joven adicta, de solo 23 años, minutos después de consumir una dosis de paco comenzó a tener contracciones y un inminente trabajo de parto.Caminó hasta la calle y se derrumbó sobre la calzada.Las manos anónimas de tantas mujeres vecinas ayudaron al alumbramiento. Las miradas de cada una de ellas hicieron posible el milagro de la vida, donde la desesperanza lo es todo.Así nacen los niños de las drogas en Salta, en las calles o casi en ella.Nacen mucho más pobres que ningún ser humano, porque nacen desamparados y sin futuro.Son las manos de tanta gente las que hacen posible este desgarro social y, hay que recordar, ese es un delito, no un milagro."Nadie" los mataTodos saben, todos callan esta realidad. Los muertos por las drogas son tantos o más que los que causan los accidentes de tránsito. Pero estos son muertos anónimos, porque cuando dejan este mundo lo hacen en la mayor de las miserias, abandonados hasta por sus propias familias. Cuando llega el fin, solo queda el recuerdo del niño o la niña, aquella sonrisa que fue, porque en la primavera de la adolescencia alguien le abrió la puerta a la oscuridad.
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