Monzón no evidencia señales de arrepentimiento

El confeso asesino de Horacelia Marasca cumple hoy cinco días detenido. Está aislado y no recibe visitas. Hoy comenzarán a realizar la autopsia. El cuerpo estaba partido en cuatro y fue esparcido en la Costanera Oeste

Frío y sin remordimiento, así pasa sus horas dentro del calabozo de una comisaría el confeso femicida Martín Monzón (34), quien hace dos semanas asesinó a puñaladas con un cuchillo carnicero a la adolescente Horacelia Marasca (16) y recién el viernes, se quebró y contó que la descuartizó para luego desechar las partes del cuerpo en distintos sectores de los desagües de la Costanera Oeste, zona donde vivía con quien era su pareja y madre de su sexto hijo, de apenas ocho meses.

 

Por estas horas, atraviesa un período de adaptación a la rutina de encierro, que no será sencillo porque se trata de un interno primario. Está solo en una pequeña celda de seis metros cuadrados a donde llegó después de dormir en un calabozo de la Comisaría Séptima, pero todo indica que en breve pasará a una unidad carcelaria hasta tanto la investigación avance, lo que dará paso a su procesamiento y posteriormente llegará el momento de juzgarlo.

 

No puede recibir visitas ni siquiera de sus familiares más directos, porque está incomunicado y, por lo que manifestaron las fuentes policiales que lo vigilan de cerca, a cinco días de su detención no mostró evidencias de arrepentimiento, sino que hasta ahora reflejó entereza y frialdad pese al atroz crimen que cometió.

 

Esa condición lo mantiene la mayor parte del tiempo despierto, sin omitir palabra o intentar algún contacto verbal con los integrantes de la división Guardia de Infantería, que por disposición de la Justicia no le sacan los ojos de encima. Sospechan que su lucidez podría inducirlo a intentar fugarse o quitarse la vida, por eso protegen su integridad.

 

Doble personalidad

El futuro de Monzón pareciera estar lejos de esa vida tranquila que puertas afuera aparentaba tener en la Chacra 150, pero que adentro provocaba lágrimas de sangre en una joven madre que terminó de la peor manera. “Está desequilibrado tanto emocional y como mentalmente” reconoció a El Territorio una fuente policial que en las últimas horas estuvo en contacto con el acusado y lo argumentó recordando que “luego de asesinar a la chica, denunció que estaba desaparecida y con una tranquilidad que asusta, hasta último momento mantuvo esa versión. Después no le quedó otra que confesar, pero sigue tranquilo”.

 

Recién en esa instancia, luego de contar paso a paso cómo cometió el crimen y la aparición de los restos de Horacelia, quedó al descubierto el perfil violento, misterioso y poco saludable del sujeto que ya tenía varias acusaciones por violencia de género contra su pareja, aunque -según las autoridades de la Policía- ella nunca se animó a denunciar formalmente.

 

Su paso por el barrio fue tan breve como atroz, ya que el departamento A2 que ocupaban había sido intrusado por la pareja hace poco más de un año. No tenía trabajo fijo y realizaba algún que otro arreglo en las casas de sus vecinos más cercanos, quienes incluso lo ayudaban con ropas y alimentos debido a su apariencia de buena gente, que él mismo se encargó de sembrar.

 

“Hacia afuera era un buen chico o parecía eso, porque nunca tuvo problemas con nadie, pero a la chica la golpeaba y eso se sabe en todo el barrio”, describió una vecina contigua, a quien le cuesta creer que “teníamos como vecino a un asesino”.

 

Tal como publico este diario, el confeso femicida es padre de otros cinco chicos de una relación anterior y habría abandonado a su ex pareja para empezar con la adolescente. La investigación apunta también a conocer si la antigua pareja sufría maltratos físicos y si en algún momento radicó alguna denuncia, como también a si Monzón actuó sólo o fue ayudado por otra persona.

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