El prelado invitó a los fieles que llegaron hasta la histórica villa a “volver la mirada a la cruz” y ver a quien está cerca de nosotros. “Cristo sigue clavado en la cruz en estos hermanos nuestros” enfatizó.
Monseñor Polti presidió ayer la misa central de la fiesta chica en honor al Señor de los Milagros de Mailín, que reunió ayer a miles de fieles que llegaron desde diferentes puntos de la provincia y desde provincias vecinas, desafiando el frío y la llovizna.
La jornada comenzó con la misa de bienvenida a los peregrinos que caminaron desde Santiago, cuyo arribo se produjo a las siete de la mañana, y siguió con la procesión y la celebración eucarística principal, presidida por Polti y concelebrada por sacerdotes de la diócesis.
Mensaje
“Nosotros, los viajeros de hoy, muchas veces estamos cansados, otras veces desconfiando de Dios, tentados de buscar otros dioses humanos, engañados por otros y engañando a los otros. Pero a pesar de todo esto, venimos a este Santuario a aprender del que se hizo obediente hasta la muerte y una muerte de cruz, venimos a ‘mirar al que levantaron, a Jesucristo, para que el que crea en Él tenga vida eterna”, indicó Polti en el inicio de su mensaje.
Dijo a los peregrinos que al contemplar la Cruz de Mailín “podemos descubrir no sólo el amor de Dios por cada hombre y por cada mujer, sino también podemos encontrar la fidelidad de Jesucristo a nuestro pueblo santiagueño”.
Haciendo referencia al significado de la cruz, recordó a Santo Tomás de Aquino, quien escribió que en ella se dan “ejemplos de todas las virtudes: amor, paciencia, humildad, obediencia, desapego de las cosas materiales”.
Acentuó que en la vida humana hay grandes cruces, entre las que mencionó “el dolor, la enfermedad, la adversidad, la muerte de los seres queridos, cruces fácilmente visibles y apreciables. Pero además todos tenemos esa cruz de las pequeñas dificultades de todos los días”.
Mirar la cruz
“Hermanos, volvamos nuestra mirada a la cruz. El madero vertical de la cruz, elevándose hacia el cielo, nos recuerda que hemos sido comprados, que hemos sido redimidos a precio no de oro o de plata corruptibles, sino en la sangre preciosa de Jesucristo”, dijo.
Inmediatamente, reflexionó: “El Calvario sigue presente en nuestro mundo, con tantos escenarios, con tanto dolor y sufrimiento. Basta que dirijamos nuestra mirada, simplemente, al que está cerca nuestro, por ejemplo. Cristo sigue clavado en la cruz en estos hermanos nuestros”.
Finalmente pidió al Señor de Mailín: “Danos un corazón semejante al tuyo y enséñanos a tener tus mismos sentimientos; ayúdanos a amar a todos, sin excluir a nadie. Te pedimos la valentía de aceptar nuestra cruz, que seamos capaces de asumirla y comprenderla”.
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