En estos días los inspectores del IPV recorrieron los edificios para verificar si residen los propietarios.
“Departamentos sin habitar, destinados a fiestas de fines de semana o como refugio para encuentros ocasionales”. Así se refieren los jóvenes de El Huayco a los monoambientes que aún no fueron ocupados por sus propietarios.
En estos días, inspectores del Instituto Provincial de la Vivienda (IPV) recorrieron los edificios de la zona norte de la ciudad. El mes pasado se incorporó una decena de agentes para constatar si los adjudicatarios residen en los 1.008 departamentos. No cumplir con la residencia durante los primeros dos años puede desencadenar, por parte del organismo, un proceso para revocar la titularidad de la propiedad.
“El lunes, un inspector tocó la puerta. No lo dejé entrar, por seguridad. Solo tenía una identificación, con una firma en letra chica. Desde afuera, observó que tenía heladera, muebles y Direc TV. No me dejaron ninguna constancia de la visita”, relató una joven de la etapa 17.
“No creo que con una sola visita se pueda comprobar que haya gente que no vive aquí. En el barrio muchos trabajan, sería bueno que los controles se concreten también por la tarde noche. Tampoco se puede hacer una evaluación al ver solo mesas y sillas. Hay personas que dejan sus pertenencias, pero no habitan el monoambiente. Otros son más alevosos, desde el ventanal se ve que el departamento está vacío. Eso molesta porque demuestran que no tenían una necesidad habitacional”, expresó otra joven de la etapa 20.
En febrero del año pasado se entregaron llaves de los monoambientes a los primeros 400 jóvenes adjudicatarios. La última tanda se concedió el 20 de diciembre. En enero de 2013, el presidente del IPV, Fernando Alesanco, había informado que se notificó a 100 propietarios de los departamentos “por sospechas de inhabitabilidad”.
Ayer, El Tribuno intentó comunicarse con el funcionario para conocer el avance de esos procedimientos, pero no fue posible la entrevista. Desde prensa del IPV solo señalaron que “aún no hay desadjudicaciones”. A medida que pasa el tiempo los vecinos de los monoambientes se dan cuenta de que el barrio careció de una planificación. La pelea entre los jóvenes y el Gobierno de las cocheras es solo un capítulo.
El IPV ordenó que se desarmaran todas las estructuras que se levantaron para guardar los vehículos. “Hasta ahora nivelaron el espacio que será destinado a los autos. Averigüé que solo tirarán ripio y harán el cordón cuneta. Esto demuestra que ni siquiera pensaron en el lugar para los vehículos. Peor me pone saber que nuestros departamentos no tienen matrícula”, se lamentó un joven.
Desde un comienzo se sospechó del negociado
La construcción de los monoambientes, anunciada en marzo de 2010 en El Huayco, desató cuestionamientos y sospechas de negociados desde la primera hora. Con más de 30.000 familias en espera de una negada vivienda social, el Gobierno decidió volcar más de $200 millones en los minidepartamentos, de 24 metros cuadrados, para jóvenes solteros.
El desacierto quedó tempranamente evidenciado, al verificarse que solo 1.300 postulantes acreditaron ante la Subsecretaría de la Juventud los requisitos establecidos para acceder a los 1.008 monoambientes.
Con las aguas divididas entre las autoridades del IPV y el entonces Ministerio de Finanzas, funcionarios sin autoridad firmaron el 12 octubre de 2010, por ambos organismos, una sorprendente acta de entrega de los terrenos afectados al proyecto.
Entre tanto, Obras Públicas avanzó con adjudicaciones directas que favorecieron a 21 constructoras, con contratos por cerca de $3,5 millones por cada módulo de 48 monoambientes. No todas las empresas ejecutaron las obras con una calidad aceptable, así lo confirman decenas de denuncias de los adjudicatarios.
Constancias documentales, que soslayaron los organismos de control, indican que la construcción avanzó sin que los responsables cuenten con los estudios de impacto ambiental, dominio de los terrenos, catastros, habilitaciones municipales ni otras exigencias previas a la obra.
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