La mamá de la Mona Jiménez: Soy la seguidora número uno de mi hijo

La mamá de la Mona Jiménez: Soy la seguidora número uno de mi hijo
Algunos dicen que Carlitos Jiménez "no tiene abuela". Lo cierto es que tiene mamá: se llama Ecilda Rufino, y acá te la presentamos.

Se dice que Carlitos Jimenez es “el cordobés más famoso”. Sin embargo, de su mamá, doña Ecilda Rufino, no puede decirse lo mismo. Y es que en tantos años de carrera, la señora acompañó a su hijo bien de cerca, pero con muy bajo perfil, lo que la hizo reconocible solo entre “los moneros” más fanáticos.

Con motivo del Día de la Madre, desde Día a Día propusimos a la mujer dejar de lado por un rato ese bajo perfil para repasar las anécdotas más jugosas que atesora con su hijo famoso; tanto en sus primeros pasos como cantante profesional, como también durante la infancia, una época en la que –sostiene– era bien difícil ser mamá.

“En esos años ser madre soltera era una vergüenza muy grande… como si fuera una enfermedad venérea”, dice hoy Ecilda, rememorando sus tiernos 18, el momento en el que fue madre por primera vez de Tito, el hermano un año mayor a Carlitos.

“Cuando quedé embarazada, me enteré que mi marido era casado y separado. Yo no lo sabía, mi mamá me quería matar. Por esos días le tenía miedo hasta a lo que dijeran los vecinos. Sin embargo no me importó; yo lo defendí”, replica Ecilda.

–Supongo que además de ese problema, ser madre en esos tiempo implicaba un trabajo más abnegado que en la actualidad… ¿no?

–¡Claro! No había pañales descartables, había que lavar todo a mano. Para cocinar tampoco había mucha ayuda. Imagínate que a mis dos primeros hijos los crié casi como mellizos, eso demandaba tiempo. Por suerte mi marido no me abandonó. Mi papá, que era muy estricto, le dejó que viniera a vivir con nosotros. Luego, cuando nacieron los chicos, nos dejaron ir a vivir juntos… nos mudamos a un chalet en Calle Las Playas, de barrio Escobar, un plan de viviendas construidas por Evita.

–Por lo que tengo entendido desde pequeños sus hijos fueron bien independientes, ¿no?

–Sí, muy. Ya desde los 13 años mi marido los mandaba a bailar, para que salieran bien machitos. A esa edad ya iban a los cabaret; las mujeres los escondían debajo de la mesa cuando aparecía la Policía. Ya sabían bailar el tango, eran arrabaleros como mi marido…

–¿Y llevaban noviecitas a casa?

–¡Ellos se iban a vivir con las chicas! Eran muy sinvergüenzas. Salían del baile y se iban con una chica a algún hotel. A veces se iban a las casas de las muchachas, vivian allá 15 o 20 días y volvían a casa. A los tres días volvían a salir con el bolso. Eran terribles.

–¿Qué volvieran al hogar de la familia era signo de que ustedes los mimaban bastante, no?

–Sí, claro. Mi marido les daba dinero para salir y yo también les daba platita que tenía guardada. También les compraba corbatas y camisas para que salgan bien vestidos, incluso a veces les compraba ropa también a los amigos. ¡Pero ojo!, la ropa la elegían mis hijos, yo no quería que ocurra lo mismo que me hacía mi madre: obligarme a usar prendas que no elegía.

–¿Ese aguante familiar también se dio con lo artístico?

–Y si… a los 12 años Carlitos ya andaba cantando, imaginate que yo escuchaba mucho al Cuarteto Leo. En un momento quisieron aprender guitarra y mi marido les compró unas eléctricas para los dos más grandes, y una batería para el más chico. ¡La casa era un lío! Pero igual aguantábamos; uno hacía cualquier cosa por fomentarles el vicio… ¡Si hasta tomaban clases de música y yo escuchaba los ensayos por teléfono!.

La carrera profesional. En 1967 Carlitos Jimenez debutó formalmente en el auditorio de LV2, a los 14 años, con el Cuarteto Juvenil Berna. Por esos días además de cantar, trabajaba en una zapatería. Un día, el patrón comenzó a notar que faltaba demasiado al trabajo los fines de semana, así que le dio un últimatum: o cantaba o trabajaba. “Nosotros le aconsejamos a Carlitos que se dedique a lo que más le gustaba… cantar. No cualquier padre dice eso; nosotros sí porque veíamos que lo hacía con alegría. Éramos una familia de mente abierta”, evoca Ecilda.

Cuando Carlitos comenzó su carrera profesional, Ecilda no se alejó, ni mucho menos: de hecho comenzó a ayudarlo administrando la taquilla de los bailes, cada fin de semana. Junto a su hermana, la señora de Coquito Ramaló, se pasaba horas en las boleterías vendiendo entradas para las matinés, los bailes de la noche y los de trasnoche.

“Fueron casi 10 años, hasta que un día mi hijo me pidió que no lo haga más. Confieso que me dolió cuando lo dijo; pensé que ya no me quería. Pero luego me explicó que era para que pudiera disfrutar más de los bailes, algo que no podía hacer. Y sabes que… tenía razón”, reflexiona la mamá de la Mona.

Desde ese momento Ecilda sigue de cerca la carrera de su hijo más famoso, pero desde otro lado: como fanática. De hecho escucha activamente los programas sobre “La Mona” que se hacen en Radio Libre, colecciona todo lo que se imprime sobre el cantante y hasta va a los bailes una o dos veces por mes.

“Cuando voy, vuelvo tan emocionada que no puedo dormir. Me pone muy orgullosa que la gente quiera a mi hijo cada día más. Y no tengo dudas… soy su seguidora número uno”, dice con una sonrisa.

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Perfil

Ecilda Rufino es salteña, criada en Santiago del Estero. Sin embargo, llegó a Córdoba con su familia en plena adolescencia, cuando su papá ferroviario fue trasladado a trabajar en la ciudad. Por unos meses el sueldo de su padre estuvo congelado, por lo que Ecilda salió a buscar empleo y lo consiguió en la fábrica de fósforos. Así fue como conoció “al Tucumano”, un trabajador de Epec que luego sería su marido y padre de sus hijos.

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