Sentimientos extremos de amor y odio. Amenazas de muerte con el arma de fuego reglamentaria. Mensajes de texto con el mismo tono.
Una pareja de compañeros de trabajo que han iniciado una relación sentimental dicen estar padeciendo una verdadera pesadilla. El se llama Cristian (25) y ella Paola y los padecimientos incluso les está generando problemas laborales en la sucursal de un supermercados de zona norte.
Es que Paola (33) convivía meses atrás con Marcelo (30), un cabo 1ro. de la policía provincial del cual dice haberse separado por cuestiones de violencia de género, violencia que ahora se trasladó hacia su nueva pareja y con escenas dignas de una cuestión obsesiva que quieren hacerlas públicas antes de que sea demasiado tarde.
“De esto tienen conocimiento en la Unidad Regional y también en la División Operaciones, consideramos que esta persona debe brindar protección y seguridad a la comunidad, pero no es así, está desquiciado, de otra manera no comprendemos su proceder...” señalaban a este medio para contar que desde hace aproximadamente tres meses viven con el corazón en la boca.
“La primera vez fue cuando fui a llevar en mi auto a Paola a la casa de su mamá en Km. 5, cuando volvía me tiró el auto encima y me mostró su arma reglamentaria en clara señal de intimidación; guardo todos los mensajes que me mandó con amenazas, pero ahora directamente dice que me va a matar. Si hasta llegó a llamarla a Paola diciéndole que me tenía en el baúl de su auto, y otra vez cuando ella vivía en Palazzo estaba por entrar a su casa cuando él apareció de golpe y la quiso meter de prepo, pero logró meterse en la casa de una vecina...”
Paola y Marcelo tienen una hija en común que tiene 6 años. Cuentan que una tarde el policía llamó a casa de Paola y atendió la nena y le escucharon decirle “sabés que papá ya sabe con quien se está encamando tu mamá...”, y entonces Paola que había escuchado tuvo que cortar abruptamente para evitar que la niña siga escuchando palabras soeces, según contaron.
Pero el viernes de la semana pasada cuentan que sucedió lo peor, ya que el cabo 1ro. llegó en el cuatri policial, uniformado y entrando desafiante al supermercados y con la pistola en la cintura, haciendo señas a Cristian de que estaba dispuesto a todo.
Hubo forcejeos entre el hombre de operaciones, el policía que cumplía servicio adicional y el personal de seguridad del comercio, y también intervención de otros policías que para evitar males mayores, le sacaron preventivamente el arma reglamentaria.
“Está mal este hombre, en el estado en que está no puede andar trabajando, creemos que la propia institución policial debe intervenir, pero hemos hecho denuncias y hasta un propio suboficial que conoce estas historias de amenazas escribió un sumario administrativo, pero el segundo jefe se negó luego a firmarlo; de esto tiene también conocimiento el Jefe de Operaciones, pero no hacen nada de nada, acaso están esperando que cometa una desgracia?...” señalaban los denunciantes.
Otro capítulo de la historia
Cabe aclarar que antes de hacer pública esta historia, este medio se comunicó con el titular de la Unidad Regional Comodoro Rivadavia de Policía, comisario mayor Luis Alberto Butazzi, quien dijo estar al tanto de los hechos y que “tengo entendido que hay un proceso de separación y que está todo judicializado y que esta persona tiene prohibición de acercamiento, entre otras medidas impuestas por la Justicia; se trata de un hombre joven que incluso estuvo recibiendo la contención de sus compañeros” señaló el titular de la U.R.C.R. que como medida preventiva ordenó en forma inmediata que al cabo 1ro. le saquen el arma reglamentaria. Y así fue. Ese mismo martes la pareja acudió a una nueva audiencia donde Marcelo le pidió disculpas a Paula y prometió que no la acosaría más.
Pero, según trascendió, el obsesivo policía o bien sustrajo su arma reglamentaria del lugar donde la habían dejado a resguardo o se hizo de otra similar y el miércoles a la noche apareció nuevamente por las puertas del supermercados donde trabajan Cristian y Paola y los esperaba a la salida, al parecer, con firmes intenciones de cumplir sus amenazas. Mientras esperaba detectó el automóvil de Cristian estacionado y la emprendió a golpes, destrozándole los vidrios y también cortándole con un arma blanca los neumáticos, denunciaron.
Fueron momentos de extrema tensión que motivó el arribo de varios colegas uniformados para persuadirlo en sus intenciones y también porque quiso atentar contra su propia vida. Tras varios minutos, lograron finalmente desarmarlo y llevarlo esposado a la comisaría y luego por su estado de crisis emocional, al Hospital Regional.
Enterado de la extrema situación, el propio comisario mayor Luis Butazzi se apersonó en la Comisaría Mosconi y se entrevistó con la pareja que realizaba la denuncia. Marcelino fue trasladado detenido a la Comisaría Séptima y ayer comparecía a una audiencia de control de detención.
“Este hombre evidentemente no está en sus cabales y necesita urgente atención psicológica, porque si queda en libertad y sigue con su obsesión, esta historia puede terminar en una tragedia” señalaba un familiar de los denunciantes.
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