El “operativo reelección” del intendente Javier Bertoldi vivió en la semana un virtual tsunami, donde no se sabe si la magnitud de las olas impactará sobre las costas que conforman los acuerdos internos del peronismo.Se sabe por varias fuentes fidedignas que hubo una fuerte discusión dentro de la Unidad Básica local, entre Bertoldi y el presidente del Concejo Deliberante y titular del peronismo local y Oscar Nahuel.
Lo de hipócrita se refiere a una cuestión de aceleración. Un gobierno debe tomar decisiones que están mucho más allá del asambleísmo. Y ese exceso de pragmatismo, muchas veces es interpretado como un “desplante” de “las bases”.
Bertoldi se paró y se fue de la casa partidaria, e incluso habría amenazado con poner en duda su reelección, ante el planteo de Nahuel. Se supo que más tarde hubo una conversación telefónica para acercar las diferencias, y que todo se arregló pero la discusión fue desafortunada; mucho más ante una sala colmada de militantes y en plena definición política provincial y local.
En realidad no existe una interna de poder entre dos personas, sino dos formas distintas de ver y actuar sobre la realidad. Bertoldi es pragmático y viene de un esquema técnico-empresarial, que muchas veces dista de la lentitud del ideologismo.
Nahuel, en cambio, es un militante y un cuadro político. Su fuerte es la política, que nada tiene que ver con la administración. Para un gobierno, son necesarias las dos patas, tanto la administración como la política, y si estas dos aristas están separadas, es probable que una gestión fracase.
El peronismo ortodoxo local nunca hubiera llegado al poder de no existir Bertoldi. Pero es probable que éste último no sobreviva si tampoco tiende un amistoso puente hacia personas, modos y formas de ver la realidad que ciertamente han caído en desuso.
La de junio será una elección difícil. Con un padrón que supere los 24.000 electores, habrá un concejal más, es decir, 9 ediles en danza. Esto implica que quien se imponga tendrá que cosechar entre 7.500 y 8.000 votos, un número que tanto el oficialismo como el MPN no lo lograrán sino con la ayuda de listas colectoras. Esto implica un marco de alianzas.
Pero las aperturas tienen sus riesgos. El próximo será el último período de Bertoldi, y elegir concejales de dudosa lealtad podría darle más que un dolor de cabeza en el tercer año de gestión, cuando más necesite proyectarse a nivel provincial, o dejar un espacio de continuidad local.
El mal del peronismo es que no existe un espacio para dos líderes. Quien manda, manda solo y los demás obedecen. Será tiempo de que esta estructura rígida cambie. Un político seguro hace que su poder “circule”, pues sabe que con su seguridad, no tiene nada que perder.
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