Volvió a faltarle frescura en la creación. Por eso, la claridad de Correa y el desequilibrio de Núñez también subieron al podio
El uno a cero tapizó de tranquilidad la imagen global de un equipo al que le modificaron el disco rígido y todavía, es lógico, no rinde como pretende. Le cambiaron el mensaje, la idea y el primer mérito para destacarle es que algo se percibe. Su flamante conductor táctico está convencido (virtud fundamental en cualquier aspecto de la vida) de que “salir jugando con pelota dominada desde el fondo” no sólo es una opción muy saludable para edificar su libreto ofensivo, sino que es la mejor.
Por ahora, lo intenta, lo busca, aunque todavía está lejos de tenerlo incorporado a la matriz de su identidad. El primer tiempo fue malo. Estudiantes careció de frescura. Sin una brisa de picardía, es imposible dejar de ser previsible. Y ese defecto marcó el pulso de la impotencia albirroja durante el capítulo inicial.
Lo bueno es que ahora factura. Antes mostraba una flacidez en ataque similar y sumaba casi nunca. Esa diferencia cambia mucho. Las victorias disimulan errores, elevan la autoestima, siembran motivación y, muy especialmente, le abren la puerta al optimismo. Estudiantes es hoy un equipo que no juega como quiere, pero que está empezando a encariñarse con el camino y las formas que lo han hecho sonreír.
ORO NEGRO
En plena furia por el blanqueo de riquezas, el “León” de Mauricio acumula capitales festivos en negro. Los esconde debajo de la timidez de ese chico al que pocos le conocen el tono de voz. Es que Duvan no habla, hace gritar a los demás. La piel oscura que sus marcadores individualizan a larga distancia se ha vuelto el emblema de gol en tiempos precarios.
La jugada que coronó de cabeza fue la joya encontrada en un partido difícil de soportar. Correa, el tucumano que clarificó el tránsito en tres cuartos de cancha, tocó con Román, Martínez se la devolvió, la pelota llegó limpita para la corrida de Núñez (podrá gustar o no, pero es un wing moderno que se luce desequilibrando por derecha), y Maxi volvió a servir un centro preciso. Zapata hizo el resto con un anticipo brillante.
El único gol de la noche del lunes respetó la premisa de “jugar a los pases”. Escrito así parece una mirada infantil sobre una batalla profesional, aunque los pases bien construidos no pasan de moda. Darle la pelota a un compañero en el tiempo y en la forma correctos sigue siendo la base del fútbol bien jugado.
La reconstrucción de Estudiantes ya empezó. Lenta y con tropiezos igual es una buena noticia.

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