Un proyecto del Conicet las pone contra las cuerdas
Las cucarachas vieron nacer y extinguirse a los dinosaurios, y hoy siguen vivitas y coleando sin haber sufrido ningún cambio desde entonces. Así las cosas, pensar en eliminarlas sería perder el tiempo organizando una suerte de misión imposible. Pero cuatro científicas platenses han comprobado que no sólo se puede “manejar” a la versión domiciliaria de estos insectos altamente perjudiciales para la salud, sino que es posible hacerlo prescindiendo de los tóxicos productos químicos. Y lo aseguran tras haberlos estudiado por más de diez años. Hoy, mientras experimentan en un laboratorio con un organismo microscópico que podría llegar a convertirse en la base de un método natural para matarlas, están desarrollando un proyecto educativo de extensión con el fin de alejarlas de los comedores escolares y hospitalarios y de los hogares para evitar que colonicen. Y si lo hacen, para darles el golpe de gracia. Todo en base a productos tan sanos como el laurel, el pepino, el ajo, el azúcar, la harina y hasta el sahumerio. Vale la pena conocer más sobre esta cruzada contra uno de los bichos más antipáticos que existen. En el Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (Cepave, Conicet-UNLP), la investigadora de la CIC y directora del proyecto, Nora Camino, cuenta que hay cucarachas silvestres, peridomiciliarias y domiciliarias, y que, como si respetaran a rajatabla sus hábitats, las dos primeras no ingresan a las viviendas. “En el tiempo hubo una evolución, de las silvestres a las peridomiciliarias y de éstas a las domiciliarias, que son las únicas que se adaptaron a convivir con el ser humano”, reseña. LA SALUD EN JUEGO Las que ‘se amigaron’ con el hombre son de tres tipos. “Está la germánica, llamada así porque es rubia; la americana, de color rojizo, y la orientalis, que es la negra, grande, y cada vez menos presente”, detalla la científica, para indicar que la que está dominando es la germánica, por su capacidad para poner mayor cantidad de huevos, por un lado, y por su tamaño, por el otro. “Al ser pequeña pasa por cualquier rendija, por más estrecha que sea”, indica Camino. Pero lo cierto es que todas son igualmente perjudiciales para la salud, de grandes y, sobre todo, de bebés y niños. “Llevan en sus patas microorganismos que contaminan los alimentos y enseres de la cocina. Provocan enfermedades relacionadas con el tracto digestivo, como diarrea, salmonella, y distintas bacteriosis y virosis. Pero además, está científicamente comprobado que cuando defecan eliminan una proteína que se pulveriza y flota en el ambiente, se respira, y en los bebés causa asma”, advierte. Definitivamente, hay que alejarlas del hogar. Principalmente de la cocina. Y para ello no hay que usar ciertos productos que matan a los organismos naturales a los que ‘más temen’ las cucarachas, como la lavandina. “Hay que usar productos naturales, no tóxicos para niños ni mascotas. Son muy eficaces, está probado”, dice la investigadora, quien experimentó en su propia casa y en las de Sandra González, Fernanda Achinelly y Fernanda Zanca, integrantes de su equipo, así como en el bioterio del Cepave. LA LEY NATURAL Antes de pasar a las recetas manuales, Camino explica cuándo y cómo nace el proyecto. “Hace más de diez años encontramos nematodes en las cucarachas, organismos invertebrados pluricelulares que las matan o enferman”, relata la investigadora. Y los describe. “Hay parásitos que se ubican en tal cantidad en el intestino del insecto que le cambia el comportamiento. Sale del nido, no tiene hambre y se muestra muy lento. Es casi imposible atraparlo en plenitud, por eso, cuando uno puede matarlo pisándolo o ve que lo atrapó una mascota, es porque está parasitado”, explica. Otro nematode es el ectoparásito. “Es externo, toma la forma de un pelo, y enferma a la cucaracha porque le succiona los jugos”, señala, para referirse a los dos que las matan: “Están los parasitoides, que pasan a un estado juvenil y no se reproducen. Y finalmente los patógenos, que se prolongan por dos generaciones y sí se reproducen”, detalla. Dos cosas importantes: “En primer lugar, la lavandina mata a estos organismos, por ello es que en la cocina no hay que usarla; se debe limpiar con agua con detergente y un buen chorro de vinagre”, indica la investigadora. En segundo lugar, cuenta que “con un patógeno específico y nativo, que hallamos en la zona de Villa Elisa, estamos desarrollando un ensayo en laboratorio, y hasta ahora se ha mostrado como un promisorio agente de control”. Microscópico, este organismo podría ser la base de un futuro matacucarachas natural, que podría utilizarse en formato de spray. Mientras tanto... Las científicas recurrieron a un libro editado en Estados Unidos sobre prácticas manuales para el manejo de las cucarachas en la cocina, con el objeto de ahuyentarlas para que no colonicen, y si lo hacen, para eliminar los nidos. Algunas son recetas caseras que “muchas abuelas conocen, pero hemos notado que se perdió la transmisión de conocimientos de generación en generación”, dicen las expertas, quienes presentaron el proyecto “manejo de cucarachas” en comedores escolares, que ya fue acreditado por la UNLP. REPELENTES Y CEBOS CASEROS Hojas de laurel -cuanto más verdes, mejor-, rodajas de pepino y de ajo y el sahumerio “provocan un olor que las repele”, dicen las científicas, quienes aclaran que el pepino y el ajo hay que cambiarlo día por medio porque pierden efecto. El objetivo es que no colonicen. Si lo hacen, los repelentes naturales ya no hacen efecto. Pero se pueden fabricar cebos “con harina, azúcar y borax. Si bien el ácido bórico es tóxico, su nivel de toxicidad es mínimo; con un lavado de manos alcanza”, apunta Camino. Y explica que con esos ingredientes “se hacen bolitas que se colocan detrás de la heladera, arriba de la alacena o en el fondo de los cajones, es decir, siempre lejos de niños y mascotas”. ¿Cómo actúan? “Como un potente cebo, ya que les encanta la harina. Entonces comen, van al nido y mueren, y como son caníbales, se van comiendo entre sí”, explica. Como en la Región están a sus anchas porque viven en ambientes húmedos, en el Cepave aconsejan cubrir las rejillas de los desagües lo más posible, tapar las grietas -sus lugares favoritos-, no dejar a la noche el trapo rejilla en la cocina -de allí beben agua-, ni alimentos expuestos. “Donde no hay comida, no colonizan”, remarcan. En cuanto a los insecticidas químicos, Nora Camino reconoce que “hay algunos muy eficaces, pero muy tóxicos”. “Cuando se rocía el ambiente, el contenido se esparce por todos lados y es peligroso para chiquitos, perros y gatos. Es más, hay algunos nuevos que son fulminantes, pero bravísimos si se los estudia por su nivel de toxicidad”, realza. “A raíz de la investigación que hicimos, decidimos que es necesario educar, y en eso se basa nuestro proyecto”, remata.
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