La mitad de las faltas de tránsito no se sanciona

Los inspectores controlan más el mal estacionamiento que la violación de luz roja, el exceso de velocidad o la eventual ebriedad del conductor.
Su pie se mueve ansioso sobre el acelerador. Lo revela el ruido del motor. El vehículo, un VW Gol gris, está parado sobre la senda peatonal en Maipú primera cuadra. Espera el rojo del semáforo. No el que está frente a él sino el de la esquina diagonal. Y aprieta el pedal derecho a fondo antes del cambio de color. En cuestión de segundos llega a la próxima cuadra. El conductor no lleva puesto el cinturón de seguridad. Envía mensajes de texto y se adelanta a otros autos por la derecha. En la puerta de un negocio, en Chacabuco al 100, se para en doble fila, enciende las balizas y baja. Fueron en total dos cuadras y ocho infracciones. Sin embargo, el varita que lo está observando saca su talonario y le labra una multa por una sola falta: mal estacionamiento.

Juan S. es inspector de Tránsito hace más de 10 años. Asegura que de cada cinco automovilistas cuatro cometen infracciones, y que casi todos los motociclistas son transgresores de las normas, al igual que la mayoría de los peatones. "No se puede sancionar todo; hay muchas cuestiones culturales. Lo que más multamos es el mal estacionamiento porque es lo que más le duele al infractor. Además, esta falta la debemos sancionar sí o sí porque tiene que ver con el orden de la ciudad", aseguró.

Los varitas opinan que los trabarruedas tienen un impactante efecto psicológico sobre el infractor. Y reconocen que, en las calles, se controla más el mal estacionamiento que las faltas graves. También lo dicen las estadísticas: de los 50 artículos que contiene el Código de Faltas de tránsito de San Miguel de Tucumán, sólo se sanciona la mitad. Y hay más: del total de actas de infracción que se labran cada año (unas 40.000), un 35 % corresponde a infracciones graves; el resto son leves.

Los inspectores reconocen que el exceso de velocidad, la falta de respeto al peatón y la violación de los semáforos en rojo son las faltas de tránsito más graves y frecuentes. A la hora de sancionar la prioridad es otra: sobre 3.500 infracciones que se hacen por mes, unas 1.800 son por estacionamiento indebido. Según explicaron, las políticas de tránsito en la ciudad siempre estuvieron orientadas al reordenamiento del sistema vial y no a evitar accidentes.

"Si tuviéramos que sancionar todo estaríamos realmente tapados de multas. Mucho de nuestro trabajo tiene que ver con lo educativo. Hablamos siempre con los infractores, intentamos concientizarlos. No somos tan rigurosos cuando la falta no es tan grave", explicó el director de Tránsito de la capital, Carlos Soto.

Según el funcionario, que la mayoría de las infracciones tengan que ver con el orden tiene su explicación: "tenemos calles muy angostas y cada vez hay más autos. El tucumano no está acostumbrado a caminar; ha naturalizado el estacionamiento en doble fila porque quiere llegar hasta la puerta de todo. Así no se puede. Llenamos el centro de semáforos, inspectores y cámaras y ni siquiera así podemos detener las transgresiones".

El concejal José Luis Avignone tiene otra visión de la problemática. Según él, se tiende a labrar las infracciones más fáciles de detectar. En cambio, las faltas graves, tales como exceso de velocidad o alcoholismo, han sido sistemáticamente descuidadas.

Bastantes conductores se aprovechan de eso. Un ejemplo es la velocidad. Como el exceso no se controla, muchos pisan el acelerador más de la cuenta en las avenidas. Si no hay varitas, pasan el semáforo en rojo o hablan sin cuidados por celular. Si aparece un inspector enseguida tiran el aparato en el asiento de acompañante.

La ciudad es una jungla de infracciones, reconocen automovilistas y peatones. Algo tiene que ver el tránsito caótico en esa comparación. Cerca de 350.000 vehículos ingresan cada día a 12 manzanas del microcentro. En horas pico, en cualquier esquina, no hay que hacer demasiados esfuerzos para encontrar transgresiones.

Esta vez, la lupa se dirige a 24 de Septiembre y Muñecas. Es jueves al mediodía. Como ningún conductor respeta a los transeúntes ni al semáforo, el agente Luis se convierte en un "niñero" para cuidar que no haya accidentes. Así y todo, mientras sus brazos están extendidos una moto pasa a toda velocidad haciendo zig zag entre la gente. El inspector pierde los estribos y comienza a insultar al motociclista. Muchos de los que pasan por allí intentan agredir al varita. El caos vuelve a apoderarse del tránsito. Y, una vez más, el desorden supera a la norma.

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