El mismo final

El mismo final
Quilmes hizo todo lo posible para ir por la hazaña en el cierre, pero no le alcanzó y Peñarol se quedó con el triunfo por 91 a 86, en el arranque de la Liga Nacional. Ahora, el "milrayitas" domina el historial por 68 a 33.
A pesar de la diferencia de jerarquía entre un plantel y otro, Quilmes emparejó las acciones y llevó el trámite a un final cerrado, pero Peñarol supo aguantar los embates y se quedó con el triunfo por 91 a 86, en el Superclásico 101 entre los equipos marplatenses, en lo que fue el debut de ambos en la temporada 2013/14 de la Liga Nacional de Básquetbol. Facundo Campazzo fue el mejor jugador de la noche con 24 puntos, 6 rebotes, 6 asistencias y 6 pelotas recuperadas, bien acompañado por Leo Gutiérrez que fue de mayor a menor y terminó con 20 puntos. Del lado del “cervecero”, se destacó Walter Baxley con 31 unidades. Una verdadera fiesta se vivió en el Polideportivo “Islas Malvinas”, con más de 7000 personas que alentaron los cuarenta minutos.

El comienzo del partido fue con la misma intensidad que se vivía en las tribunas. Con mucha presión en la defensa de Peñarol, que lo llevó a cometer muchos errores a Quilmes, que perdió cuatro pelotas en tres minutos, tres de ellas recuperadas por Campazzo. Después de arrancar 6 a 2 el “tricolor”, reaccionó el “milrayitas” y con un triple de Gutiérrez comenzó un parcial de 10-0 para pasar al frente por 12-2. A los de Ramella le costaba más atacar, pero se las ingenió para equiparar las acciones e igualar el juego en 14, con una buena participación en la pintura y de Walter Baxley desde afuera. Pero cuando el tanteador estaba empatado apareció Leo con dos bombas desde el mismo lugar, en la cara de Ghersetti, para despegar otra vez (20-16) a los de Rivero, que desbordaron al “cervecero” con juego colectivo y se fueron al primer descanso corto arriba por 8: 24-16

Los dos técnicos movieron el banco para el segundo parcial, pero el juego no cambiaba, los ataques de Peña eran claros, con buena circulación de pelota y efectividad, mientras que los de Quilmes eran forzados, más sucios, pero le alcanzaron para mantenerse en juego (27-20). El único de los titulares que se mantenía en cancha en el local era Leiva, por eso el equipo perdió fluidez y rápidamente el “Tulo” pidió minuto para reacomodar las cosas. Sin embargo, al regreso del tiempo muerto, Sosa marró un triple, Sahdi facturó del otro lado y luego metió dos libres para empatar el partido en 27. A Rivero no le gustaba nada como estaba el equipo y devolvió al campo a Gutiérrez, Campazzo y Boccia. Como efecto contagio, con esos tres en cancha, Isaac Sosa la clavó de afuera y, enseguida, Leo volvió a golpear para devolverle la delantera a Peñarol por 33-29. La diferencia era que cuando Quilmes se equivocaba, su rival no lo perdonaba. Corría y definía bajo las tablas, por lo que se escapaba nuevamente en el marcador (38-32). Los dos minutos finales fueron entretenidos, parejos, con más errores que aciertos de ambos lados, por lo que se fueron con la misma distancia al vestuario: Peñarol 43 – Quilmes 37

El arranque del complemento fue el “Show de Campazzo”. Un robo, un doble y un triple en dos minutos, le permitió despegar otra vez a su equipo que, con una “bomba” de Gutiérrez se alejó aún más, sacó 14 de ventaja (51-37) y obligó al rápido tiempo muerto solicitado por Ramella. El trámite no cambiaba, el control del partido estaba en las manos de Peñarol que manejaba los tiempos, cuando aceleraba se alejaba y cuando sacaba el pie del acelerador o no mantenía la intensidad defensiva, Quilmes buscaba descontar la diferencia y se mantenía a diez (54-44). Un robo de Weigand, que abrió para el triple de Campazzo hizo explotar a la parte albiazul del estadio, porque frenó cualquier atisbo de reacción “tricolor” y sacar una distancia que merodeaba los 15, puntos más, puntos menos, pero con un total dominio “milrayitas” que ingresó al cuarto final 69 a 52.

El objetivo de Quilmes era terminar lo mejor posible el partido y aprovechar a sumar rodaje para encontrar el rendimiento que Leandro Ramella espera para su equipo, mientras que Fernando Rivero aprovechó para rotar mucho el plantel, que todos jugaran una cantidad parecida de minutos, teniendo en cuenta el viaje que se viene a Ecuador para el cuadrangular de la Liga Sudamericana. Adentro no pasaba demasiado, el “tricolor” no logró meter una racha que lo llevara a ilusionarse con un cierre ajustado. Pero afuera se vivía una fiesta, con más de 7000 personas alentando a sus equipos, con folklore, poniendo un marco que se extrañaba en el Polideportivo.

Sin embargo, a 4’ para el cierre, un triple de Sahdi, el "tricolor" se animó y, casi sin pensarlo, se puso a 10 (80-70), con bastante por jugar y con muchos jugadores cargados de faltas del lado del local (Campazzo, Gutiérrez, Weigand, Sosa y Boccia, todos con 4). Quilmes iba por el milagro, Baxley se puso el equipo al hombro y lo dejó a 7 (81-74). El golpe final pareció darlo Martín Leiva, con un triple, desde el costado, impensado, que hizo estallar al pueblo “milrayitas” y despertó la sonrisa casi de bronca de los quilmeños que no podían creer lo que había pasado. Pero los de Ramella no se resignaron y con una “bomba” de Sahdi se pusieron a 5 (86-81) con poco más de un minuto en el reloj. El final fue emotivo, un partido que no parecía tener lugar para las emociones dentro del campo de juego, terminó ajustado, gracias al corazón de Quilmes que no escatimó en esfuerzo, en entrega, en corazón y dejó hasta la última gota de sudor para ir por la hazaña que no llegó por poco, porque finalmente Peñarol se llevó el juego por 91 a 86, con dos libres de Campazzo cuando Sahdi había generado incertidumbre con un triple que lo puso a 3 a 15” del final.

Más allá del resultado, los dos terminan ganando en cierta forma. Peñarol por el envión anímico que brinda ganar el clásico, por haber demostrado en algunos momentos que tiene la fisonomía de equipo y muchos de sus jugadores se irán acoplando a medida que pasen las fechas. Quilmes, por no haber sido avasallado por un conjunto que tiene un presupuesto varias veces mayor, con jugadores de Selección y con un plantel para pelear la Liga Nacional, haciéndolo jugar hasta el último segundo y dejando una mejor imagen en el tramo final pese a la derrota.

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