Cuatro testigos complicaron más al camarista federal. El juez, cada vez más cerca de la remoción
EN EL PRECIPICIO. No era la primera vez que Faingold contaba su historia. Ya lo había hecho en el juicio por delitos de lesa humanidad que se lleva adelante en Mendoza (ver aparte) y en una ocasión había visitado la Comisión de Disciplina y Acusación del Consejo de la Magistratura, cuando la investigación sobre Miret parecía destinada al juicio político. De hecho, Faingold y su madre, quien también declaró ayer, fueron dos de las testigos clave que presentó hace unos meses el entonces consejero Héctor Masquelet. Pero esta vez era diferente, su testimonio ya tenía como contexto el juicio político y a la hora de hablar no hubo discrepancias con sus dichos anteriores.
“Yo estaba en muy mal estado, lo único que recuerdo es a Miret gritándome, tratando de encontrar algo en mi contra, me preguntó por mis apuntes de escuela”, relató la mujer que fue detenida en 1975. Hace 35 años, Faingold acompañó a su pareja, León Glogowsky, y a otra chica a una vivienda de unos amigos de ellos y luego de esperar en el auto varios minutos se bajó a buscarlos.
Al llegar a la casa y golpear, le abrieron la puerta rápidamente, la metieron y la encapucharon. Poco tiempo después estaba tirada en un calabozo del D2 y siendo abusada por sus captores, quienes la tendrían detenida allí por una semana a pesar de sus 17 años. Faingold en su declaración ante el Jurado de Enjuiciamiento también señaló haberse sentido discriminada por su apellido judío y explicó que Miret la trató “como un nazi”, cuando le tomó declaratoria. El juez, quien se había negado a devolverla a sus padres a pesar de la edad, la recibió en su despacho durante la detención para tomarle declaración.
“Me gritaba, me trataba de subversiva”, explicó la mujer, quien recordó que en la mitad de su declaración ingresó su madre, algo que fue confirmado por la propia progenitora. En ese sentido, Luz Casenave, en su testimonio recordó que Miret le estaba tomando declaración a su hija sin un abogado presente, por lo que cuando ella irrumpió en la oficina le hizo saber que estaba cometiendo un delito. “Mi hija estaba aterrada, apabullada, desesperada, él buscaba algún tipo de delito, le faltaba una acusación”, explicó Casenave.
EL NOVIO Y EL EXILIADO. Además de Faingold y su madre, también se presentaron ante el Jurado de Enjuiciamiento Gloglowsky y Prudencio Mochi, quien declaró mediante un sistema de videoconferencia. El primero de ellos, quien en 1975 era estudiante de Medicina y pareja de Faingold, explicó que a él lo torturaron y lo golpearon durante su detención. No obstante, eso no fue lo peor, según señaló, ya que dijo que lo que más le afectó fue “escuchar que Luz gritaba que la estaban violando”, algo que denunció ante Miret en su declaración.
En tanto, Mochi, desde México, donde es profesor en la Universidad Autónoma, afirmó que fue detenido en el mismo operativo que Glogowsky y Faingold y trasladado al D2 con un tiro en una pierna. En esas mismas condiciones fue llevado hasta Miret, ante quien quiso denunciar el secuestro y las torturadas aplicadas contra él y sus compañeros. Sin embargo, según explicó, el camarista le respondió, en una indagatoria hecha sin abogado defensor presente: “Confiese los delitos y del secuestro hablamos después”.
Ante esa respuesta, en el expediente judicial que hay por su detención figura que Mochi se negó a declarar. Para hoy está previsto que declaren algunos testigos ofrecidos por el camarista. Según fuentes del Consejo, entre ellos figuran el ex senador Miguel Mathus Escorihuela. Finalmente, el jueves declararían el fiscal Omar Palermo y la ex jueza Aída Kemelmajer de Carlucci, ofrecida por Miret.
“Unos vecinos vieron que los llevaban atados”
La hermana de Hugo y Julio Talquenca, quienes se encuentran desaparecidos, fue la principal testigo en la jornada de ayer del juicio por delitos de lesa humanidad que se desarrolla en nuestra provincia. Según explicó Patricia Talquenca, la madrugada del 14 de mayo de 1976, cuando ella tenía 13 años y sus hermanos 21 y 24, entró en su casa un grupo de hombres. “Desperté cuando mi mamá lloraba, me descubrieron y dos me apuntaron y me taparon”, afirmó la mujer, quien agregó que escuchó que su madre preguntaba qué le hacían a su hijo.
“Después se sintió silencio y cuando mi papá salió a la calle, ya se los habían llevado”, explicó Talquenca. Según la mujer, los vecinos comentaron luego que ambos jóvenes, uno de militancia socialista y el otro albañil, habían salido de la casa atados y subidos a un auto. Antes que la mujer había atestiguado Luis Figueroa, un vecino de los Talquenca. Figueroa explicó que la noche que fueron secuestrados los jóvenes hubo un gran operativo militar, con mucha gente armada y otros que iban por los techos de las viviendas.
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