La euforia disminuyó en el partido, pero se mantuvo la alegría, el aplauso ante cada jugada asociada del equipo, ante cada toque corto y preciso. Casi todos los jugadores tuvieron su reconocimiento, su gesto de cariño de los hinchas.
La euforia disminuyó en el partido, pero se mantuvo la alegría, el aplauso ante cada jugada asociada del equipo, ante cada toque corto y preciso. Casi todos los jugadores tuvieron su reconocimiento, su gesto de cariño de los hinchas. Mientras se aproximaba el final del partido, y Argentinos sorprendía con el triunfo, unos 50 agentes de seguridad se aprestaron a rodear el campo de juego para impedir una posible invasión de los hinchas. Lo lograron, y el césped fue casi en propiedad terreno de los jugadores, quienes no se lamentaron de la derrota y se unieron en un abrazo gigantesco, digno de un grupo solidario, compañero.
Todos juntos comenzaron a recorrer el camino de la vuelta olímpica. Vaya casualidad, arrancaron por la platea Gerardo Martino. Ahí sí desataron su locura. Abrazados, extasiados. Llegaron a la popular visitante y se detuvieron frente a la platea nueva, donde todos se cambiaron de atuendo y se pusieron una remera blanca de grandes letras roja que decía "Orgullo y gloria". La primera remitía al sentido de pertenencia con el club, muy fuerte en el plantel. Luego, uno a uno, los jugadores subieron al escenario donde recibieron las medallas individuales y la copa, que Bernardi levantó bien alto. La fiesta continuó con una ronda gigante, de manos tomadas y otra vuelta olímpica.
La celebración en la cancha se extendió más de una hora después del cierre del partido. Mientras 40 mil personas deliraban adentro, el Parque comenzó a poblarse de más leprosos, que llegaban de los barrios de la ciudad y localidades aledañas. Pellegrini, al igual que el miércoles, era un mundo rojinegro. A las 18.30 estaba pautada la partida del Leprabus, el micro descapotable que llevaría a los jugadores al Monumento a la Bandera. Se concentró tal multitud que arrancó recién cerca de las 20. Los bocinazos y las bombas seguían la celebración desde todo Rosario. Otra vez, la ciudad se vistió con los colores del campeón. Como el miércoles, prosiguieron hasta la madrugada.

Comentá la nota