La minería, en cuarto intermedio

   	La minería, en cuarto intermedio
La paciencia y el silencio son valores que ya no cotizan en un mundo que es demasiado rápido como para detenerse a pensar aunque sea un minuto. (Por Juan Carlos Andrada )

La paciencia y el silencio son valores que ya no cotizan en un mundo que es demasiado rápido como para detenerse a pensar aunque sea un minuto.

Sin embargo, y gracias a Dios, todavía los catamarqueños lejos de las grandes urbes, creemos que el silencio sigue siendo una reacción hábil y económica ante las injurias y agravios, y que la tolerancia es una virtud social ante la convicción de que la violencia nunca desaparece del todo, sino que se esconde en un rincón para ocupar la escena cuando la oportunidad se lo permite.

De todas formas, los enfrentamientos excepcionales ocurridos en Andalgalá entre ambientalistas, vecinos y la policía por la cuestión minera, no ha sido más que una contingencia que siempre fue superada por la adhesión espontánea y natural que los catamarqueños hemos tenido históricamente por la paz social.

En este sentido está claro, definitivamente no somos ni hemos sido jamás un pueblo violento.

Así por ejemplo, para el gobernador de la provincia, Brizuela del Moral, quien se refirió a lo ocurrido en "La Perla del Oeste", "las divisiones se producen porque no nos estamos escuchando", y decidió abrir el diálogo con todas las instituciones y actores andalgalenses en la convicción de que la violencia es evitable.

Conociendo nuestra idiosincrasia, el Gobernador sabe que cualquier movimiento desmedido dura poco, tal cual una piedra que aunque arrojada con ímpetu, de cualquier manera cae a los pocos metros.

Más allá de la indiferencia y las provocaciones, sabemos que la sociedad catamarqueña no aprueba los exabruptos y los termina condenando.

Afortunadamente y para el bien de todos, somos pacíficos por esencia. La paz forma parte de nuestra personalidad, diríamos sin temor a equivocarnos que el catamarqueño ama la paz. Es una característica de su ser. Así vivimos, así nos educaron nuestros padres y abuelos.

Incluso, el número de habitantes quizás nos favorezca, porque al no ser tantos hay como "una semejanza casi familiar" entre nosotros, eso facilita la integración y la solidaridad que nos ha caracterizado desde siempre a los catamarqueños.

Dicho directamente: vivimos en una comunidad pequeña, paciente y tolerante, que a la hora de valorar socialmente los hechos elige vivir pacíficamente.

La paz es una impronta social, un sello, un modelo catamarqueño. Tiene que ver con nuestros antepasados, su psiquis e incluso nuestra biología.

La vía política-especulativa y la intolerancia no son más que una fascinación por el poder y la violencia respectivamente, y eso el catamarqueño, a pesar de su tranquilidad lo sabe (y lo reprueba).

Los incontinentes verbales, en el caso puntual de lo sucedido en Andalgalá, no hacen más que empeorar la situación. El repertorio de opiniones ligeras que algunos funcionarios y actores sociales emiten diariamente nos jalan hacia abajo como provincia en momentos en que es preciso salir del solipsismo intelectual en el que han caído, sobre todo algunos que "se creen primeros actores de una película que consideran nominada al Oscar".

Quedarse en la sugestión sólo promueve girar en sentido contrario, complaciendo sólo a la imaginación. Sacar a relucir pasiones extremas promueve el fanatismo y detiene el tiempo.

Hay que salir del estancamiento y pensar en el futuro, como dijo el Gobernador de la provincia a propósito del conflicto minero en Andalgalá. El aseguró que para encontrar una solución "hay que garantizar en primer lugar la paz social e iniciar un diálogo para escucharlos a todos".

Lógicamente, ¿cómo vamos a entendernos si no nos escuchamos?

El objetivo de toda discusión que se precie de seria no debe ser el triunfo de un sector determinado sino el progreso de los catamarqueños, recordando que "la concordia hace crecer lo más pequeño mientras que la discordia logra arruinar incluso lo más grande".

La minería tiene una clara dimensión política, pero en el orden jerárquico deducido de las palabras de Brizuela del Moral "primero está la paz social". Sin embargo, el Gobernador también dejó en claro que para superar el conflicto hay que proponer alternativas.

En este contexto, las palabras del Gobernador "contienen", en la acepción de que se impide que algo se caiga o se desborde por los costados, e indican el único camino que como guardianes de la democracia nos cabe a todos.

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