El secretario general de la Asociación Nacional de Trabajadores Autogestionados dio un taller en Río Cuarto y señaló que este tipo de experiencias están multiplicándose en el país y en nuestra ciudad
ANTA es una asociación conformada en 2006 que nuclea a 139 cooperativas y empresas recuperadas de todo el país. Su objetivo es articular las distintas experiencias existentes en cada provincia o localidad a fin de unificar sus necesidades y reclamos para que “la agenda del Gobierno y la agenda legislativa beneficien y contemplen estas nuevas formas de gestión”, indicó su titular.
Salta, Jujuy, Neuquén, Río Negro, Buenos Aires, Tucumán, Córdoba, Santiago del Estero, Chaco son sólo algunos de los lugares del territorio nacional por los que se expanden las iniciativas de trabajadores autogestionados. De hecho, Río Cuarto es una de las localidades que se sumará a la lista ya que actualmente está conformando una mesa local de ANTA donde se aglutinarán diversas cooperativas de la ciudad.
“En Chaco hay una mesa fuerte de empresas textiles y de construcción y hay una empresa recuperada que hace materiales de construcción. Es una nueva empresa recuperada que está trabajando en el ANTA y la verdad con mucho éxito: están recibiendo ayuda desde el Ministerio de Trabajo y ahora hicieron un contrato para hacer todos los caños de desagüe de la provincia del Chaco”, ejemplifica Barrios, deteniéndose en las características de una de las tantas experiencias de economía social.
¿Cuáles son los principales rubros a los que se dedican las cooperativas y empresas que integran ANTA?
Hay muchas de construcción, pero también hay muchas de metalmecánica, vinculadas a autopartes, y también textiles. Incluso, está la Cup en San Martín, que es una fabrica inmensa recuperada que era de Adidas y que sigue fabricando zapatillas con otra marca pero con la misma calidad que las Adidas. Es una de las empresas importantes que tenemos dentro de ANTA, igual que en Neuquén, donde hay una cooperativa de 119 compañeros que es un sanatorio, un policlínico que lo recuperaron, lo tomaron y ya llevan 10 años de gestión.
“El boom de las empresas recuperadas”
En la mayoría de los casos, las empresas recuperadas son aquellas compañías o fábricas que entraron en quiebra o fueron abandonadas por sus dueños y frente a ello sus propios trabajadores comenzaron a gestionarlas. En Argentina, las privatizaciones de empresas estatales, la concentración de la riqueza, la escasa producción nacional y la creciente desocupación fueron algunos de los disparadores que llevaron a la multiplicación de estas iniciativas.
¿Qué significó la crisis del 2001 en el desarrollo de este tipo de experiencias en el país?
En 2001 fue el boom de las empresas recuperadas pero hay experiencias anteriores, nosotros en realidad no inventamos nada. Al explotar en el 2001 se puso en la agenda política y fue como una novedad, antes estaba muy escondido. Ahora las empresas recuperadas o lo que se denomina economía solidaria o economía social es una realidad que ya no se puede tapar, es un número muy grande de trabajadores y de empresas cooperativas.
Barrios, quien también participa en una empresa recuperada, destaca la magnitud que este fenómeno ha adquirido en la actualidad: “Hay 235 empresas recuperadas registradas y seis mil cooperativas de distintos rubros, o sea que estamos hablando de alrededor de seis millones de trabajadores en cooperativas y emprendimientos productivos”.
“Creo que la mayoría de los trabajadores están trabajando en la autogestión”, dice el secretario de la asociación nacional y aclara que este término no incluye a los cuentapropistas sino a aquellos emprendimientos que incluyen al menos a seis miembros asociados, que es el mínimo que exige la ley para conformar una coooperativa.
Después de estos diez años de crecimiento y teniendo en cuenta las dificultades que debieron enfrentar, ¿en qué situación se encuentran actualmente los emprendimientos autogestionados?
Creo que estamos lejos de alcanzar lo óptimo respecto de cómo el estado tiene que visualizar este mundo que es la autogestión. Todavía el gobierno lo toma como una política clientelar, de hecho se armó el programa Argentina Trabaja con el formato cooperativa pero eso va en contra del espíritu cooperativo porque se forman cooperativas de 60 trabajadores que no tienen idea de qué es una cooperativa; al presidente lo eligen desde el intendente hasta el puntero político, o sea que no hay una verdadera democracia participativa. Entonces son las organizaciones las que tienen que trabajar para formar la conciencia cooperativa.
Desde ANTA denuncian que las experiencias autogestivas deben enfrentar grandes obstáculos para desarrollarse, los cuales se presentan especialmente en las dificultades económicas que deben superar y en determinados aspectos legales.
Recuperar la solidaridad
¿Cual es la importancia y el sentido que tiene a nivel social el hecho de que se den estas experiencias en las que haya otra forma de trabajar?
Yo creo que se vuelve a revivir un sentido de solidaridad que se fue perdiendo: nos fueron asustando y nosotros íbamos viendo cómo se iban nuestros compañeros con tal de no perder el trabajo. Con el formato cooperativo sentimos un orgullo real de volver a recuperar el valor por el trabajo, el valor por la solidaridad, el valor por el compañero. Cosas que se fueron perdiendo con este modelo que nos hace competir entre nosotros. Esto nos da la posibilidad de vernos en igualdad de condiciones.
Barrios destaca además que los emprendimientos autogestionados permiten un “desarrollo y anclaje en lo territorial”, ya que gran parte de estas empresas sostienen una relación fluida con los barrios o ciudades en los que se desarrollan y realizan aportes a la comunidad.
Al respecto, el titular de la asociación nacional cuenta su experiencia como presidente de la cooperativa Unión Solidaria de Trabajadores (Ver Recuadro): “Nosotros hemos desarrollado actividades comunitarias, de mejoramiento del barrio, a partir de la solidaridad de los propios compañeros, cosas que desde una empresa son prácticamente impensables”.
La cooperativa mencionada se encuentra en el partido de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en un barrio con múltiples necesidades, y mantiene un vínculo importante con la comunidad de la zona. Entre otras cosas ha construido un polideportivo con los propios fondos del emprendimiento para que asistan los niños y jóvenes del lugar.
“Es impresionante el cambio de conducta que han tenido los pibes”, sostiene Barrios acerca de lo que ha generado este emprendimiento en el sector. Y agrega que muchos jóvenes del lugar vivían en la calle y sólo tenía como expectativa para su futuro la delincuencia, mientras que ahora proyectan armar coopertivas de trabajo e incluso varios ya están trabajando en la Unión Solidaria de Trabajadores.
“Pudimos construir un barrio de cien viviendas y hay jóvenes que tienen su primera vivienda, que era impensado. Les abre otra posibilidad y tienen otra vision respecto de la sociedad”, cuenta por último el presidente de este emprendimiento, haciendo hincapié en los grandes cambios que la autogestión puede provocar en la comunidad.
“Lloraba porque no le podía dar de comer a mi hija”
Mario Barrios es también presidente de la cooperativa Unión Solidaria de Trabajadores (UST), una empresa recuperada en el año 2003 que se dedica a la parquización, forestación, el control fitosanitario y el mantenimiento de caminos en un predio de 350 hectáreas en el partido de Avellaneda de la provincia de Buenos Aires. Para llegar a ser lo que hoy es, la UST y sus integrantes debieron pasar por muchos momentos difíciles.
La decisión de formar una cooperativa comenzó a debatirse entre los trabajadores a partir de 1998, cuando la empresa, perteneciente al grupo Techint, “empezó a amagar con irse, con que no era rentable”, lo que finalmente ocurrió en 2002, cuenta Mario, quien era delegado en aquel momento. Al principio, los empleados lograron permanecer en sus fuentes laborales dado que una empresa brasilera quedó a cargo del lugar.
Sin embargo, tiempo después varios trabajadores fueron despedidos: “Estuvimos meses despedidos, en la calle”, cuenta el titular de ANTA. “Los compañeros nos daban $1.000 pesos para los cinco que habían echado y lloraba porque no podía darle de comer a mi hija de tres años”, agrega recordando los tiempos más difíciles de este proceso.
Después de tomar múltiples medidas y de diversos enfrentamientos, los trabajadores lograron la posibilidad de gestionar la empresa por un año, luego de que los dueños la hubieran abandonado.
“Ahora ya llevamos siete años de gestión y tenemos un contrato de cinco años. La verdad es que si todo anda bien tenemos hasta el 2013 y creemos que hay trabajo para 20 años más. Nosotros siempre decimos que el emprendimiento nos tiene que trascender y es un poco lo que estamos desarrollando”, dice uno de los gestores de este proceso. Además, señala que la cooperativa “ha crecido no solamente en patrimonio sino en cantidad de puestos de trabajo: empezamos 35 y hoy somos 92 trabajadores”.
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