No sólo prohibieron El Principito de Saint Exupéry, sino también el metegol. El historiador y politicólogo Jorge Márquez relata que lo hicieron para "preservar la salud moral y espiritual de los jóvenes".
Durante la última dictadura "cívico" militar -muchos los civiles motorizaron el golpe, se beneficiaron con él y muchos hoy aún lo añoran- además de los horrores cometidos contra la vida, los atentados a la dignidad humana, el derrumbe económico que significó con empresas cerradas, otras entregadas al manotazo foráneo, líneas férreas clausuradas, centenares de hombres y mujeres sin trabajo (y sin poder reclamar porque si no_), la estupidez de los militares, de sus ujieres y obsecuentes, quizá por esta causa, a medida que el ejercicio de la fuerza que el militarismo se empezó a entender como atentado a la paz, los miembros de las fuerzas armadas se vieron en la necesidad de entorchar sus uniformes con dorados, plateados, brillos de galones y esmaltes, telas labradas y de rodearse de tal pompa y boato que tape su solemne mediocridad.
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