Miles vivieron una gran fiesta de la fe

Miles vivieron una gran fiesta de la fe
Entre banderas del Vaticano y de la Argentina, los devotos acompañaron la imagen de Nuestra Señora de Luján de la Sierra. En familia, con amigos y mucha alegría, celebraron el 75° cumpleaños del santuario arquidiocesano.
La recibieron con aplausos, cánticos, vitoreos y agitando banderas. Con un fervor casi de cancha de fútbol. Lucieron con orgullo remeras con inscripciones en su nombre y la acompañaron a pie, a caballo o en vehículos en su peregrinar en carreta desde la parroquia de Saavedra hasta la Ermita.

Ayer, desde la mañana, devotos marianos de todas las edades y de distintos puntos de la región demostraron una vez más no solo que su fe cristiana sigue intacta, sino que cada vez que la Virgen Nuestra Señora de Luján de la Sierra los convoca, ellos están presentes con su alegría, oraciones, agradecimiento y también con sus plegarias.

Desde la comisión de la Ermita, integrada por quienes organizan el evento cada año, calcularon que unos 15 mil visitantes vivieron una jornada a pleno sol, en la que pudieron disfrutar de una jornada increíble, envueltos en banderas de sus parroquias de distintas localidades.

Mujeres con sus hijos en brazos haciendo un gran esfuerzo por llegar a la cima de la escalinata que conduce a la Ermita, adultos mayores agitados y poniendo todo su empeño en el ascenso y la energía de tantos jóvenes y adolescentes fueron postales inolvidables de la gran fiesta de fe que se vivió durante todo el día en el marco de la peregrinación anual hacia el santuario arquidiocesano y en el contexto de su 75° cumpleaños.

Las actividades comenzaron a las 7.30 con una misa oficiada por el padre Matías Pardo, de Carhué, para los primeros peregrinos, con las primeras reflexiones de la jornada.

Una particularidad de esta edición, consistió en que familiares de los 26 jinetes que acompañaron la imagen de la Virgen el 12 de octubre de 1938, esperaron la llegada de la carreta en la que se trasladaba el ícono de su devoción, en el predio del santuario.

Ellos abrieron el desfile central de la mañana y recibieron un reconocimiento, así como la familia de Bartolomé Mansilla, quien durante 20 años guió la carreta al santuario.

También se contó con el acompañamiento de la banda de Cura Malal y de las discípulas de Jesús, de la capilla San Pantaleón, de Bahía Blanca.

A las 11, cuando la carreta se detuvo en un predio ya superpoblado de fieles, la imagen de la Virgen descendió escoltada por "angelitos", niñas de la comunidad preparadas especialmente para esta recepción.

En este punto, fue el intendente de Saavedra, Hugo Corvatta, junto a dos peregrinos de otras localidades y el vecino Alberto Jaled, los encargados de portar la estatua de la Virgen hasta su destino, donde monseñor Guillermo Garlatti, ofició la Santa Misa.

Testigos de la esperanza

"Los hermanos que no conocen a Jesús necesitan de testigos de la fe y la esperanza" , dijo ayer monseñor Guillermo Garlatti, máxima autoridad religiosa de la arquidiócesis y el encargado de brindar la misa posterior al arribo de la imagen de la Virgen al predio de la Ermita.

El arzobispo de Bahía Blanca enfatizó en la necesidad de llevar el mensaje de Cristo con fuerza, con alegría y sin miedo a todos los espacios y lugares.

Aseguró que venimos al mundo a cantar y alabar la grandeza de Cristo y que la Virgen fue la primera evangelizadora.

"Como discípulos misioneros, como la Virgen, debemos llevar a Jesús en nuestro corazón, para también comunicarlo y transmitirlo a nuestros hermanos; ser los servidores de nuestro Señor y llevar la palabra de Dios y a Jesús, nuestro Redentor", dijo.

Recalcó que debemos ser instrumentos de fe de la nueva evangelización en el mundo de hoy y ante los desafíos de la cultura de nuestro tiempo.

"Debemos hacerlo con coraje, queridos hermanos, y sin miedo, con alegría y convicción interior porque el mundo de hoy así lo requiere", señaló.

Cabe destacar que la misa estuvo acompañada por hermanos del coro de la Parroquia de Carhué y sacerdotes de la arquidiócesis de Bahía Blanca y contó con la presencia del obispo emérito de General Roca, monseñor Néstor Hugo Navarro.

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