Llegar al noroeste, la región golpeada por el sismo, es una odisea. En auto se avanza 5 km en 8 hs.
Para poder sentir la magnitud real de la tragedia hay que agarrar maleta rumbo al noreste . ¿Pero cómo hacerlo cuando es el mismo gobierno japonés quien pone todas las trabas a su alcance para evitarlo? Las prefecturas de Miyagi y Fukushima, las más sacudida por el devastador tsunami del viernes, se han convertido de repente en uno de los lugares más herméticos del planeta. Decenas de periodistas de todo el mundo exprimieron ayer sus ideas y sus recursos para intentar alcanzar ese área desde Tokio. El resultado fue descorazonador.
Intentar accceder a la región manejando un auto es casi una locura. Hay atascos kilométricos en el norte de Tokio , con avances de 5 kilómetos en 8 horas. Además, la policía cerró ayer el paso en la entrada a las carreteras que conducen al noreste del país, a unos 80 kilómetros de Tokio. El viernes, algunos afortunados alcanzaron la zona en helicóptero, pero ayer el gobierno japonés canceló también los permisos de vuelo . Lo que se vio desde el aire fue desesperante. La energía eléctrica sólo llega al centro de Sendai, capital de la prefectura de Myagi, en la región de Tohoku, en el norte de la isla de Honshu, la principal del archipiélago nipón. En un intento desesperado por pedir ayuda, médicos y enfermeras al ver el helicóptero formaron la señal de S.O.S en el techo del hospital de Iwanuma. El hospital se halla semi-sumergido por las aguas.
¿Por mar, entonces? Sería posible, si no fuera porque hay una alerta de tsunami justamente en esas aguas.
Así pues, mientras unos pocos fueron capaces de llegar al epicentro de la tragedia el primer día, los que sólo pudimos pisar Japón ayer nos vemos atrapados en el cordón sanitario impuesto en Tokio .
En otros países, como los del Sudeste asiático, siempre surgen alternativas, guías improvisados encantados de ganar una buena plata saltándose las restricciones, agentes dispuestos a hacer la vista gruesa, regulaciones más laxas. El problema es que en Japón, paradigma del orden y los buenos modales, tratar de serpentear las normas es casi inconcebible.
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