”Cuando llegó el alud salí corriendo y vi a los miembros de una familia santiagueña llorando”. P.B. es un catamarqueño que toda la noche del jueves salvó vidas humanas y las condujo hacia los techos de una confitería.
Recuerda: “Había un hombre que lloraba y pedía por sus familiares que estaban atrapados en el lodo. El pobre tenía barro hasta la cintura. Con otro vecino lo sacamos y él nos pedía que volviéramos por el resto de su familia”.
En el frío y la oscuridad, P.B. sacó uno, dos, tres, cuatro y otras tantas familias. “Las llevamos hacia un techo. Allí las dejamos. Gritaban y decían que el río iba a volver de nuevo”.
“Auxiliamos a un fiscal”
“Entre tantos santiagueños, encontramos al doctor Álvaro Ruiz”, relató.
Se trata del fiscal de Añatuya, quien con toda su familia descansaba en la villa.
“El hombre subió también al techo con su familia. Después, los trajimos a casa para que se bañaran porque estaban mojados y llenos de barro”, ahonda el catamarqueño.
“Es increíble que no haya más muertos. Pero esa noche fue terrible. La policía llegó recién entre las dos y tres de la madrugada del viernes. Para entonces el río había castigado muy feo a El Rodeo”.
“Vea, muchas familias sufrieron este fenómeno y nada se olvidará fácilmente. Hay un daño enorme a los habitantes de la villa y al turismo”.
P.B. no puede evitar derramar lágrimas, pese a considerarse parco y no tan sensible.
“Un hombre me ayudó toda la noche. Sólo recuerdo que tenía una remera roja. Horas y horas, sacamos a gente del barro. Nunca le pregunté su nombre y no volví a verlo en la villa. Increíble”.
¿Volverá a suceder?, interroga EL LIBERAL. “El río siempre regresa a su cauce natural. Si no aprendemos la lección en esta tragedia, las lágrimas volverán: no sé cuándo, pero el río Ambato siempre daña. Los expertos dicen que si en el cerro llueven 80 mm en una hora, la villa desaparece”. El pronóstico alarma, pero habrá que ocuparse más que lamentarse.
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