Vecinos y policías debatieron sobre la inseguridad. Los ciudadanos dijeron que así no se puede seguir más, y que los agentes no están cuando se los necesita. No obstante, reconocieron que en las últimas semanas se ven más motoristas en las calles. Los comisarios les pidieron que confíen en ellos.
El encuentro es un coro a voces. En ocasiones, las personas hablan de forma ordenada. En otras, no se escuchan y se sobreponen. Los comisarios participan poco; esperan a que el resto se desahogue. Un hombre felicita a otro por haber recorrido las calles para invitar a la gente. La participación no es fácil porque muchos tienen miedo.
- A veces, los que han sido asaltados ni siquiera hacen la denuncia. Se preguntan 'para qué' -dice Alberto Splinder -62 años, reumatólogo-. Luego cuenta que hace 34 años vive en esta ciudad. Antes, dejaban las puertas abiertas y los chiquillos iban y venían de un lado al otro. Pero eso ha cambiado. Empezaron a echar llave y a poner portones y alarmas. Hoy en día, los niños no van solos ni a la plaza.
Mientras habla, la gente asiente con la cabeza; algunos interrumpen y dicen que la desconfianza ya no se las quita nadie. Lo que pasa -les explica Alberto a los comisarios, ubicados diagonal adonde él se encuentra- es que cuando uno se cruza con delincuentes armados, como le sucedió en una ocasión, a principios de este año, las paranoias brotan todo el tiempo.
- Mi miedo es bajar del auto y que se metan en mi casa -dice.
En las calles de la ciudad
Mario Núñez -50 años y 30 de servicio en la Policía- no ha tocado los bombones que le ha ofrecido el anfitrión. Si se ha servido, en cambio, un vaso de Coca Cola. Ha alcanzado el rango de comisario, y en septiembre asumió como jefe de la Zona II de la Unidad Regional Norte. Por ello, tiene a su cargo las comisarías de Yerba Buena, de Marti Coll, de San José y de El Corte, entre otras. Está sentado ante una mesa de jardín, junto al comisario Carlos Carrillo, jefe de la comisaría de Yerba Buena.
Se los ve serenos, pese al sinfín de interrogaciones de quiénes los rodean. En parte, estas charlas les resultan positivas -afirman ellos- porque les permiten "palpar el estado de ánimo de los ciudadanos" y enterarse de situaciones que no fueron reportadas en sus cuarteles.
- Las opiniones son útiles. Así conocemos sus miedos y podemos diagramar operativos más efectivos -les dice Núñez. Después, se le vienen a la mente una serie de consejos, que reparte en seguida: si ven merodeadores, llamen al 911; cuando lleguen a sus casas, den una vuelta a la manzana antes de entrar; y cierren los portones para que a los ladrones circunstanciales no les resulte fácil apropiarse de las cosas dejadas en los patios y galerías.
Mientras algunos vecinos hablan entre sí, el comisario responde preguntas de otros.
- ¿Hubo un aumento de los índices delictivos en Yerba Buena?
- Años atrás, este lugar era un paraíso. Pero la ciudad creció. Hay nuevos barrios, conflictivos, con menores que consumen drogas o alcohol y que delinquen. Hemos logrado neutralizar al grupo que operaba en la Plaza Vieja, por ejemplo. Y se han reducido los ataques de bandas organizadas que comenten robos en las viviendas.
Informante o vecino
Hace hora y media empezó la reunión. Todavía faltan varios oradores. El jefe de la comisaría de Yerba Buena toma la palabra. A diferencia de su jefe, que habla bajo y pausado, Carrillo -corpulento, cabeza calva, 46 años- tiene voz de trueno. Dice que la ciudad ha sido dividida en cuadrículas. Cada una -describe- está conformada por unas nueve manzanas, más o menos. Con la entrada en vigor del sistema de emergencias telefónicas 911, se designaron dos policías motorizados para cada cuadrícula.
- Ningún agente puede permanecer más de 20 minutos en una parada, ni salir de su zona de cobertura -asegura.
También comenta que quiere que los vecinos conozcan al agente que los está cuidando por su nombre, y que hablen con él. Que no necesita informantes, sino ciudadanos que cuenten lo que les está pasando. "Ustedes quieren sentirse protegidos, y yo quiero darles repuestas", les dice.
A puertas cerradas
Una noche de febrero, Alejandro Sánchez -31 años, estudiante universitario- se asomó por una ventana, por última vez antes de irse a dormir. A esa hora, su casa era la única iluminada del vecindario. De pronto, vio cuatro tipos armados que saltaban el cerco de su vecino. Alejandro ni se movió, pero uno de ellos se volteó y lo apuntó.
- A todos los que estamos aquí nos ha pasado. O hemos sido víctimas de un asalto, o lo hemos presenciado -dice Alejandro en la reunión, tras relatar ese episodio. Desde entonces, tiene el ritual de mirar hacia afuera antes de acostarse. Hubo veces en las que vio motocicletas que rondaban. Hubo otras en las que le pareció observar gente maliciosa.
- Yo sospecho de algo y llamo. Espero que lo que nos están prometiendo se cumpla; no olvidemos de que estamos en época electoral -les menciona a los policías. Silencio.
Luego habla un señor que no quiere que se publique su nombre. Sus palabras se atropellan. Dice que hay mucha gente indignada que iba a venir, pero que tiene miedo. Como una familia que vive en la otra cuadra. Una semana atrás -narra él- entraron a esa casa cuatro hombres armados. Una de las niñas se escondió en un cuarto. La descubrieron, y la sacaron a punta de pistola. Los maltrataron, y escaparon. Así nomás. Griselda Ocampo también ha discado el número de la Patrulla Motorizada, en varias oportunidades. Una de las últimas veces fue por esto: ella estaba en su farmacia, de turno. Observó que, en la vereda, una mujer era zamarreada por dos motociclistas que querían su cartera. Griselda salió a los gritos. Los malos huyeron. Todo pasó muy rápido.
- Los delincuentes aparecen de la nada -opina. Griselda y su marido atienden el negocio, situado frente a una iglesia y a un descampado con arcos de fútbol y juegos infantiles. Cuando cae la noche, cierran puertas y ventanas. Empero, aclaran que desde hace un mes se ven más policías en los caminos. Isolina Figueroa tiene 38 años y ha nacido en esta comarca. Interviene para añadir que, cuando ella era chica, andaba por todas partes, pero que ahora no deja que sus hijos estén solos ni en la vereda.
Otra mujer, Lía León, se queja porque gasta unos $ 700 mensuales para pagar el servicio de alarma que ha colocado en su vivienda y al sereno que recorre la cuadra.
La reunión termina. Alberto se pone de pie y apoya sus manos en el respaldo de la silla. Se siente reconfortado. Y les agradece a los comisarios que lo hayan escuchado. Que se hayan tomado el trabajo de ir hasta su casa. Los demás se sienten igual: satisfechos, al menos por un rato.
- Qué bueno que pusieron la cara -les dicen a los policías.
Los Antecedentes
Ataques en La Rinconada.- A mediados de agosto, los vecinos de la zona de La Rinconada comenzaron a hacer oír sus voces en contra de una banda denominada "Los Matones de la Plaza Vieja".
Robos en farmacias.- A fines de ese mes, asaltaron por cuarta vez en una farmacia de Yerba Buena. El propietario del negocio contó que le dispararon, pero la bala no salió. Por ese ataque, no hubo farmacias de turno entre las 22 y las 8, durante 15 días.
Lo apuñalaron para robarle el celular.- En los primeros días de septiembre, un joven de 19 años fue apuñalado en la Plaza Vieja, en ocasión de un robo. Le quitaron el teléfono celular.
Destrozos en un negocio.- El 4 de septiembre, usaron un pedazo de cordón cuneta para romper una vidriera y robar en una fábrica de amoblamientos de cocina, situada en Juan B. Terán y Paraguay. La Policía informó que se identificó a los autores y que se está tratando de detenerlos.
Tranquilidad.- Esta semana, comerciantes de los alrededores de la Plaza Vieja dijeron que se siente más tranquilos, y que la presencia policial en las calles es visible.
En el camino del perú.- Cinco ladrones despojaron de dinero y joyas a dos familias que viven en un barrio privado, en el Camino del Perú, situado en la capital provincial, en el límite con Yerba Buena.
Gratis.- Todas las comunicaciones al 911, incluidas las de celulares, son gratuitas.
Para Yerba Buena.- Las llamadas pueden efectuarse desde Yerba Buena y desde la capital. Los habitantes de Banda del Río Salí, Tafí Viejo, Alderetes, Las Talitas, Los Pocitos, Villa Carmela y Lomas de Tafí deben discar 101.
Atención permanente.- Hay 10 puestos de recepción que funcionan las 24 horas del día.
Que nadie juegue con la línea.- A la segunda llamada falsa del mismo número, el sistema bloquea la línea y se multa al titular.
Policías con GPS.- Se supone que la respuesta policial ante una emergencia reportada al 911 es rápida, porque desde la base de operaciones se puede visualizar dónde se encuentra el móvil más cercano al lugar del hecho, ya que los motoristas llevan equipos GPS.
Ni quietos ni ausentes.- Yerba Buena ha sido dividida en cuadrículas. Cada una esta conformada por, aproximadamente, nueve manzanas. Con la entrada en vigor del 911, se designaron dos policías motorizados para cada cuadrícula. Según lo dispuesto, ningún agente puede permanecer más de 20 minutos en una parada, ni salir de su zona de cobertura. De lo contrario, deberían dar explicaciones a la base de operaciones.
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