Tras la eliminación en la Interliga, al DT lo abuchearon. Los medios lo trataron de soberbio y arrogante.
Ramón esbozó su sonrisita típica y fue directo hacia su camioneta. Un ratito antes había intentado explicarles a los cronistas que presenciaron el pedido de renuncia por qué decidió reservar a cinco de los ocho refuerzos contra el Atlas. "Los cambios por ahí no resultaron", aceptó a medias el riojano, quien la noche anterior dejó en el banco a 16 de los 25 millones invertidos por el club: el chileno Beausejour, Reyna, Castillo, Fernando Ortiz y De Pinho. Su argumento fue que estaban cansados y no que subestimó al rival. Más cansados están ahora los hinchas de tanto acumular fracasos: Chivas y Atlas (con el grito de Achucarro ¡a los 47 minutos del ST! dejó afuera a Las Aguilas por diferencia de gol) podrán disputar un lugar en la Copa Libertadores mientras a su equipo no le quedará otra que ganar el Clausura. "Si no, será un fracaso", ya les avisó a todos el dueño del club.
"Queremos recomponer esto de nuevo. A la afición sólo le puedo decir que el objetivo sigue siendo ganar el campeonato", insistió Ramón. La afición, como dice él, está furiosa. Y los medios, que lo trataron de "soberbio" y "arrogante", hablaron de un ultimátum de los dirigentes. "Habría que preguntárselo a ellos", la pateó afuera el DT. Los principales (el presidente Bauer y el vice De Luisa) hablaron de un proyecto "a largo plazo". Ellos son los que apostaron todo al Pelado y deberían pagarle más de seis millones de dólares si deciden echarlo. Motivos les sobran: perdió el clásico con Chivas, no se clasificó para la Liguilla del Apertura, dio de baja a un histórico como Germán Villa, se peleó con Insúa, pidió casi un equipo entero, un PF, un camarógrafo y más... Y sigue igual. O peor.

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