A 5 meses de la muerte de dos obreros un enorme pozo permanece abierto

Los vecinos del barrio donde los operarios se ahogaron no paran de quejarse. Se les corta el agua, las zanjas rebasan y los autos deben circular contramano.
La casa de Dominga Quintela está exactamente frente a la zanja. Una de las puertas de acceso quedó dentro de una valla perimetral.

Los vecinos de los alrededores de Herrera y Unión no tienen paz. El martes pasado se cumplieron 5 meses del trágico accidente en el que dos obreros murieron ahogados mientras trabajaban en una zanja. Desde esa tarde, la vida en ese rincón del noroeste de la ciudad no fue igual. El pozo de 6 metros de profundidad y uno de ancho sigue con agua hasta la mitad, vallado y tiene la presencia de un vigilante privado instalado dentro de una garita y junto a un baño químico. Basta recorrer cinco minutos el lugar para comprobar que los perjuicios para quienes viven allí son tan numerosos como sus quejas.

La casa de Jorge Chiaverano está ubicada en Herrera 1629, a sólo una cuadra del lugar donde murieron Ceferino Crespo (27 años) y Julio Lucero (54). Y desde su domicilio denunció una catarata de problemas que La Capital escuchó luego con similares versiones en boca de una decena de vecinos. "Acá el agua se corta, las zanjas están inmundas, para cruzar de una vereda a la otra debemos hacer todo un rodeo y esto no es fácil para la gente mayor, los vehículos circulan a contramano, los taxis y ambulancias no llegan, hay gente que no puede entrar el auto a su casa y lo debe dejar a una cuadra y otras personas, como doña Dominga, viven acorraladas (ver aparte)", enumeró Chiaverano.

Hace unos días se cortó el agua y horas después, cuando el termómetro trepaba a los 28 grados, en varios domicilios aún no salía una sola gota de las canillas a pesar de que trabajadores de Aguas Santafesinas SA (Assa) habían intentado solucionar el tema.

La situación hizo aguzar el ingenio a más de uno. Inocencio Villalba vive a 20 metros del lugar del accidente y es padre de Lucas y Ezequiel, los dos jóvenes que intentaron salvar a los obreros aquella fatídica tarde sin lograrlo. Ante la sequía le pidió a su vecino que le pasara su agua con una manguera a través del tapial que separa sus casas y comenzó a llenar tachos, baldes y hasta ollas para zafar de la situación. "Desde el accidente vivimos abandonados. Y el agua estancada socava la tierra de la calle, lo que provocará hundimientos del asfalto y la inclinación de algunos postes como aquél de luz", señaló Chiaverano marcando con el dedo.

Mientras tanto, se sumaban otras quejas al paso. La de Graciela, de Herrera 1582, quien denunció que hay talleres y pequeños comercios en el barrio que se vieron perjudicados en sus ventas por la poca circulación de gente por la calle. La de Carmen, de Unión 1929, quien dijo que su hijo no puede estacionar el auto en su casa. Y la de Norma, de Unión 1849, quien dijo que allí, "el dengue está de fiesta" gracias al estado de las zanjas. Así, desde pasaje Colón al 1800 y 1700 no dejaban de salir vecinos para contarle a este diario su martirio ante la falta de agua "por culpa del pozo", un lugar que quedó abierto como una herida. "Basta ver el lugar para recordar la terrible tarde durante la que murieron esos dos pobres trabajadores", lamentó Graciela.

El accidente. Crespo y Lucero eran dos zanjeros que trabajaban en un conducto cloacal para una cuadrilla de la unión transitoria de empresas (UTE) Pecam SA y Del Sol SRL, contratada por la Dirección Provincial de Vivienda y Urbanismo (DPVyU). Mientras estaban cavando se comenzaron a desmoronar las paredes del pozo. Crespo quedó sepultado por un gran trozo de tierra y, al verlo, Lucero intentó rescatarlo, pero el derrumbe había averiado un caño que inmediatamente inundó la zanja. Ambos murieron ahogados a pesar de los esfuerzos de vecinos por salvarlos.

La investigación de los hechos quedó en manos del juzgado Correccional Nº 5 a cargo de Marisol Usandizaga. La investigación sigue en pie, sin embargo el coordinador de Higiene y Seguridad del Ministerio de Trabajo de la provincia, Néstor Botta ya había admitido que en el hecho "no existió ni mala suerte ni desgracia, sino falla en la seguridad de la obra". Un argumento que cruzó la directora de Vivienda, Alicia Pino, al decir que sí habían "existído controles". La Justicia aún tiene la última palabra.

Una vecina acorralada

La casa de Dominga Quintela tiene dos entradas, una por Unión y otra por Herrera. A menos de dos metros de la primera, frente a su puerta, desaparecieron bajo el lodo los dos obreros hace casi cinco meses. “Estuve hasta las 3 de la mañana acompañando a sus familiares. Fue terrible. Pero la agonía no terminó. Vivo encerrada en un corralito, con el pozo a mis pies y con un baño químico en mi esquina”, se quejó.

   La mujer cargó las tintas contra la Justicia. “La jueza (Marisol) Usandizaga estuvo estos días en la televisión ocupada por el tema de Newell’s (hubo incidentes tras el partido del 5 de octubre). ¿Por que no viene a este barrio, y ve lo mal que vivimos? ¿Por qué no cierran el pozo de una vez?”, preguntó la vecina.

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