En los primeros seis meses del año el Instituto del Alimento auditó 1.800 comercios de los 5.000 que hay en la ciudad relacionados con la manipulación de los mismos en las más variadas versiones. Aplicó 120 suspensiones y clausuras y 200 apercibimientos y capacitó a 8.000 personas. La falta total de higiene y de desinfección fueron la causa de las sanciones más severas. No pasa un día sin que el organismo, que con 120 años es uno de los más antiguos de Sudamérica, no reciba alguna denuncia al respecto.
Los controles realizados entre enero y agosto incluyeron todos los ámbitos en los que de alguna u otra manera se trabaja con alimentos. Bares, restaurantes y catering, pero también mercados, supermercados y quioscos. Y elaboradoras de pastas, panificados y bebidas sin alcohol, sólo por citar algunos ejemplos. “Lugares que venden, fabrican y manejan alimentos”, sintetizó Dueñas, con dos años al frente de la institución pero con 36 de trabajo en el
mismo.
Para la funcionaria, en los últimos años hubo cambios significativos con respecto a las condiciones de elaboración y consumo de los alimentos. Se trata de un marco donde tiene prioridad la higiene y la forma en que se produce. “Se podría decir que la evolución es un cambio de paradigma, ahora se asume que en la cadena alimentaria cada uno tiene su cuota de responsabilidad”, fundamentó.
“A la inocuidad del alimento la construimos entre otros”, enfatizó la titular del organismo. De esta nueva percepción parecen dar cuenta las 300 denuncias recibidas en el primer semestre de 2010. El trámite, que es anónimo, se realiza en el Instituto o por teléfono ingresando a un sistema que le otorga un número de gestión, a través del cual se puede hacer el seguimiento de la correspondiente auditoría que se generará en el establecimiento señalado.
En falta
“A veces hay malas caras cuando llegamos a un lugar para comenzar una inspección, todo lo que es control no suele recibirse bien”, explicó la titular del Instituto del Alimento. Aunque señaló que después del trámite la auditoría termina bien, porque se admite el valor que tiene el control para el propio comercio de cara a sus clientes.
“Esta es una tarea que se construye en común, el Estado no puede ir por un lado caminando solo”, argumentó. Y dijo que el organismo que comanda tiene entre sus funciones interactuar con las distintas áreas municipales, como jardines de infantes, guarderías y cocinas de comedores donde se elaboran alimentos, entre otros.
El Instituto también trabaja sobre programas que en algunos casos ameritan un seguimiento anual, según se evalúe el riesgo de algún tipo de establecimiento. A modo de ejemplo, el rubro gastronómico manipula alimentos en distinto grado que un quiosco, por lo tanto tendrá más control. “El Código Alimentario Argentino nos da la potestad para cuidar la salud de la población”, aseguró Dueñas.
En su opinión hay períodos del año donde la misma dinámica del sistema comercial engrosa la fiscalización que realizan. A modo de ejemplo hay un hecho que se puede considerar cíclico. Cada verano se abren nuevos comercios que trabajan con alimentos que a veces hasta resultan emprendimientos temporales. “Es un sistema que tiene altas y bajas y a veces no da tiempo para tener datos concretos”, indicó.
Pionero
Fundado el 26 de octubre de 1887, el Instituto del Alimento de Rosario es uno de los más antiguos de Latinoamérica. En ese año sólo funcionaban sus equivalentes de España y Francia y a nivel nacional en Buenos Aires, Córdoba y La Plata. Primero fue la Oficina Química Municipal y luego Dirección de Bromatología. Está en Lima 865 y sus teléfonos son 480-4886/887.
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