Merecido homenaje a Rufino Leguizamón.

Merecido homenaje a Rufino Leguizamón.
Rufino Osmildo Leguizamón, nació en Areco el 13 de septiembre de 1930- tiene casi 83 años-, es humilde, sencillo y una joya de este Pago tradicional, custodio de su música y estilo.
SE llama Rufino Osmildo Leguizamón, nació en Areco el 13 de septiembre de 1930- obviamente tiene casi 83 años, muy bien llevados-, es humilde, sencillo y una joya de este Pago tradicional; este sábado recibirá el homenaje que tiene largamente ganado pr sus cualidades artísticas y, fundamentalmente, por su respeto a la tradición y su hombría de bien.

Este sábado 13 de abril será reconocido por la irección de Cultura y por todo el pueblo arequero.

Desde chico vició en el campo donde aprendió todas las tareas rurales de la mano de su padre, hasta que a los 15 años “nos vinimos para el pueblo”, dijo Rufino y en ese momento comenzó una vida diferente cuando, radicado en cercanías de la Plaza Belgrano comenzó a frecuentar a José Camilla, uno de los tacheros de aquellos tiempos que se dedicaban a soldar todos tipo de artefactos domésticos.

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En esa esquina de Italia y Alvear, haciendo cruz con la actual Escuela Nº4, Leguizamón aprendió el oficio de soldador; por entonces dos personas alquilaron el terreno lindante al taller para organizar fiestas a las que denominaron “Rincón del pago”en las que se escuchaba música y se bailaba en oportunidades con las ya famosas “Guitarras Arequeras, todo cuanto duró dos años oportunidad en que le dijo a nuestro homenajeado “Rufinillo…¿ que te parece si hacemos nosotros el perendengue?”.

Así comenzó a nueva actividad con mesas y sillas cedidas por un señor Armendáriz ue las cedía a cambio de que le compraran cerveza y gaseosas, con un palco que el Municipio usaba para los corsos con un techo de paja que servía de protección y decorado.

Por entonces Rufino no conocía el acordeón pero llegaba para actuar un músico- “Filo” Melo-, que ejecutaba acordeón a botones pero no tenía instrumento lo que motivo que los organizadores compraran una para que aquel tocara en sus fiestas quedando luego a resguardo de legyizamón que, observando y practicando, logró “sacar” una ranchera y un vals “de oído”; “a mi nadie me enseñó nada” dijo con orgullo.

Claro que, como Rufina había aprendido a ejecutar guitarra, en determinadas fiestas intercambiaban instrumentos con Melo hhciendo un novedoso dúo de “verdulera y viola” sobre los que decían “¿Dónde van a encontrar dos músicos que se cambien instrumentos como nosotros?.

Por entonces al Comodoro Juan José Güiraldes le gusto, organizó un conjunto de guitarras, acordeón y violín y Rufino aprendió más de folklore que hasta entonces no sabia: así se amplió el repertorio de valses, mazurcas chotis o rancheras, puramente auténticos de este Pago que era lo que tocaban los viejos musiqueros y de lo que Leguizamón se constituyó en el mas fiel custodio conservando formas y estilo para ejecutar sin agregar ni sacarle nada a lo que es original.

Ya comenzaba una vida artística más definida junto a Ernesto “Tito” Pérez en violín, “Chichito” Lucci, el “Gordo” Heredia, talentosos músico, este último desaparecido, y luego “Cachito” Althaparro.

Tuvo una actuación en el exterior y el músico lo relata de esta manera: “ Don `Pepe` Guevara- hombre de mano abierta-, en una Exposición Rural en Palermo escucho un gran elogio de un turista mexicano acerca de una tropilla de bayos que era de su propieda y ahí nomas le dij que eligiera uno de los caballos que se lo regalaba”.

La historia terminó con el mexicano, que era presidente de una Asociación de Charros de su país, llevándose en avión un bayo de la tropilla de Guevara; al tiempo aquel hombre invitó a Guevara a que viajara a Mexico con una delegación de músicos y bailarines del pago costeándose solamente el pasaje ya que la estadía en aquel país quedaba a su cargo.

Viajaron bailarines y entre los músicos “Tito” Pérez y su esposa, Rufino Leguizamón, Oscar Ovando, Heredia y Omar Tapia con familiares actuando en diversas fiestas y siendo homenajeados a todo lujo durante quince días.

Luego se incorporó su hijo- también Rufino-, “Tito” y así recorrieron buena parte del país logrando con la Pulpería del Pago presntada por la Dirección de Turismo, tres primeros premios en la Feria de Turismo en Buenos Aires.

A los 82 años cumplidos y tras mas de sesenta con la música Rufino confiesa que “Nunca pude pensar en llegar a un homenaje; no soy músico- no aprendí música-, pero nunca me alejé de ella con lo poco que observé y me enseñaron siempre por el camino de lo clásico y tradicional arequero, lo verdadero y por lo que me reconocen. No sé si lo merezco pero lo acepto agradecido y emocionado”.

Se lo merece y todos lo celebramos. Felicidades Rufino.

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