Estaba destinado a acciones sociales y atención médica, pero nunca fue inaugurado Se construyó en 2011. Vecinos denuncian que el edificio está abandonado y que los ladrones se robaron hasta las puertas
Antes de su edificación, en el lugar había una cancha de fútbol, un “potrero” donde los jóvenes pasaban las tardes tras una pelota. “Cuando comenzó la construcción estábamos muy ilusionados. Nos dijeron que ahí íbamos a poder tomar talleres de peluquería, podríamos poner nuestro centro de jubilados, y los chicos iban a tener un espacio para jugar contenidos, alejados de las drogas”, recuerda Rafaela Bazán, vecina del barrio.
La construcción ya está terminada. Costó al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación $ 1,3 millón y ocupa 820 m2, sin contar los espacios al aire libre. Comenzó a edificarse, según recuerdan los vecinos, hace tres años. En enero de 2012, el gobernador, José Alperovich, recorrió la obra junto al intendente capitalino, Domingo Amaya. Aseguraron entonces que ya estaba construida en un 90%, y abundaron en promesas sobre cómo iba a mejorar la calidad de vida del Oeste II y cinco barrios cercanos.
La vecina Elba Pérez no recuerda haber vuelto a ver a ningún funcionario. “Nadie dijo nada, esto se construyó, y se abandonó. Con el tiempo, los delincuentes comenzaron a romper los vidrios para robar cualquier cosa. Se llevaron, al principio, la grifería de los baños. Después, directamente los sanitarios y terminaron llevándose las puertas. Es de no creer, porque acá, a no más de 50 metros, está la comisaría 12”, describe Elba, mientras señala a la dependencia policial que se distingue a simple vista desde el lugar.
Luis Alberto Molina es sereno del edificio. En los últimos días vio llegar muebles, pero cree que no están seguros allí. Intenta cuidar todo el edificio, pero dice que la tarea se complica porque hay sitios que ya no tienen ventanas y están totalmente expuestos. “Además no hay luz. Sólo tengo un foquito en la parte donde yo estoy, pero todo lo demás está a oscuras. Tampoco hay agua ni gas”, describe Molina.
Los Centros Integradores Comunitarios fueron concebidos como espacios públicos de integración social. Enclavados en los barrios más vulnerables, construidos por la Nación, y administrados por los municipios. Además de actividades culturales, deportivas y recreativas, también ofrecen servicios de atención médica.
“Acá en el barrio la droga está haciendo estragos. Esto se construyó con el dinero de todos, lo necesitamos para darle contención a la juventud. Acá hay mucha desocupación, este espacio podría emplear a gente de la zona. Provoca una tristeza muy profunda verlo tan hermoso y pensar que podría cambiar la vida del barrio si tan sólo los políticos se decidieran a inaugurarlo”, asegura el vecino Eduardo Rivadeneira.
Desde afuera puede verse, por una ventana rota, juegos de niños amontonados en su interior. “Es cuestión de tiempo que los roben”, vaticina Eduardo antes de retirarse del lugar.
El secretario de Gobierno de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, Germán Alfaro, aseguró que la Nación demoró el envío de los fondos para el amoblamiento. “Se dispararon los precios (a causa de) la inflación y la devaluación. La Municipalidad puso el dinero que faltaba. Los muebles ya están en nuestro depósito algunos ya llegaron al CIC”, aseguró.



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