Si un color pudiera describir el panorama actual del mercado laboral bahiense, el gris sería el adecuado. Pero si las polémicas estadísticas oficiales reflejan, al menos parcialmente, esta situación, las perspectivas futuras no permiten abrigar esperanzas de mejoría, pese a que se está lejos de otros años, donde el el negro rabioso estaba a la vuelta de la esquina.
Así, en un año, para el último trimestre de 2013, la tasa de desempleo (la cantidad de bahienses que no tienen un empleo o lo buscan activamente) pasó del 6,6 por ciento de la población activa al 8,7 %. Si se suma a quienes, pese a poseer un trabajo, están detrás de otro porque tienen una carga horaria insuficiente (menos de 35 horas a la semana) la misma trepa hasta el 10,6 % frente al 9,5 % de un año atrás.
La cifra sería más abultada de no ser porque los beneficiarios de planes sociales --siempre y cuando realicen una contraprestación laboral-- son considerados como empleados. Tampoco se tiene en cuenta el “efecto desaliento”, ya que quienes no hallaron un trabajo en la semana previa a ser encuestados, dejan de buscarlo ante las menores perspectivas de encontrarlo. Este grupo pasa a ser considerado inactivo, pero no engrosa las cifras de desempleo.
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