El “derrame” de recursos que se produce de las clases pudientes a los sectores más pobres es lo primero que se corta en una crisis. El problema de la falta de monedas. Por Fernando García Soto - Redacción LA GACETA.
Los más perjudicados son aquellos que integran los grupos de menores recursos. El flujo de fondos que derraman las clases pudientes hacia los sectores más pobres o indigentes de la sociedad es lo primero que se corta en tiempos de crisis. Y no son pocos los pobres en Tucumán. Las estadísticas que elabora el Poder Ejecutivo señalan que el 17,8 % de la población de nuestra provincia se encuentra por debajo de la línea de pobreza, pero otros organismos -independientes- aseguran que ese porcentaje se ubicaría cerca del 32%. Para colmo, los más damnificados entre la población de menores ingresos son los jóvenes. En Tucumán, dos de cada tres desocupados tienen menos de 30 años.
Por el lado empresario, el panorama no es más alentador. Salvo que se trate de grupos favorecidos por el Estado, los hombres de negocios de distintos sectores observan con gran preocupación el presente y vislumbran un futuro más oscuro aún. La política oficial no comulga con el campo y hay un alto grado de desinversión en este ámbito, que lo sufrirán los argentinos en los próximos años, cuando, por ejemplo, el país deba importar carne vacuna para el consumo interno. En el comercio, actividad en la que cada décima de suba de costos se suele trasladar a los precios, esta vez están de cama. A causa del enfriamiento de la economía, los “vivos de siempre” se ven en figurillas para aumentar los precios en la época de mayor consumo del año, y tiemblan cuando piensan en el bajón que sobrevendrá en los meses futuros. En un contexto de este tipo, se favorecen los consumidores que tienen ingresos fijos o que no están afectados por la crisis, porque tienen la opción de comprar todo tipo de artículos hasta un 30% más barato que en meses anteriores.
Tal vez lo más grave de esta retracción es que se desarrolla en un marco de divorcio entre el Estado y buena parte del sector privado argentino. Sin diálogo y sin que se atiendan los problemas más serios de la economía argentina, la salida del túnel se muestra cada vez más difícil y lejana.
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