El Dr. Carlos J. Giordano fue uno de los tres conscriptos que estuvo presente en el desembarco argentino de las Islas el 2 de abril de 1982. Actualmente, es Docente e investigador de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP. Hace unos años, escribió esta imperdible reflexión sobre la guerra.
Por Dr. Carlos J. Giordano
Ex soldado combatiente en Malvinas. Docente e investigador de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.
Giecos y borges, gamerros y heredias, stukas y fogwilles,
todos le han escrito a una historia que no existió.
Las malvinas son la pesadilla que tuvo una hiena loca de dolor
al dormir del día en que no encontró agua para sus cachorros…
las malvinas fueron el aleteo de la mariposa que giró, aún muerta,
mientras la lluvia no paraba de caer en un abril inesperadamente luminoso…
fueron el viento que no llegó a mover el molino del campo de tío Tomás…
las malvinas son sólo el espectro que aparece cuando
cuatro desarrapados de la historia deciden volver a hablar de la patria…
todos los que escribieron, los que cantaron, los que pintaron
y aún los que pensaron sobre las Malvinas…
los groussac y los palacios… todos…
se congeniaron para crear el escenario donde miles de
actores inútiles, imberbes, incapaces, nos dimos cita
para tratar de morir en las nuevas láminas de los próximos manuales escolares…
las malvinas, las que queremos, las que deseamos,
por fin, quizás, sucedan en el futuro…
Aclaración I
Hace unos años, en ocasión de un debate en el Ministerio de Defensa de la Nación
organizado por la entonces Ministra Nilda Garré y su Jefe de Comunicaciones Jorge Luis Bernetti, tuve la oportunidad de reflexionar sobre la situación histórica y actualizada de la relación de los ex soldados combatientes de la Guerra de Malvinas con la sociedad en general y las Fuerzas Armadas en particular.
Hoy, ante la convocatoria de la Universidad Nacional de La Plata para reflexionar sobre la significación en torno al 2 de abril y la Guerra de hace 29 años, retomo aquel tono,
apelatorio, pues también en la Universidad Nacional de La Plata siguen existiendo condiciones insuficientes para la memoria, la justicia y el reconocimiento de lo que sucedió en nuestro país, en aquella Nación, en aquellos 74 días de 1982 y en toda la
posguerra.
Aclaración II
Parafraseo la magnífica escritura del ex combatiente de Vietnam Tim O`Brien, en su libro Las cosas que llevaban: los que vuelven de la guerra no son señoritos de buenos
modales, los que vuelven de la guerra huelen mal, putean y pueden cometer delitos
personales tan tremendos como cualquier otro ciudadano. Los ex soldados conscriptos de Malvinas no hemos sido la excepción, ni hemos tenido la oportunidad para corregir al novelista. Como comprenderán no vengo aquí como paradigma de esto. Mi experiencia fue contenida por mi familia, por los amigos, por los compañeros y aún por los adversarios. Vengo aquí para aportar una reflexión que intente traer las voces de los que no han podido llegar o de los que no pueden reconocer su propio derecho a hablar.
Entrada
A pesar de que siento que la UNLP es mi casa en lo académico, en lo cultural, lo político y mucho de lo cotidiano, también es cierto que esta situación personal no lo ha sido en función de ser ex soldado “colimba” en la guerra de Malvinas y, por supuesto, no la puedo extender al conjunto de los compañeros, salvo a los contados que como yo han logrado insertarse desde cada historia personal y familiar en los estudios superiores universitarios.
Por todo esto, en primer lugar, hoy, aquí, no puedo entrar solo.
Que empiecen a entrar conmigo todos los compañeros.
Que no tengan miedo, que hoy empezamos a poder.
A 29 años, recién hoy empezamos a poder.
Ojalá que llegue el Pocho Luis Garcilazo desde Resistencia.
Que aparezca Orlando Pascua desde Corrientes.
Que vuelva a caminar el gringo Nusbaum desde los campos cercanos a San Salvador, ahí a la vera del hoy mediático Río Uruguay, que lo pase a buscar a Ramón de León y vengan.
Que renazca Mario Almonacid allá en su Comodoro y se venga para acá.
Que Alejandro Luna se baje del tractor y, desde Coronel Moldes, se acerque.
Que Pedro Ledesma haya podido sobrevivir a La Matanza profunda y pueda volver.
Que Ernesto Congregado pueda salir de donde sea y venirse. Que Hornos, que Zelarrayán, que Poroto Pereyra, que el Turquito Massad…
Que alguien le saque el revólver a Jorge Mártire, le borre las neblinas de la mirada, nos volvamos a encontrar en la puerta del aula de la Facultad de Arquitectura y pueda rendiraquella última maldita materia.
Que vengan los compañeros del CECIM-La Plata, del CESCEM de Chaco, del CECIMER de Entre Ríos, de todas y cada una de las organizaciones de ex combatientes, nacidas desde las propias historias y necesidades de los ex soldados conscriptos.
Y que todos, los que pueden y los que ya no, se sientan con derecho a entrar.
Que todos los “colimbas” de la guerra de Malvinas podamos sentir este derecho.
Este derecho que debiera haber sido inmediato pero que, como todas nuestras cosas, es fruto de un largo camino poblado de amenazas verdaderas, de agresiones certeras, de olvidos tangibles, de silencios estruendosos, pero también de una memoria inclaudicable, de una identidad férrea y la convicción distintiva…
• de que nosotros sentimos un orgullo profundo y sincero de haber combatido por laPatria,
• la convicción distintiva de que sabemos y reafirmamos que nuestros uniformes militares no estuvieron manchados de sangre compatriota salida de las mesas de torturas o de la ignominia de los secuestros de niños… de que la sangre que nosmanchó es la de los únicos héroes de la guerra, la de los caídos, o la de algún soldado que representaba al enemigo histórico de nuestra Nación,
• la convicción distintiva de que nuestra humilde presencia también fue símbolo de la lucha popular que permitió y permite recuperar las instituciones de la Democracia, como lo son las Universidades en general y la de La Plata en particular. Y que, aún hoy, tenemos que andar explicando cómo sobrevivimos a pesar de tanta pretensión de olvido, de tanto silenciamiento, de tanta puerta trasera por donde nos hicieron entrar.
Que entren nuestros hijos, los que hoy, muchos, tienen la edad nuestra de hace 29 años.
Esos pelilargos, flacos, libres, alegres, que toman nuestras historias con todo el cuerpo, hacen lo que pueden por nosotros y viven su vida, muchas veces, a pesar de tanto legado, de tanta mochila que sin querer les estamos pasando como única herencia.
Que entren nuestras familias, nuestras madres y nuestros padres, muchos de los cuales se murieron sin entender porqué a sus hijos, que los llevaron a la guerra, no los dejaron volver. Y no hablo sólo de los caídos en la guerra o en la posguerra. Hablo también de todos los que aún hoy creen necesario ocultar su condición de ex soldado para ser ciudadano, trabajador, esposo o amigo. Hablo también de todos los que han tenido que trabajar de ex soldados para limosnear y así no salir nunca de las trampas de la miseria, el rencor y las manipulaciones punteriles de cualquier carrera política tanto en las arenas electorales como en los ascensos militares.
Porque, a 29 años, más que decir algo es imprescindible volver a sentir el derecho pleno a pensar que la historia que nos tocó vivir, no fue en vano. Que el dolor no fue ni es en vano. Que el recuerdo no debe ser sólo pesadilla. Que la memoria no debe ser convocada sólo una vez o dos al año. Que nuestros compañeros no murieron en vano o por la sola explicación de la acción “irracional” de borrachines con poder discrecional.
No voy a relatar estos 29 años, aunque debiera. Pero confío, confiamos, en que éste es el inicio institucional de un proceso (y sí… proceso… algunas vez deberemos aceptar, como sociedad, que las palabras no deben concluir el pasado y condicionar todo futuro, sino que podemos rescatarlas para la vida presente y anunciar EL futuro que deseamos).
Decía que confío en que éste es el inicio institucional de un proceso en que las voces se aceptarán con sus infinitos matices, que las diferentes historias podrán circular, ahora sí, libremente pero también con la responsabilidad institucional que debe asumir el Estado de asegurar la igualdad de condiciones para su expresión.
Confianza
No obstante esta confianza, quiero mencionar algunos puntos que nos pueden ayudar a analizar esta historia y hacer aparecer en superficie otras miradas.
Algo con respecto al Estado.
Toda Sociedad que pasó por una guerra tiene que desandar sus propias prioridades para poder pensar libremente, para superar sus heridas profundas y sanar colectivamente.
Quizás sea éste el momento de comenzar a discutir los diferentes roles asumidos en laguerra, las pequeñas y grandes miserias, los aportes de cada institución, qué hicieron los políticos, qué los gremios, qué los medios, qué las familias… pero sin lugar a dudas, esto es un proceso de mucha intervención subjetiva, de tiempos diferentes y de espacios de maduración desiguales. Basta decir que el tema Malvinas no debe estar apartado de una intervención solidaria y colectiva sobre la historia reciente de los procesos sociales.
Otra cosa son los gobiernos y/o los poderes políticos (sea que coincidan o no en su aplicación y definición), culturales, educativos o sociales. Todo Estado tiene una responsabilidad con sus decisiones. Aún con aquellas que haya tomado otra administración. Y frente a esta verdad histórica, ¿qué han hecho los diferentes gobiernos al respecto de las consecuencias de la guerra de Malvinas?
En primer lugar, han tratado de ocultar las voces de sus protagonistas silenciosos (los soldados conscriptos, las familias, aquellos críticos con el propio accionar y el de sus autoridades institucionales). Ocultar las voces de los protagonistas, al principio amparados en las consignas tardías e inútiles de los intereses supremos de la defensa nacional. A esta época podemos llamarla de la pretensión de Silencio o directamente de Censura y Amenazas.
Se ocultó las voces de los protagonistas, luego, justificándose en el “peligro” de que las instituciones se ofendieran y retomaran acciones que ya habían sido vaciadas por cualquier apoyo que en el pasado hubieran tenido, es decir Intereses económicos o algún Gobierno extranjero hegemonizante a nivel mundial, por mencionar sólo a un par de ejemplos, o en otras palabras, por la suprema necesidad de la “Pacificación Nacional”.
A este otro tiempo podemos llamarlo de Desmalvinización, es decir desalentar todas aquellas ideas y acciones que hicieran recordar una causa que podía superar los intereses sectoriales y aportar un Destino de unidad política, de soberanía territorial y del comienzo de una regionalidad que trascendiera las fronteras artificiales y culturales con que se fragmentaron los sueños de nuestros próceres fundacionales.
Más tarde, se siguió ocultando aquellas voces, amparados por la inutilidad de una gestión que hizo todo por perder la oportunidad de ejercer la soberanía política de una Nación, vociferando sólo discursivamente que la “Democracia” era suficiente para todo… se siguió ocultando aquellas voces porque eran ellas las que podían demostrar con su propia historia, con su misma acción, que el principio de defensa de la soberanía política, la independencia económica y la construcción de un futuro autónomo no iba bien de la mano de la enajenación de todos los recursos naturales y culturales de nuestro Pueblo. Y ahí fueron YPF, Aerolíneas, el presupuesto de Defensa (y así se desmantelaron los proyectos de investigación y producción de material propio, y se usaron las excusas más oportunistas para derogar el Servicio Militar Obligatorio). El Menemato fue la época de la Entrega y la Vergüenza.
Y todavía en acciones del presente se nos pone como condición el que unifiquemos todas nuestras historias para otorgarnos la oportunidad de escucharnos en algunos despachos.
Como si en todos estos años nos hubieran dejado solos y no nos hubieran tratado de intervenir de cualquier forma…intervenirnos desde los “servicios” que nos acompañaban en las primeras reuniones, pasando por todos los intentos de “mostrarnos” como adeptos a cualquier política, hasta las múltiples acciones de disgregación, agregación y usurpación de nuestros derechos con que han poblado las leyes que supimos conseguir.
Oportunidad
Quizás sea el momento de tomar una decisión clara. Quizás tengamos la oportunidad de que cada protagonista de la guerra de Malvinas tenga sus respectivos derechos. De una vez, para siempre y nunca más con acciones distractivas, corruptas y confusas. Que los ex soldados tengamos nuestra normativa, aquella por la que protagonizamos 29 años de luchas, reclamos y triunfos. Que los demás agrupamientos, los que estuvieron en el TOAS, los que casi fueron convocados, los que estaban en las Fuerzas Armadas, los que siguen estando en las Fuerzas Armadas, los que fueron civiles, los que cobran pensiones sin haber pasado cerca siquiera de algún cuartel, los que tuvieron un amigo en aquel PAMI de Matilde Menéndez, Alderete y Barrionuevo o uno que diciendo “PAMI…amigo” se llevó su parte, que todos estos tengan también los aportes del Estado nacional. Pero que nosotros, los ex soldados conscriptos, los ex colimbas para hablar más clarito, tengamos lo poquito o mucho que crean que nos corresponde, como un reconocimiento honorífico por haber defendido a la Patria en las condiciones en que lo hicimos y contra las condiciones con que intentaron callarnos, separarnos, intervenirnos.
Nosotros prometemos tener en cuenta todas las consideraciones que nos han hecho a lo largo de estos 29 años: que no seamos zurdos, que no seamos fachos, que no nos droguemos, que sí nos droguemos, que olvidemos, que recordemos, que nos hagamos cargo de que perdimos porque éramos chicos, que vayamos a tal acto, que no seamos violentos ni con nosotros ni con cualquier otro, que movilicemos, que no movilicemos, que no molestemos al barrio en donde viven los responsables de la traición y la derrota, que los escrachemos, que no los escrachemos, que a nuestros hijos no les transmitamos rencor ni odio, que no sintamos que cualquier injusticia contra cualquiera es como si se estuviera repitiendo aquella injusticia que nos parió a la Historia…
Vamos a tener en cuenta todas las consideraciones, pero también queremos que tengan en cuenta las nuestras.
Queremos hablar de las condiciones históricas y de las necesidades culturales y sociales con que nuestro país debiera desarrollar su presente en materia de Relaciones Internacionales, en Educación, en la Explotación de los Recursos Naturales, en Seguridad Interior y Exterior. Queremos contarles la verdad de nuestras historias… que no necesitamos decir que fuimos Rambo para que no nos sigan hablando del hambre o el frío, nos palmeen la espalda y la vida siga igual. Que no podemos decir cuántos de nuestros compañeros se suicidaron porque nunca supimos cuántos fuimos, porque nunca hubo una acción leal que intentara nominalizarnos, pero también porque tampoco es justo que tengamos que tener “otro” suicidado cada vez que tenemos que exigir por algún derecho conculcado…. Como si no fuera suficiente uno solo.
Queremos que algunas de nuestras experiencias puedan servirles de primera mano a los historiadores, a los estudiantes, a los niños y a los gobernantes, para que nadie tenga la oportunidad de intentar el desatino de seguir escribiendo la historia de los que tienen los recursos para hegemonizar la difusión de su versión (como está dicho hasta el cansancio, pero como se sigue repitiendo en innumerables publicaciones, circulaciones, discursos y acciones).
Queremos que se nos reconozca como participantes de la primera hora en los proyectos nacionales, populares, democráticos, soberanos.
Responsabilidad
Es posible que nos pidan la responsabilidad de ponerle nombre y apellido a las denuncias genéricas de tortura, abuso, traición, cobardía, con que hemos poblado nuestros discursos hasta hoy. Creo que tenemos que asumirla y estoy seguro que puedo responder por todos los compañeros. Y no es una confianza idiota o fundacional. Es la confianza que me dan las acciones colectivas que hemos protagonizado en estos 29 años.
Nosotros recuperamos del “secreto militar” al Informe Rattembach y acompañamos a Mirta Mántaras en su publicación… nosotros, los ex soldados conscriptos, agrupados en nuestras organizaciones de base, denunciamos con nombres y apellidos la inflación en el número de ex soldados que fuimos a Malvinas y que aún hoy siguen cobrando ilegítimamente las pensiones nacionales… nosotros fuimos los que denunciamos a los que han hecho negocios con el recuerdo y la memoria de Malvinas, aún a propios ex soldados… y para aquellos que nos siguen pidiendo que nos “amiguemos” con todos, es necesario decirles que no hemos sido nosotros los que hemos roto los puentes y los caminos. Testigos de esto son, y podrían haberlo sido, el General Leal, el Coronel Horacio Ballester, el Coronel Jaime Cesio, el Capitán José Luis D`Andrea Mohr, el guardiamarina Urién, o los cientos de miembros de las Fuerzas Armadas con que dialogamos franca y lealmente en todos los foros en donde nos permitieron debatir ideas e historias verdaderas.
No hemos sido nosotros los que pasamos a secreto el Informe Rattembach, no fuimos nosotros los que le robamos las fotos del Belgrano hundiéndose al teniente Sgut y se las vendimos a la Revista Gente o a Newsweek… no fuimos nosotros los que publicamos el Libro Azul, también conocido como Informe Calvi, no hemos sido nosotros los que nos hemos autocondecorado en cualquier cuartel, en cualquier fecha, no hemos sido nosotros los que demandamos el rótulo de “héroes de Malvinas” mientras extorsionábamos a los gobiernos democráticos por Obediencias Debidas y Puntos Finales, leyes que nada tenían que ver con Malvinas… no hemos sido nosotros los que negamos lo que los propios ingleses confesaron, los fusilamientos de guerra, los actos de cobardía… no hemos sido nosotros los que, indultados, seguimos cobrando cuanto beneficio esté al alcance de la rapiña personal o los privilegios del poder en las sombras del arresto domiciliario. Las FFAA como institución y algunos de sus Comandantes en Jefe, decidieron no aceptar ningún proceso de autocrítica pública respecto de Malvinas. Y se ampararon en que no podían discutir esto con nosotros porque respetaban “el dolor y la juventud” de aquella época.
¿Porqué hubo y hay autocríticas públicas sobre los hechos del Terrorismo de Estado y no sobre Malvinas? Creemos, humildemente, porque fue en Malvinas en donde la razón de ser de unas Fuerzas Armadas de la Nación se puso en crisis, porque fue en Malvinas
donde el conjunto social sintió la saturación de su propia razón. Por supuesto que muchos cuadros superiores y subalternos de todas las Fuerzas e Instituciones nos piden que no los generalicemos en nuestros análisis. Cada uno de nosotros sabe qué y cómo hizo las cosas en la guerra y estamos dispuestos a nombrar los comportamientos heroicos y ajustados a los cargos y las funciones, así como lo estamos para denunciar a los que no.
Sólo pedimos un proceso público de verdadero análisis institucional y una profunda autocrítica en donde al menos se diga que en Malvinas perdimos… y porqué perdimos.
Y que esto lo hagan las propias Instituciones.
Pero también les pedimos a las demás organizaciones sociales, populares, políticas, que dejen de ocultar la memoria de Malvinas. Que los ex soldados no somos lo mismo que Galtieri, que rememorar el 2 de abril no es justificar la Dictadura, que hablar de causa nacional anticolonialista no es ser nazis, que reivindicar a todos los que dieron su sangre por la Patria no nos hace cómplices de una decisión irracional. Esperamos y deseamos que los Derechos Humanos también sean para los caídos en Malvinas y sus familias, que las Comisiones de la Memoria no se olviden de aquellos 74 días y de toda la posguerra, que las condecoraciones, los homenajes y los estímulos incluyan en serio los derechos, los honores, y no sean nuevamente un premio por algún alineamiento del presente.
Final
Creemos que en este presente en el que se habla de malvinizar algunas causas, también se debería malvinizar el debate por Malvinas. Que no es hablar de 11.718 km cuadrados de roca y turba, sino preguntarnos por el petróleo que nos falta, por la proyección antártica que nos disputan, por los recursos marítimos de los que estamos excluidos.
Malvinizar Malvinas no es lloriquear pomposamente el pasado. Es hablar de integridad territorial, de soberanía social y política, de destino nacional autónomo, de alianzas estratégicas… es decir es hablar sobre las cosas que nos faltan o de las que estamos en proceso de recuperar… es decir, hablar de Malvinas, es hablar del Futuro.
Confiamos que en el proceso actual de todas nuestras Instituciones, y de la UNLP en particular, este proceso de diálogo y debate, podremos construir las respuestas, las acciones y los instrumentos como para que cuando se cumplan 30 años no tengamos que hacernos cargo de conceder perdones, sino disfrutar de ser ciudadanos plenos, con las restricciones, con las carencias de cualquier argentino en este presente, pero recuperando el derecho al futuro: es decir la construcción de la felicidad del Pueblo por el que nuestros compañeros cayeron, muchos de ellos sin siquiera saberlo.
Carlos Giordano
Ex soldado combatiente en Malvinas. Docente e investigador de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP

Comentá la nota