Son los soportes para libros digitales o e-books. Los comerciantes aseguran que los compran aquellas personas que tienen muchos en papel. La oferta es limitada y cuesta conseguirlos.
Los libros electrónicos, que nacieron con el fin de remplazar a los de papel, por ahora sólo tientan a quienes ya tienen muchos volúmenes tangibles o a los estudiantes universitarios. Esos románticos que gustan de sentir una hoja en el tacto se inclinan también por las letras en tinta digital. Al menos así lo afirmó un representante de Frávega, una de los únicos comercios que los tienen a la venta. “Los buscan los lectores por el brillo especial que tienen para la vista”, contó Pablo Sánchez, uno de los vendedores.
Sánchez indicó que los consumidores de este tipo de elementos suelen ser adultos que tal vez ya tienen o usan otros aparatos como tabletas, pero que van específicamente a buscar los e-readers. “Hay clientes que son amantes de la lectura y que si bien tienen muchos libros, los eligen sobre todo por el orden y por las facilidades de búsqueda que ofrecen”, agregó.
Otro de los puntos por los que algunos mendocinos optan por leer un libro electrónico en vez de uno tradicional es por una cuestión ecológica. “Muchos los prefieren para colaborar en consumir menos papel. Es lo ideal para ese lector aficionado que lee mucho o para alguien que ocupa muchos ejemplares, como los universitarios”, señaló.
Hernán Carubin es un usuario de libro electrónico. El analista en sistemas dijo que lo compró sobre todo por el trabajo de su esposa, que es traductora de inglés. “Es interesante para ella por las aplicaciones que tiene. Lo ha usado mucho, incluso para preparar y dar clases”, comentó. Dijo que también le resultó útil para que sus hijos tuvieran un acercamiento más amigable a la lectura por medio de la tecnología.
Entre las ventajas que ofrecen estos libros electrónicos está la posibilidad de tener en un solo elemento varias obras, en las que uno puede subrayar, marcar y buscar sin tener que recurrir a revisar página por página. “Tiene aplicaciones que están muy buenas, como la posibilidad de marcar y hacer anotaciones”, agregó y contó que el dispositivo era lo que esperaba porque ya había averiguado lo que era.
Una oferta limitada
Recorrer tiendas electrónicas para adquirir un e-reader puede ser una empresa infructuosa en Mendoza. “¿Qué es eso?”, contestó un vendedor frente a la pregunta sobre libros electrónicos y esa simple y espontánea respuesta da cuenta de cómo se mueve el mercado en la provincia. En las vitrinas de las distintas casas de electrodomésticos están mezclados entre las tabletas o, simplemente, no están.
“Nosotros no los vendemos porque no hay demanda”, confesó un comerciante de Game Over, una casa de computación especializada.
En su caso, dijo que sólo algunos curiosos se acercaron a preguntar pero sin intenciones de comprar.
En la recorrida en pos del libro electrónico, el dueño de un negocio de calle San Juan –que prefirió no dar su nombre– dijo que las limitaciones en las importaciones trajeron como consecuencia una menor demanda, porque los productos solicitados no entran en el país. “El modelo de Kindle de Amazon es el más requerido, pero no ingresa”, explicó y sostuvo que en general el mendocino también prefiere ir a comprar a Chile porque cuando conoce los precios reales “se asusta”.
Un caso testigo de esta situación es el de Hernán Carubin, que adquirió su dispositivo en Estados Unidos. “Elegí un modelo que en el país no se consigue porque no quería que fuera sólo un e-reader, sino que también tuviese otras aplicaciones, el que yo tengo navega en internet por ejemplo”, contó. Dijo que en el país no buscó y que el precio también le convenía, porque le costó $700 frente a los más de $1.000 que cuesta uno en el mercado como mínimo con menos prestaciones.

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