El Vasco no tiene un equipo ni dos, sino un plantel largo en el que cualquiera está listo para saltar a la cancha y mantener la línea. Hoy ante Chicago vuelve a rotar para seguir en racha y bien arriba.
El manual nunca escrito para los entrenadores indica que un equipo que se precie de tal debe tener 11 jugadores que salgan de memoria. ¿Ejemplos? Abundan en cualquier asado de los tantos que hay hoy en las casas argentinas. Si es bostera, alguno recordará el de Bianchi del 98 o al de Basile del 05-06. Si se copan mirando fútbol europeo, no faltará el que recite el Barcelona de Guardiola que ganó todo en el 2009. O los nostálgicos que empiecen con Jon Jongbloed y terminen con Rensenbrink mencionando a la Holanda del 74. Rodolfo Arruabarrena, acaso, está en la misión de derrumbar y superar lo anterior: formó un equipo de 30 jugadores. En unos años, si todo continúa como marca la tendencia, a los que se excedan con el vino al mediodía les costará recordar las piezas utilizadas para el equipo que está invicto en partidos oficiales del año.
El primer triunfo del Vasco en el 2015, cuentan, no fue en Mar del Plata en aquel desempate contra Vélez que terminó 1-0 con gol de Colazo. Arrancó el 3 de enero en Tandil, en la primera charla grupal, cuando frente a gran parte del grupo (faltaban los refuerzos) comenzó a convencerlos de que los únicos objetivos importantes son los colectivos -los individuales llegan como consecuencia de los otros- y a sostener su idea futbolística, que había comenzado a inculcar en el semestre anterior. Hace unos días, en Montevideo, Alvaro Recoba contó que uno de los principales méritos del entrenador al que conoció durante su paso por Nacional era la llegada al jugador. “El grupo es fundamental, estamos muy bien, tiramos todos para el mismo lado y estamos muy contentos. El hecho de que todos tengamos la posibilidad de jugar hace que las ganas no le falten a nadie porque sabemos que en cualquier momento toca la posibilidad de jugar”, analizó en su momento Cristian Erbes. Tan cierto como que la rotación se puede sostener porque el rendimiento no decae. Y si suspenden a Orion, está Sara para cubrirle la espalda. Debe descansar Osvaldo, Calleri la mete para ganarle a Wanderers. Una victoria llama a otra victoria. Y acá, equipo que gana se toca, pero lo que no se modifica es el resultado final.
Hoy, contra Chicago, cambiarán ocho de 11 en relación al equipo que ganó en Uruguay, pero los hinchas que vayan a la Bombonera saben con qué se van a encontrar. Boca tiene una identidad, más allá de los nombres. Todos saben su libreto, porque el esquema no se toca. Y los 11 no salen de memoria, porque son 30 que buscan entrar en la historia.

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