Mejorar las rutas salteñas es un desafío para el desarrollo

Para obtener un panorama general de la situación, un equipo de periodistas recorrió parte de la geografía salteña.
En un país que, a "contrapelo" del mundo, sacrificó el ferrocarril en pos de un modelo de transporte basado en los automotores pesados, la falta de caminos en buen estado torna cualquier intento de desarrollo económico inviable y de proyecto productivo, estéril. Atenta, además, contra la vida y la integridad de quienes transitan por ellas.

La situación que se vive en las provincias es caótica, ya que la mayoría de las principales vías de comunicación sufre un notable deterioro y, en algunos casos, se tornan prácticamente intransitables, a lo que hay que sumar que muchas están concesionadas, sin que hasta el momento se hayan notado mejoras sustanciales.

Deterioro, falta de mantenimiento y cortes provocados por anegamientos son una constante.

Con la finalidad de que el lector tenga un panorama general de la situación de las rutas en Salta, un equipo de periodistas de El Tribuno recorrió parte de su extensa geografía.

En Metán

Una de las principales problemáticas que sufre Metán son los cortes por anegamientos que se producen en diversos puntos de las rutas nacionales 34 y 16, convirtiéndolas en verdaderas trampas para los conductores. "Nos preocupa la falta de mantenimiento y el abandono en el que permanece la ruta 34. Se inunda constantemente, hay tramos en mal estado y banquinas tapadas de yuyos", expresó Federico Gorostiza, presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Producción local. Los miembros de esa entidad enviaron al Organo de Control de Concesiones Viales y a la empresa cocesionaria Vial 5, a cargo de varios tramos de la ruta 34 en Salta y Tucumán, una misiva en la que señalaron que "en nuestro carácter de representantes del comercio, el agro y la industria deseamos expresar nuestra total disconformidad con el estado en que se encuentra el tramo Rosario de la Frontera-rotonda de General Güemes, unos 135 km".

La ruta 34 conecta a Metán con Rosario de la Frontera y General Güemes, y la 16 con El Galpón. En la primera, el punto crítico se ubica en Metán Viejo, a la altura del cementerio, mientras que en la segunda en el paraje El Bordo, donde la semana pasada se produjo un alud sobre la cinta asfáltica.

Orán, una odisea

Si bien Orán es considerada una de las ciudades más importantes de la provincia por su ubicación estratégica y nivel de productividad, transitar por sus rutas es un desafío. Desde Aguas Blancas, ubicada en el límite con Bolivia, hacia el sur, el primer gran obstáculo está en la zona conocida como Pelícano, donde Vialidad Nacional trabaja en la reparación de una alcantarilla desde hace dos años, por lo que los vehículos deben transitar 2 km por un camino rural en muy mal estado. El cartel de obra indica que debería estar concluida en los próximos días, pero, a "ojo de buen cubero", la tarea parece poco probable. Otro tramo peligroso es el que une la ciudad de San Ramón con Hipólito Yrigoyen donde las banquinas están ausentes.

El intenso tránsito y la falta de señalización agravan aún más la situación. Lo mismo sucede en el tramo de la ruta 50, entre Yrigoyen y Pichanal. En este sector se construye la autopista Orán-Pichanal, pero la obra está paralizada debido a conflictos sociales.

Otro punto neurálgico es la intersección de las rutas 34 y 50 conocida como El Cruce, donde no hay semáforos, carteles indicadores, ni controles que garanticen el orden.

Cuando los recursos se van

A pesar de los esfuerzos de los gobiernos provinciales por mantener sus redes viales transitables, su estado general dista mucho de ser el óptimo. En gran parte, debido a los 28.000.000 de pesos anuales que la Nación retiene a las provincias por impuesto al cheque, ganancias, ATN, entre otros conceptos, de acuerdo a los datos aportados por el senador nacional Agustín Pérez Alsina (PRS).

Sin dudas, este enorme caudal de dinero que la gente del interior ve evaporarse de las arcas provinciales bien podría servir, por ejemplo, para poner en condiciones sus rutas, lo que beneficiaría, de inmediato, el desarrollo productivo y económico del interior. Un país sin caminos no es más que un conjunto de islas. Una política seria de desarrollo vial y la puesta en marcha del ferrocarril podrían ser la base para la reactivación de las regiones más postergadas.

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