Los habitantes ribereños del Salado de distintos puntos de la provincia viven actualmente dos realidades diferentes. Mientras que la gente del norte comienza a sentir el alivio de la constante bajante del río, en la zona cercana a Colonia Dora crece el temor por la masa hídrica que inexorablemente se acerca.
La evacuación que tiene el camino, nueve alcantarillas y un pequeño puente, no son suficientes para la magnitud de la crecida que trae el río.
De todas maneras, al haber elevado y reforzado a los bordos en los últimos meses hay un margen para que el agua no los sobrepase ni los dañe, con lo que la ciudad quedaría a salvo del fenómeno que no se registraba en esta magnitud desde hace tres décadas.
Según indicaron calificadas fuentes, hay sectores en los que la defensa tiene un margen de unos 80 centímetros para contener al creciente bañado.
Mientras que desde el dique El Tunal (Salta) se erogan 55 metros cúbicos por segundo, desde el dique Figueroa parten 80 metros y a la altura de Suncho Corral se registraban 125 metros, por lo que el pico de la creciente se desplazaba ahora hacia el sudeste, en dirección a Colonia Dora.
Por contrapartida, habitantes de distintos parajes del departamento Copo pudieron regresar a sus humildes hogares para ver su estado y el de su ganado, aunque todavía no están en condiciones de regresar de manera permanente. Esto hace que haya un incesante movimiento de evacuados desde y hacia los centros en los que están alojados, principalmente en La Candelaria y en Santos Lugares.
En términos reales, no disminuyó el número de evacuados, aunque muchos de ellos tienen la esperanza que el desarraigo se extienda sólo algunos días más.
Por otro lado, en la cuenca alta y media del Salado no se produjeron lluvias de importancia durante el fin de semana largo, motivo por el que hay optimismo en que no se producirán nuevas crecientes significativas en los próximos días.
Baqueano informante
Un poblador de la zona de bañados, el baqueano conocido como “Paco” Campos, se convirtió en los últimos días en la voz de los policías que estaban apostados a lo largo del bordo que protege a Colonia Dora de la furia del Salado.
El intendente dorense, Juan Sequeira, lo contrató para que fuera quien recorriera el bordo a caballo e informara dos veces al día sobre la situación o por teléfono celular en caso de alguna emergencia.
Es que era la única alternativa que hasta ayer se pudo emplear para desandar los 16 kilómetros de defensas que se levantan al noroeste de la localidad, pues la lluvia había dejado a los bordos intransitables con vehículos motorizados.
En tanto, el titular de la Secretaría del Agua, Ing. Abel Tévez, estimó que de mantenerse las buenas condiciones climáticas, hoy ya podría volver a trabajar el personal de Recursos Hídricos con maquinaria pesada en las defensas.
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