Para que quede claro: todos los países más o menos serios (Estados Unidos a la cabeza) luchan contra los monopolios dentro de “casa” (afuera es otra cosa).
Una torta muy pequeña
Cuando se tiene un medio existen sólo dos caminos para sobrevivir: te bancan los privados o dependes del estado. Por cuestiones históricas, el público está acostumbrado a la gratuidad. Por ejemplo, pagamos por el servicio de cable pero seguimos pensando que, salvo algunas excepciones, los canales emiten gratis. Algo parecido ocurre con Internet y el precio de tapa de los diarios que apenas cubre apenas el 10% de los costos. Esta “costumbre” nació con la publicidad comercial, cuando las empresas empezaron a comprar espacios en diarios y revistas, y tandas en los canales; todo antes de la aparición del control remoto. Semejante conducta produjo un efecto colateral que los medios solemos esconder: dado que ponen plata (y mucha), son poquísimas las empresas privadas denunciadas en los medios de comunicación masiva. Claro que la moneda tiene otra cara: los medios, que nacieron ligados y “bancados” por los partidos políticos, comenzaron a independizarse y ser críticos del estado. Así nació el concepto “cuarto poder”.
Quienes trabajamos en el mercado publicitario sabemos que la torta comercial argentina, con apenas cuarenta millones de habitantes y casi todos concentrados en grandes centros urbanos, es muy chica. De los cinco canales que se ven en Buenos Aires, sobran tres. Sólo Canal 13 y Telefe dan algo de ganancia cada tanto (son “sostenidos” por los grupos a los que pertenecen). América, Canal 9 y la Televisión Pública, resultan deficitarios, y están sostenidos por el estado o empresas a las que les interesa esa fuente de poder político. Con los diarios ocurre algo similar. Sacando Clarín y La Nación, el resto pierde o vive de lo que aporta el oficialismo. Pero hay algo importante: aunque estos medios mejoraran su programación, tampoco habría plata para solventarlos.
En cierto sentido, la Ley de Medios es perfecta. ¿Quién no querría que los Mapuches tengan su canal? Ahora bien, dado que las empresas no acompañarán (casi se los puedo asegurar), dependerán del estado, y cuando se depende del gobierno, la capacidad de crítica se reduce a cero y empieza el dominio.
Si el aparato estatal no pone plata, la Ley es inaplicable en un mercado pequeño como el nuestro, y si lo hace (dejando de lado las consideraciones éticas), tendremos un gran monopolio de pequeños chupamedias.
La Ley en la Cuarta
Marcelo Barbán fue designado coordinador regional del AFSCA en la Cuarta Sección Electoral. El hombre, quien antes de empezar a hablar deja en claro que Mario Meoni no adhirió a la Ley de Medios, tiene sin embargo paciencia a la hora de explicar los vericuetos de la famosa legislación. De hecho, asegura que esa es su función principal: “Nuestro trabajo es la concientización, en una primera etapa, informando al ciudadano común sobre lo que es La ley porque la información que llega puede ser tendenciosa, tergiversada a favor de ciertos monopolios o sectores…”.
Sabe que tiene por delante una tarea titánica. Primero, después de ver pelear al Gobierno y Clarín por tres años, nadie pensó lo siguiente: “Esto también me va a afectar a mí”. Segundo, y como él mismo dice, poner el asunto en marcha se hará cuesta arriba. Sólo el 10% de las radios que están en la Cuarta (sección a la que pertenece Junín) son legales, las demás entran dentro de la categoría trucha. ¿Les parece mucho? La situación es idéntica a lo largo y ancho del país.
En Salta, por ejemplo, ocurre algo increíble: sacando a las grandes empresas, hay mil medios dando vueltas de los cuales sólo doscientos están registrados. Pero la cosa no termina ahí: el estado sostiene a buena parte de esos emprendimientos truchos que ni siquiera les dan factura a cambio porque no tienen ningún tipo de registro. Tampoco encuadran dentro de la categoría monotributo.
Cuando le preguntamos a Barbán cómo se aplicará la Ley en Junín aseguró: “Igual que en todos lados. Un propietario puede tener una AM y dos FM, en caso de que haya más de ocho frecuencias; si hay menos de ocho, solamente una. A nivel nacional está la situación de Cablevisión o de los canales de circuito cerrado donde se puede tener 24 licencias y una sola de canal satelital. En el orden local se puede tener un canal de circuito cerrado o un canal de televisión abierta. Los propietarios deben optar por una u otra.
Cada estación debe tener un 30% de programación local…”. Y acá aparece uno de los puntos críticos que señalábamos más arriba: ¿Quién pagará semejante porcentaje? Porque hoy los medios electrónicos viven de repetir lo que se produce en Capital Federal.
Con respecto al Grupo Clarín, el funcionario señaló que hoy por hoy tienen la friolera de 237 licencias; es decir le sobran 213 (cabe destacar que fue entrevistado antes de que la justicia extendiera la cautelar del Grupo). Al mismo tiempo aseguró que la Ley no toca a los medios gráficos, y que tiene algunas “maravillas” como la posibilidad de que entren en juego universidades, cooperativas, mutuales. También aseguró que en la Cuarta Sección no hay incumplimientos graves, algo que en rigor de verdad no aplica del todo para Junín.
¿Qué ocurrirá con las fuentes de trabajo? Se firmó un acuerdo con el Ministro Tomada para que sean respetadas.
La realidad juninense
Dejando de lado el tema de las radios truchas que, según Barbán, deben evitar esconderse y acercarse al AFSCA (dudo que lo hagan), en Junín ya se están viendo movimientos. Por ejemplo, en Canal 10 hay una enorme expectativa por parte de los trabajadores, y si bien todavía se esquivan las definiciones oficiales, los rumores que llegan de Buenos Aires van desde la salida a venta, hasta un acuerdo entre los integrantes del Grupo América: Vila, Manzano y De Narváez se dividirían las licencias; es decir, formarían sociedades separadas para cumplir con la Ley (se supone que De Narváez podría quedarse con el 10 por cuestiones políticas). Igual, extendida la cautelar, todos respiraron un poco y siguen en lo que estaban: haciendo la plancha hasta que el panorama despeje (mientras continúan con la mudanza).
La situación de canal 6 no está tan comprometida hasta que se aclaren las aguas, pero ya hay movimientos: la prestigiosa conductora Claudia Birello estaría poniendo pies en polvorosa.
Eduardo “Condorito” Dimarco demostró ser un entusiasta de la nueva Ley de Medios audiovisuales, a la que ve como la fuente de todas las bondades. En cuanto a su Grupo destacó: “Nuestra radio de bandera es FM La Rocka. Además, tengo dos licencias, una de ellas es la AM que no pudo ser puesta al aire porque no sería rentable (asegura tener una prórroga de un año). Mi señora tiene una radio más, una persona de mi familia tiene otra, y encima vendemos publicidad. Somos una familia dedicada a los medios”. Claro que siempre hay un pero. Cuando le preguntamos sobre lo establecido en relación a la prohibición de repetir estaciones capitalinas en las FM con pauta local (su fuerte), aseguró estar totalmente de acuerdo aunque dijo que hoy en día es muy fácil tener una computadora y bajar música ilegal de Internet: “¿Cómo luchábamos si no poníamos a González Oro a la mañana?”.
Fabián Papa, de Grupo Noroeste Medios parece no opinar lo mismo que su mediático colega: “No tengo ningún problema porque la programación es mía, no tengo nada que venga de afuera como si tienen otros (en obvia alusión a Dimarco) ¡Vos sabés lo que es pelear contra el Negro Oro!”. Igual, también se mostró a favor de la nueva Ley, y aseguró que en su Grupo son cuatro personas, y que cada una tiene su licencia; es decir, no debería adecuarse ni tener problemas.
Diego Celis, periodista de FM AMCIPA, no sólo se mostró a favor de la ley sino que aseguró que pudieron salir al aire gracias a ella.
Todos coinciden en algo: el aire de Junín estará más ordenado. O debería estarlo.
En lo personal, como dije al principio, no me preocupa la Ley sino todo lo que podría venir después, muy especialmente la intervención del estado, el peso de la plata oficial y su efecto en los medios que van a depender de esos ingresos en un mercado donde lo comercial no alcanza. Cuando la limosna es grande…
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