Respondiendo a una denuncia, el Ministerio de Medio Ambiente llegó a una vivienda de Villa Mercedes donde encontró un mono carayá que, según explicó el particular, intentaba domesticar para tener como mascota.
“Si bien estos monos no están amenazados ni en peligro de extinción, el daño que se hace al ecosistema es enorme porque, en la mayoría de los casos, es muy difícil reinsertarlos en su hábitat, sobre todo cuando han sido sustraídos de tan pequeños. Además, en este caso particular de los carayá, mientras son chiquitos los monos van en las espaldas de su madres permanentemente, para quitárselos es necesario matarlas porque pelean por su cría muy violentamente. La pérdida es doble”, explicó el jefe de Programa Biodiversidad, Jorge Heider.
El pequeño carayá, una vez recuperado, fue trasladado al Centro de Conservación de Vida Silvestre en La Florida, donde los profesionales estudiaron su estado de salud. Como allí no hay monos de ninguna especie, sólo animales nativos, el mono fue trasladado al Centro de Rescate, Conservación y Orfanato de Primates en La Cumbre, Córdoba, que desde hace 14 años se dedica a la conservación de la especie, y donde vive una tropa de 70 carayás libres y en grupos. En este centro, según explican los profesionales que trabajan allí, “enseñan a los monos a volver a ser monos” con un considerable éxito, habiendo logrado nacimientos exitosos con segunda generación. Sin embargo, desde el mismo Centro, aclaran que el proceso de rehabilitación es largo y su duración depende de la personalidad y la historia de cada ejemplar.
Desde este mismo centro se trabaja en la creación del santuario del carayá en el ambiente natural, para trasladar los grupos rehabilitados.
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