Seguimos entregando fragmentos de un análisis del rompecabezas del MPN. Los últimos días de la campaña, van desnudando las reales posibilidades de uno y otro de los bandos en pugna. Se acerca impiadosa la fecha del juicio final.
De una rápida repasada por las muestras que andan dando vuelta en los cuarteles partidarios, y de algunas que no están allí, queda una primera evidencia de las características del proceso previo a los votos propiamente dichos: Sapag domina en casi todas las ciudades del norte y del sur. Eso le da una relativa ventaja en lo que se denomina “interior”. Sobisch mantendría una ventaja en la capital neuquina, también en Zapala, y achica diferencias en algunas ciudades que pueden ser clave por la cantidad de votantes potenciales.
Una de las mediciones que trascendieron es interesante por lo que implica. La información estuvo disponible en Buenos Aires, pero repercutió rápidamente en círculos bien informados de Neuquén. Tiene que ver con una encuesta realizada por la SIDE, a pedido del gobierno de Cristina Fernández, en todo el país.
Este tipo de muestras se hace regularmente, y es posible que ahora se haga cada vez con mayor frecuencia, a medida que la Presidenta incuba su decisión de presentarse a la reelección este año.
Lo cierto es que los números de la SIDE demostrarían una ventaja para Sapag en todas las localidades del interior neuquino (obviamente, es una muestra no circunscripta a afiliados del MPN, sino que alcanza a todos los ciudadanos). Sin embargo, en la capital, le daría a Sobisch una ventaja de 11 puntos sobre el actual gobernador.
La tendencia del proceso, así, va consolidando la posibilidad de una elección muy reñida, en la que ninguna de las dos listas puede aflojar un ápice el nivel de trabajo y la preparación de un efectivo operativo para concretar en votos favorables, lo que las inclinaciones ciudadanas van demostrando en cada uno de los rincones de la provincia.
Sin entrar en el plano conceptual, que es bastante pobre, con reiteración de “qué lindo nos va con Nación, con el diálogo y con la paz social” de parte del oficialismo, y de “han entregado la plata y el poder a los sindicatos, no gestionan, y dependen de las migajas de Cristina”, de parte de los desafiantes a la corona, es indudable que se acrecienta el cuerpo a cuerpo en el último tramo de la campaña.
El nivel de gasto del oficialismo se acrecienta, con una distribución abundante de fondos por arriba y por debajo de la mesa. Se organizan actos y celebraciones populares con cierta impudicia (¿Miranda ¡ en la interna del MPN?????) y se utilizará fatalmente todo el aparato estatal a sabiendas que eso representa muchos votos, o por lo menos, la posibilidad de muchos votos.
Desde sus adversarios desafiantes, se incrementa el nivel de ataque y escrache interno a los denominados “panqueques”, es decir, entusiastas sobischistas pretéritos que ahora levantan con igual o parecido entusiasmo las consignas sapagistas, generalmente con el curioso argumento de futurismo político (antojadizo) de que “no podemos permitir que el partido pierda las elecciones con Farizano”.
En uno de los últimos discursos de Sobisch, se escuchó lo que hace recordar a aquel histórico “tronar el escarmiento” farfullado por un ya viejo general Perón: “comieron de mi mano y después me mordieron”, dijo. En una sola frase, sintetizó toda una idiosincrasia que reúne poder, Estado, administración, y gobierno, en una singular cosmovisión común a la mayoría de los políticos argentinos.
A esos “burócratas” con larga carrera en la administración pública, se ataca desde el sobischismo ahora, y el tema tiene una fuerte repercusión dentro del Estado: en realidad, despierta más temor esa “advertencia” que la también notable y descarada presión que se hace desde el oficialismo a la hora de hacer respetar la disciplina y defender el carácter azul del actual MPN en el gobierno.
Los últimos días de la interna partidaria más importante del nuevo siglo en Neuquén transcurrirán así entre el entusiasmo, la pelea, y la ansiedad mezclada con el temor por lo que será el resultado.
Algunos tienen más que ganar que perder. Esos denotan el apetito más voraz. Otros, temen perder todo: los impulsa el irreverente y ancestral miedo.
La interna del MPN entra así en un nivel donde la política racional comienza a entreverarse con pasiones ancestrales de la última corteza cerebral del inconciente. De esa mezcla, arderá la pasión desaforada de quienes puedan festejar el 20, en la noche de las certezas y los alivios.

Comentá la nota