"La mediación resolvió en meses lo que la Justicia no pudo en años"

En 2007 le usurparon la casa y no podía recuperarla. En dos audiencias logró la devolución voluntaria.

Para Cristina Lavandeira la mediación judicial cobró la importancia de una pócima casi milagrosa. Y no es para menos: tenía la casa usurpada y durante cinco años no había podido recuperarla, a pesar de fatigar los pasillos de Tribunales y los despachos de las comisarías. Hasta que un día una abogada, la tercera que se hizo cargo de su caso, le recomendó probar con este sistema y fue santo remedio, porque a los pocos meses volvió a trasponer la puerta de su hogar.

“Fue un caso muy difícil, yo me tuve que ir de mi casa con dos hijos menores y sin ninguna ayuda”, Cristina Lavandeira.

"Fue en 2007 cuando comenzó todo. Yo tenía una casa de barrio en la que vivía con mis dos hijos menores y además tenía un saloncito que había construido en el terreno. Un día me lo pidieron prestado para hacer un miniemprendimiento y yo accedí. Me dijeron que era por dos meses y como yo trabajaba todo el día, me pareció correcto poder ayudar a otra familia. Pero un día volví a mi casa y no pude abrir la reja, golpeé y desde adentro, la misma gente a la que le había dado el salón, me dijo '¿Qué desea?'. ¡¡Hicieron como que no me conocían y me habían usurpado la vivienda!!!", recuerda Cristina con los ojos nublados por las lágrimas por aquellos momentos tan dolorosos.

Allí comenzó su calvario judicial. "Hice un juicio penal y lo perdí. Ahora pienso que estuve mal asesorada por mi primer abogado, que debí haber empezado por otro lado, por una demanda civil, no sé. Lo cierto es que se fueron cinco años de mi vida peleando por recuperar lo que era mío, una casa de barrio por la que nunca me atrasé ni una cuota", dice.

Lavandeira es trabajadora de la salud, está separada desde antes de que se desatara el problema y crió sola a sus dos hijos, que por entonces eran menores. "Para peor tenía a mi mamá internada, así que me la pasaba yendo del hospital donde trabajaba al que estaba ella, y cuando tenía tiempo, me ocupaba de la causa judicial. Pero todos los que me atendían me tiraban la moral abajo, me decían que era muy difícil que tuviera suerte con mi reclamo".

No alcanzaba con demostrar que los servicios estaban a su nombre, los usurpadores habían sacado una titularidad precaria de luz y gas y le quitaron esa carta del mazo. Tampoco con mostrar la escritura, un juicio de desalojo tarda años y mientras tanto ella se tuvo que ir a vivir a lo de su mamá enferma con sus chicos. "Fueron años difíciles, me costaba dormir, me sentía como violada al pensar en mi casa y todo lo que estaba adentro, que finalmente perdí", reconoce la mujer.

Gracias a la mediación

El destino comenzó a hacerle un guiño cuando su abogada le propuso la mediación. "Fui a pedirla sin mucha fe, si la Justicia no había hecho nada en cinco años, no creía que se sentaran a dialogar. Sin embargo una mujer fue a la primera audiencia y, luego de la segunda, accedió a devolverme mi casa. Yo no lo podía creer, habían pasado nada más que cuatro meses".

Cristina es una eterna agradecida al equipo profesional que trabajó el caso. "Fueron dos mediadores, ellos no toman partido por nadie, pero yo me sentí muy contenida, siempre estuvieron presentes. Si alguien necesita mi consejo, le diría que vaya a mediación, puede ser la solución a todos sus problemas", dice.

Como en las mediaciones se firma un compromiso de confidencialidad, Lavandeira no quiere hablar de los usurpadores. Prefiere dejar la pesadilla atrás y mirar hacia adelante. "Cuando volví sólo me quedaban las cuatro paredes, ni una media dejaron. Pero no importa. Recuperé mi casa, soy feliz. Y todo gracias a la mediación".

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