La mayoría de los abusadores convive con sus víctimas

En el 54% de los casos, víctima y victimario comparten el techo. En 2012 se iniciaron, en Córdoba, más de cuatro causas diarias por abuso sexual.

Una constante que eriza la piel, que se repite año tras años, pero que no deja de sorprender, espantar e indignar: la mayoría de los abusadores convive con su víctima. O viceversa.

De las 969 personas –un 87 por ciento mujeres– que denunciaron durante 2012 haber sido vejadas (ya sea con abuso sexual simple o con acceso carnal), 522 declararon en la Unidad Judicial de la Mujer y el Niño (Rondeau 258) que comparten su casa con el verdugo, lo que representa un 54 por ciento de los casos.

No obstante, conocedores de la problemática como la fiscal de Instrucción Alicia Chirino o el fiscal de Cámara Marcelo Altamirano aseguraron que, si además de convivencia se toman en cuenta otros tipos de vínculo entre víctimas y victimarios, ese porcentaje asciende al 80 por ciento.

“El hecho de que en los datos de Córdoba sólo un 54 por ciento hable de convivencia entre víctima y victimario nos muestra lo difícil que es denunciar a una persona del entorno familiar, porque la necesidad de supervivencia prevalece, y denunciar conlleva la incertidumbre de no saber qué va a pasar con uno”, asegura Patricia Visir, psicóloga, especialista en maltrato y abuso y presidenta a la Asociación Argentina de Prevención del Maltrato Infanto-Juvenil (Asapmi).

–¿Por qué es tan frecuente que exista un vínculo previo entre abusador y abusado?

–Cuando hablamos de abuso sexual infantil, los victimarios están buscando la oportunidad para asechar a la víctima, y generalmente la encuentran en ámbitos familiares o de estrecha cercanía. Se trata de relaciones de confianza que favorecen que el chico crea que lo que este adulto le está proponiendo es algo bueno, si hay confianza el niño tiende a no sospechar que eso que está sucediendo es una vejación.

Asimismo, Visir considera que es muy común que un abusador tenga más de una víctima dentro de su círculo: –Si trabajás con una mujer abusada, tenés que ver qué pasa con los niños en esa casa, y viceversa –explica.

Menores y mujeres. Según estadísticas brindadas por la Policía Judicial, en 2012 se registraron 1.601 denuncias por abusos sexuales, 27 más que en 2011, y 55 menos que en 2010. Esto representa más de cuatro denuncias diarias e incluye, además de los abusos simples y con acceso, a los delitos de exhibiciones obscenas, corrupción de menores, facilitación de la prostitución y otras. Cabe aclarar que hay 570 denuncias encuadradas en otras figuras no contempladas en las enumeradas.

La mayoría de las víctimas de los delitos previstos en la ley 25087 son menores de 16 años: de los 873 casos de abuso infantil denunciados el año pasado, 712 corresponde a niñas y 161 a niños.

–¿Son muchos menos los abusos cometidos contra varones, o es que se denuncian menos?

–Un poco de cada cosa –explica Visir–. Por un lado, sabemos que hay patrones a nivel internacional que se repiten: las nenas son más abusadas que los varones; y la mayoría de los abusadores son hombres. En esto hay una cuestión de género que no se puede pasar por alto, porque hay algo en la forma en la que el hombre vive su masculinidad que en muchos casos lo convierte en abusivo. Pero, por otro lado, también es cierto que los varones denuncian muchísimo menos, y ese porcentaje se reduce aún más si el abusador está en la misma casa. Una cuestión que suele inhibir las denuncias es una cierta homologación entre el abuso y la homosexualidad: “Si a mí, varón, me abusaron, debe ser que atraigo a los hombres, que soy homosexual”. Es importante saber que el abusador busca someter al otro para su propia satisfacción, y que esto es independiente de la hétero u homosexualidad.

–¿Se puede sanar el daño producido por un abuso?

–La gravedad del daño y las posibilidades de recuperación no son matemáticas, y dependen de múltiples factores: no es lo mismo un exhibicionismo que una penetración; mientras más cercano es el vínculo con el violador, más nocivo es el abuso para la conformación de la psiquis; también la frecuencia, la duración y la edad son variables importantes. Hay que saber que el abuso sexual infantil es siempre grave, el maltrato puede ser leve o moderado, pero el abuso es siempre grave, es demoledor a nivel psicológico. Y si seguimos trabajando en esto es porque creemos que el daño se recupera… Es muy difícil de trabajar, pero se puede mejorar bastante si existe una red de contención y si la Justicia funciona bien.

–¿Cómo afecta a un niño el someterse a proceso judicial?

–Es traumático, pero es indispensable que el chico sepa que alguien creyó en su verdad. Si la Justicia hace algo, es verdaderamente terapéutico y reparatorio.

Sobrevivientes. Para graficar el impacto que un abuso tiene en la formación del psiquismo de una persona, la especialista compara al daño de una vejación con haber participado en una guerra: –Los niños abusados tienen el mismo trauma clínico que un sobreviviente de guerra – explica Visir. Y detalla que la violación provoca en los niños un permanente estado de alerta temerosa: –Es como que viven esperando que algo les pase, tienen una sintomatología asociada a que están sobreviviendo día a día.

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Señales de alerta que dan los niños

* Cambios de conducta abruptos

* Falta de interés en el colegio

* Actitudes regresivas, como orinarse en la cama cuando habían dejado de hacerlo

* Trastornos de sueño, pesadillas

* Dificultad para relacionarse con sus pares.

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